lunes, 17 de julio de 2006

Escribiendo el currículum

Cuando explico a mis alumnos el tema del currículum dedicamos una hora de clase a analizar este poema de la Szymborska. Les sorprende la petición de que se vea la oreja en la fotografía. Respondo que tal vez se trate de una teoría muy científica que estuviera de moda entonces según la cual se podrían sacar conclusiones sobre la personalidad de alguien según la forma de su oreja. Se ríen, porque en toda clase que se precie hay, además de un "cabeza", un "moro" y un "enano", un "orejas" al que decirle a gritos que él sí que tiene una gran personalidad. Qué delicados los adolescentes, ¿verdad? También se consigue -sigo cuando se restablece el orden-, que la foto salga de medio perfil, que es más significativa. Y por último, hay una razón de técnica poética: prepara el melancólico y redondo final del poema.

Lo que no les digo es que estudiamos este poema como una vacuna. Quiero prevenirles el disgusto de ver su raquítico currículum y de los primeros e inevitables fracasos a la hora de insertarse en el mundo laboral. Wislawa Szymborska, en realidad, está haciendo una defensa de la intimidad, hasta de la intrahistoria, con mucha más gracia que el adusto Unamuno. Lo que yo no sabía es que este poema, que ofrecía a mis alumnos como una secreta poción mágica, me iba a servir hoy a mí, que ando actualizando melancólicamente mi propio currículum...
ESCRIBIENDO EL CURRÍCULUM

¿Qué hay que hacer?
Presentar una instancia
y adjuntar el currículum.

Sea cual sea el tiempo de una vida
el currículum debe ser breve.

Se ruega ser conciso y seleccionar los datos,
convertir paisajes en direcciones
y recuerdos confusos en fechas concretas.

De todos los amores basta con el conyugal,
los hijos: sólo los nacidos.

Importa quiénes te conocen, no a quiénes conozcas.
Viajes, sólo al extranjero.
Militancia en qué, pero no por qué.
Condecoraciones sin mencionar a qué méritos.

Escribe como si jamás hubieras dialogado contigo mismo
y hubieras impuesto entre tú y tú la debida distancia.

Deja en blanco perros, gatos y pájaros,
bagatelas cargadas de recuerdos, amigos y sueños.

Importa el precio, no el valor.
Interesa el título, no el contenido.
El número de calzado no hacia dónde va
quien se supone que eres.
Adjuntar una fotografía con la oreja visible:
lo que cuenta es su forma, no lo que oye.
¿Qué oye?
El fragor de las trituradoras de papel.

[De Hombres en el puente (1986), en Paisaje con grano de arena, Editorial Lumen. Trad. de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski]

6 comentarios:

Inma dijo...

¿Y qué es la vida si le quitamos toda "literatura" y todos los afectos, sino un esquelético "currículum"?

Me parecen terribles -en absoluto risibles- los versos: "Adjuntar una fotografía con la oreja visible:/ lo que cuenta es su forma no lo que oye".
Será que me hago mayor, claro.

Inma dijo...

Claro que nadie ha dicho que tengan que hacer gracia. Disculpad, pues, mi error.

E. G-Máiquez dijo...

Como es natural, el error es de mis alumnos, por reírse de un compañero.

De todas maneras, el poema tiene ese tono Szymborska de decir lo más terrible con gracia, de sonreírse ante lo dramático sin que por ello se convierta en una comedia.

Rocio Arana dijo...

Gracias por otro poema de Wislawa!

Mora-Fandos dijo...

Muchas gracias por el poema, tiene una sonrisa áspera, es la sinestesia que me viene a vuelatecla.

¿Estás haciendo el curriculum? Esperemos que sea para algo grande y no termine en la trituradora de Szymborska.

Anónimo dijo...

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