domingo, 21 de agosto de 2016

Waugh!






































El Waugh más caústico y más certero se encuentra en este cuento de 1953 que no había leído  y que leí ayer en el tren con una admiración sólo comparable a mi hilaridad y con el corazón en un puño. Debería ser lectura obligatoria en 1º de Reaccionario.

AP-4 Sevilla-Cádiz


Desde el principio
nos escoltó la luna,
y al final, uno
a uno, todos dormían
menos la luna y yo. 

sábado, 20 de agosto de 2016

Espíritu de contradicción


Quique tiene la fea costumbre —no siempre voy a poner bien aquí a mis hijos aunque sea por disimular— de contradecirnos, como en un juego, al que no me gusta jugar. "No os bañéis, que hay muchas olas", ordeno yo. "No hay ninguna ola", dice él. Anoche: "Acostaos, que nos espera mañana un día larguísimo". "Un día cortísimo", dice, pues quiere ver los últimos minutos, tan tristes, del baloncesto. "Larguísimo". "Cortísimo". Al final, he de darle un grito y exigirle que diga, sin ninguna gana: "Larguísimo". Se va a la cama llorando.

Acabo de subir las persianas, advirtiendo hay que correr, que dentro de una hora tenemos que coger el tren para Madrid. Carmen no se inmuta. Él abre un ojo y dice: "Un día larguísimo". Medio tapado por la almohada no sé si es arrepentimiento de su tozudez de anoche, reconocimiento de la verdad de nuestra jornada o una ironía madrugadora. En cualquiera de los tres casos, la gracia es la misma.

Y yo también corro, que llevamos el tiempo en los talones.


miércoles, 17 de agosto de 2016

Adenda a la braga


Aunque lo interesante y sutil lo puso el comentario del D. Wilkins, no me resisto a compartir lo que pensé después, leyendo —uno como autolector— mi entrada. Recordé la famosa anécdota de cuando un catedrático o así le presentó a Eugenio d'Ors a una chica joven y guapa como su secretaria. Éste respondió: "Ah, secretaria. Es una institución muy antigua: antes se llamaba concubina". La recreo, como digo, de memoria, pero más o menos esa es la idea. Lo que aprendí ayer es que, contra lo que parecía, quién sabe si con esa contestación el sabio conservador que siempre fue d'Ors no estaba, en realidad, derrochando la misericordia de la tradición de la que hablábamos ayer a cuento de la braga náutica. No se trataba de desenmascarar a nadie sino de cubrirlo con el manto de lo consuetudinario. 

Los eufemismos, en cambio, nos hacen mucho más difícil la comprensión y la misericordia a los conservadores.