miércoles, 1 de octubre de 2014

Lo que pesan las buenas intenciones


Lo cuenta Paul Auster y a mí Javier Aranguren para empezar su libro Lo que pesa el humo: 
Él [Sir Walter Raleigh] apostó con ella [Isabel I de Inglaterra] una vez a que podía medir el peso del humo. Eso no se puede hacer — dice otro personaje — es como pesar el aire. Reconozco que es extraño —dice Paul —. Casi como pesar el alma de una persona. Pero Sir Walter era un tipo listo. Primero cogió un cigarro nuevo, lo puso en una balanza y lo pesó. Luego lo encendió y se lo fumó, echando cuidadosamente la ceniza en el platillo de la balanza. Cuando lo terminó, puso la colilla en el platillo junto con la ceniza y pesó todo eso. Luego restó esa cifra del peso original de un cigarro entero. La diferencia era el peso del humo.
Estaría muy bien pesar cada mañana todos nuestros propósitos y justo antes de acostarnos nuestras realizaciones. Luego hacer la resta. El resultado sería lo que pesan nuestras buenas intenciones. Como el humo. Claro que a veces pesan tanto que no me extraña que el refranero piense incluso empedrar con ellas no sé qué. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Un beso y nueve abrazos


Otras gracias, además, más invisibles, habré recibido en la beatificación de Álvaro del Portillo, no lo dudo. Las dos ceremonias fueron emocionantes y contenidas, y la inmensa Valdebebas se puso íntima como una pequeña plaza. Pero gracias a don Álvaro he vivido dos momentos muy importantes para mí este fin de semana. Pude darle un beso a una prima de Leonor que acaba de salir de una operación nuevamente. Eso, por un lado. Por otro, el viernes cené con mis muy antiguos amigos y amigas de la Universidad de Navarra, que habían acudido a Madrid por lo mismo. Lo viví como un favor del nuevo beato, pues yo soy muy ensimismado, muy sedentario, como sabéis, muy presentista, como se confiesa en el poema, muy dejado, soy todas esas cosas y más, y los tenía muy abandonados, aun sabiendo lo que me perdía. El viernes lo sentí, ganándolo. El único que me dijo que seguía igual que siempre, ¡idéntico, vamos!, fue uno de ellos que no ve demasiado bien. Pero algo sí seguía igual, casi treinta años después, el humor, la complicidad, la compenetración. Y mi alegría. 


sábado, 27 de septiembre de 2014

De viaje


Como estoy de viaje, pongo un enlace

Aunque técnicamente no estoy de viaje, sino de peregrinación, que es otra cosa y que sí me permito. 


viernes, 26 de septiembre de 2014

Encadenados


No es lo que parece. Porque parece fatal. Este fin de semana, Leonor viaja a Amsterdam, sí, ay, a Amsterdam, con sus amigas; y yo voy solo a Madrid a la beatificación. Los niños se quedan con su abuela en casa. 

Ahora las explicaciones. Ella cerró el viaje hace un siglo, sin que ni ella ni yo cayésemos en la coincidencia con Madrid. En principio, pues, yo me habría quedado con los niños, lamentando la modernidad de celebrar así el 40 cumpleaños de su grupo de amigas, pero bueno, con los niños. Y ella me habría acompañado a Madrid a la beatificación, como le hubiese gustado. 

Lo bueno es que ella ha sentido más que yo, si cabe, tanta modernidad. Y lo mejor no es eso. Ayer se puso una cadena con el escapulario para el viaje, ella que no acostumbra. Y esta mañana, he visto que había rebuscado entre los regalos de bautizo de los dos niños y cada uno llevaba su cadenita. Estaban muy contentos. Yo, hasta ahora el único encadenado de la casa, lo estoy mucho más. Hay otro vínculo, y muy fuerte, entre nosotros.