jueves, 3 de agosto de 2006

La mezcla

Por razones obvias, la última entrada de CRM me gustó muchísimo. Creo, sin embargo, que no me engaña la vanidad cuando pienso que ese cruce de sonrisas en la librería tiene mucho encanto. Y espero que tampoco me engañe la bibliofilia: las librerías son un sitio especialmente diseñado para el flirteo: el semisilencio siseante, la gravitación que ejercen todas las historias que esperan en las estanterías, la posibilidad de revisar los lomos, volviendo a ser sólo una misteriosa presencia física… En El sueño eterno hay una escena que no tiene desperdicio en la que Humphrey Bogart flirtea con una librera en una tarde de lluvia.

Todo lo cual me trae el recuerdo (por cuarto día consecutivo) de Mario Quintana. Resulta que mi cuñado, que tiene fama de guapo, iba a Brasil a coger olas. Aprovechando su viaje y su disponibilidad, le di una lista de poetas brasileños para que me buscara sus libros. Con su atlético moreno surfero entró en la librería especialidada que le habían recomendado en el hotel. Según contó después, la joven dependienta apenas le miró o lo hizo con desdén, pero cuando él empezó a pedir libros de poesía, a ella, sorprendida, se le iluminó la cara y, entre sonrisas y alabanzas a su gusto lírico, le invitó a un concierto y como no, a cenar, y como no, a salir a tomar un café cuando cerrase la librería… Mi cuñado venía asombrado de lo que se liga con la poesía, incluso un poco preocupado por las tentaciones a las que se ve sometido el inocente marido de su hermana.

—"Es la mezcla, Agustín, es la mezcla", le tranquilicé cuando nos lo contaba.

Y alguien añadió: “El hombre ideal tendría la inteligencia de uno y el físico de otro”. Aquello ya a ninguno de los dos nos hizo gracia.

12 comentarios:

Inma dijo...

¡Qué bueno!
En fin, vuestra historia tiene, a bote pronto,dos consecuencias positivas, a pesar del gusto "amargo"del final:

1. Tu cuñado estará siempre dispuesto a recorrer librerías a la búsqueda de tus poemarios y sus "citas" (no eruditas).
2. Para vuestro consuelo, Bogart (qué buena película) no necesitó exactamente esa "mezcla" para conquistar a Bacall...

Breo Tosar dijo...

Genial la entrada, muy divertida (sobre todo por el comentario de Inma). En este tema, aunque el físico es muy importante, el alma de poeta es la piedra angular en ese enmarañado juego llamado seducción. La sonrisa es el arma más fuerte. Por eso considero más importante sentirse guapo que serlo.
Pondré un ejemplo de una película reciente: el inolvidable Roberto Benigni, con lo feo que es, resulta conmovedor en "El tigre y la nieve", cuando hace de su vida poesía, o cuando, en "La vida es bella" agarra el megáfono del campo de concentración nazi para decir a su mujer que la quiere. Entonces el hombre más feo de la faz de la tierra se convierte en alguien irresistible.
Que se aparten Brad Pitt, Matt Damon y Leonardo di Caprio... Tienen más encanto Roberto Benigni o Robin Williams. Pero sobre gustos no hay nada escrito.

E. G-Máiquez dijo...

Breo, eso de "sobre todo por el comentario de Inma" es un golpe bajo, o un paréntesis en toda la mandíbula.
Lo encajo, no te preocupes.

Juan Ignacio dijo...

El comentario que te hace el señor Breo es como cuando mi Papá, que no es muy demostrativo en público, le decía en la mesa a mi mamá: "¡Qué rica esta comida!" Y segundos después la arruinaba cuando agregaba algo como: "Claro, hay que tener en cuenta que tengo mucha hambre". Y a mi mamá se le iba el alma al piso.

Por otro lado, muy interesante la entrada aunque aún debo leer la otra que vinculas.

Se me ocurrió pensar que si no pudo tener problemas tu hermano, porque al salir con la muchacha ella le podría haber empezado a hablar de esas poesías y si él no las conoce se descubriría que no es él quién sabe de ellas, sino tú, que él sólo sabe el título (como cuando algún adolescente se estudia los gustos de la muchacha que lo atrae pero en realidad no los entiende ni conoce bien).

Saludos.

Luis dijo...

Que gracioso el del comentario. Me pregunto si la cara del poeta (la del cuñado no lo dudo) llegaría a convertirse en un poema aunque fuera por segundos.

Carlos RM dijo...

Genial esta entrada de hoy. Coincido con tu valoración de las librerías (habría que añadir las bibliotecas) como escenarios propicios para, como dices, el flirteo. En cierto modo, todos andamos por la calle como los libros esperan en las estanterías, con nuestras propias historias encuadernadas. Fondo y forma, contenido y apariencia, inteligencia y físico...

Qué gracia la anécdota de tu cuñado en Brasil cumpliendo tu encargo, y qué inoportuno ese "alguien" que quiso fabricar al hombre ideal; comprendo que a ninguno de los dos les hiciera gracia. Ahora, hay que reconocer que ese dilema, esa tensión, es uno de los grandes temas, al menos para los inseguros como yo. Muy ingenioso, Mr. Máiquez, y muy amable al citarme.

Lord Scutum dijo...

Esa mezcla me há recordado al infortunado poeta Cyrano de Bergerac,de nariz descomunal,sobresaliente con la espada y brillantemente locuaz,sobretodo por la subrogación de tu cuñado en tus gustos poéticos,menudo fraude con arte el de tu cuñado,claro que yo hubiese hecho lo mismo

Breo Tosar dijo...

Por favor, no veas mi referencia al comentario de Inma como un golpe bajo. Todo lo contrario, no me parece mal halagar a esta joven escritora que tanto te admira.
Simplemente me ha hecho mucha gracia el juego que hace ella de la palabra "cita".
Por cierto, Lord Scutum, maravilloso el guiño al genial Cyrano de Bergerac. ¡Prometo una entrada en mi blog para tan grande nariz!

E. G-Máiquez dijo...

Breo, ahora el que bromeaba era yo. No hay golpe bajo en ver sobre todo divertida a nuestra admirada Inma.

Lord Scutum me toca las narices con lo de Cyrano de Bergerac... Bromas aparte, está muy bien traída esa cita.

Jesús Beades dijo...

Pues yo siempre te vi, Enrique, un aire a Harrison Ford.

AnaCó dijo...

Tendrás que darle la dirección de tu blog a tu cuñado que ya ha picado como aprendiz de cata poética...¡no dejes que se te escape!

Ignacio dijo...

Dorothy Malone era la improbabilísma lbrera, un bellezón voluptuoso y vulgarote oculto tras unas gafas.

Qué pedazo de escena: Bogart se vuelve hacia arriba el ala del sombrero, saca dientes y pide un libro inventado que suena más a vino, un Chevalier Audubon de no sé qué año.