sábado, 22 de noviembre de 2014

El árbol y el bosque

Me hizo mucha gracia este vídeo y lo pasé al Whatsup de los padres del cole. 

video



Uno de los padres preguntó: "Y este señor, ¿cómo sabe tanto de mujeres?". Me pareció una pregunta pertinente. Naturalmente, la he oído muchas veces, pero sólo ahora vi la respuesta correcta, quizá porque quedaba claro que el cura saber, sabía; y porque se hacía en el contexto perfecto: en un foro de padres. 

Es el viejo tema del árbol y del bosque. Nosotros no sabemos tanto porque nuestro árbol no nos deja ver el bosque. El celibato es un monte desde el que se ve el panorama completo, sin interferencias. Aunque para redondear la metáfora, no es un árbol lo nuestro, sino un rosal, espinoso y florido. Nuestro papel es ver lo único que es. Normal que el bosque lo vean mejor otros. 



viernes, 21 de noviembre de 2014

Sentimientos encontrados


Lo que empezó como un peque-pique entre compis del insti, ha acabado con un premio y una entrevista. Aquí está. Hasta ahí, perfecto. La cosa es que leyéndolo, me encuentro con una serie de sentimientos enfrentados, que van de la felicidad al tormento, pasando por la zozobra. ¿Sois capaces de adivinarme, viendo la página, los tres?


***

1- Felicidad. Éste era fácil. Han tenido el buen gusto de escoger, entre las que envié, esta foto, que se salva por la mirada de Quique. 




Ahora me da rabia la silla, pero sin ella no quedaría tan claro que el niño se coló en la sesión fotográfica que me estaban infligiendo. Parece que me mira con amor, aunque quizá sea piedad. 

2- Tormento. Localizar este sentimiento es más difícil, aunque el contraste salta a la vista. Y no es envidia, no, sino la sensación de culpa de que, mientras que yo me entretengo en darle vueltas a mi cucharilla del café, otros están en lo que hay que estar.  




3- Zozobra. Seguro que algunos os habéis dado cuenta, eso es fácil, lo difícil es dar con la solución:




Me refiero al Espíritu, eso está claro, pero dudé mucho (dentro de las prisas con las que me pidieron las respuestas). Si escribía "Espíritu", parecía un predicador, por una parte, y un soberbio, por otra, con hilo directo con la Trinidad. Pensé que la mención aristotélica a la Edad Media ya aclaraba las cosas, y que la minúscula resaltaba mis dudas y la propia entidad de mi inspiración. ¿Os parece que acerté o no? La verdad es que no lo sé, y me interesa porque pienso usar esa respuesta cada vez que me pregunten por la inspiración. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

Mi color favorito (y 2)


Mi color favorito (véase ayer) es el del cielo al caer la tarde (cuando nos examinamos de amor), con una pizca de sal, quiero decir de luz de dentro, por contraste, y con unas gotas añadidas de humo de la chimenea; por darle hondura moral y por aquello del fuego al fondo, que tan bien nos explicaban Ángel y Homero

martes, 18 de noviembre de 2014

Gracia


Por la tarde, Carmen me dijo al oído: "Eres el más gracioso del mundo". Me pareció un piropo insuperable, claro. Y, sin embargo, llegué a la cena con ellos con ciertas tensiones y frustraciones, cansado, serio, pensativo y viejo. Nada quería salir bien de mis manos. ¿Cómo era lo de Bloy: mi cabeza es un saco vacío del que tengo que sacar mis textos? Pero ella no lo sabía y me pidió: "Papá, haz el tonto un poco..." Tuvo que verme tal cara de impotencia y desolación que añadió corriendo: "El tonto en broma, digo en broma, papá".






lunes, 17 de noviembre de 2014

El tiempo se derrite


No temáis. No es un anuncio del "Ártico se derrite" pidiendo donaciones. Es el trabajo de este mes de Carmen para el cole, donde está dando los innuits, que son los esquimales de toda la vida, pero que han cambiado de nombre, no sé por qué. 

Su madre y yo nos lo pasamos estupendamente con sus trabajos. Sólo tememos al tempus fugit ("El tiempo se derrite") y que, dentro de nada, las tareas sean, ay, ecuaciones de segundo grado y análisis sintácticos. 




sábado, 15 de noviembre de 2014

Lírica y biografía


Tiene Jesús Cotta la costumbre de hacer cada fin de semana una obra de misericordia: nos manda un poema. El de hace un rato me ha conmovido especialmente. Es éste: 


Nada me gusta más 
que estar con los amigos 
donde no falte el vino ni la charla, 
y mejor si ya es tarde y si la noche 
nos va pasando a todos 
sus brazos por los hombros 
confidente y serena. 

 Pero entre todas esas 
horas de la penumbra, 
ninguna como aquella en que, de pronto, 
un relámpago ciego atravesaba 
la larguísima mesa, 
la barricada de las voces, 
el laberinto de los hombros 
y, en un vuelo sin sitio, me llegaba 
el minúsculo abrazo de tus párpados.   
                        [Inmaculada Moreno, publicado en la revista Estación de Poesía]
El poema es estupendo, ya se ve; pero me ha conmovido por dos razones más. Justo anoche estuve con Inma y otros amigos, pocos, donde no faltó vino ni charla y era tarde y la noche nos pasó, en efecto, sus brazos por los hombros, confidente y serena. La coincidencia me ha estremecido.

Pero además una enseñanza de fondo. No había percibido ese transido "minúsculo abrazo de los párpados", quizá ocupado en levantar yo, más que nadie, la barricada de voces. Y ese de más del todo inesperado es lo que siempre nos ofrece la poesía, cuando es verdadera, aunque uno haya vivido la anécdota (o una exactamente idéntica) desde la primera fila.