miércoles, 26 de agosto de 2009

Cargo de conciencia

Se acaba el verano y casi nada hice de lo que en este tiempo me proponía hacer. Y no es lo más grave: tampoco hice lo que no me proponía hacer, que suele ser lo mejor, si se hace. Ya me he puesto a preparar el examen de septiembre de conciencia, que este año va a ser duro. Un día de agosto y a la salida de la misa (encima), iba andando, casi corriendo para casa. Vi entonces que una chica de mi edad [i.e. una señora] empezaba a formar un atasco con su coche ranchera, un Volvo, creo, parado en medio de la calle. "La cosa irá a peor en cuanto se pongan a desaparcar todos los coches de misa", vaticiné para mí. Ella se bajó sofocada y se dirigió al señor mayor que conducía el coche justo detrás del suyo y le explicó que la llave se le había quedado atascada y que no arrancaba. El señor no dijo nada apenas, metió marcha atrás muy serio, hizo que los otros dos o tres coches hicieran lo propio, y se volatizaron todos por la calle de la derecha. La chica [de mi edad] no me pidió auxilio y no me miró o sólo lo hizo tal vez de reojo. En condiciones normales o en otros tiempos yo me habría ofrecido enseguida a ayudarla. Teniendo en cuenta mis conocimientos mecánicos, a ayudarla a empujar el coche a la acera y a llamar a la grúa o a su marido. Pero me fui andando, paso a paso. Siempre he presumido de caballero andante, pero en un sentido diametralmente opuesto. Me pongo colorado todavía mientras lo confieso, aunque en verdad me pongo verde, y yo negro conmigo, y eso que aún no he contado lo peor: no consigo recordar por más que lo intento a dónde demonios iba yo con tanta prisa.

9 comentarios:

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tendrías que haberla ayudado, Enrique. Aunque la verdad es que a veces uno no se explica por qué inescrutables mecanismos se toman estas decisiones. Hace poco, recuerdo verme metido dentro de un desvencijadísimo Ford porque una señora me pidió que lo sacará en marcha atrás de un aparcamiento. Lo hice, pero no pude evitar fantasear con que un tipo escondido en el asiento de atrás me iba a poner una navaja al cuello y a llevarme secuestrado. Y luego, cuando me bajé del coche, me arrepentí de no haberle preguntado a la mujer, puesto que el aparcamiento estaba junto a la parada del autobús, si su ruta coincidía con la que yo iba a hacer en transporte público... En fin, en esto de las relaciones humanas uno siempre se arrepiente de haber actuado por exceso o por omisión.

Carlos RM dijo...

Pobre chica, ¡hasta los Volvo se estropean!

Juan Ignacio dijo...

A veces, muchas veces, lo que hay que vencer para ayudar al prójimo no es comodidad o egoísmo sino verguenza o timidez. No digo que sea tu caso. Es sólo una de las posibilidades que busco yo para entender esas verdaderas inescrutables razones que dice el sr. Benitez Ariza.

Anónimo dijo...

"detrás suya"
?

Anónimo dijo...

Ah, y por ahondar en mi anterior apunte, no puedo dejar de ver en "llamar a la grúa o a su marido" un deje bien machista.

E. G-Máiquez dijo...

Muchas gracias.

CB dijo...

Es la cultura del móvil, Enrique, que ha cambiado el panorama de la petición y la prestación de auxilio. Antes te quedabas tirada en plena noche en un puerto de montaña y rezabas para que se parase alguien, y para que no fuera Jack el destripador. Ahora llamas a los de ayuda en carretera, echas todos los seguros y te fastidia si se para alguien. En el fondo sabías que la chica antes de bajarse ya había llamado a su marido, a la grúa, o a los dos (que no sé dónde ve la gente el machismo, seguro que tú habrías llamado a tu mujer, a la grúa, o a los dos). Por eso el señor mayor ni amagó. A veces es una pena, porque los tinglados de antes, todos a darle a la llavecita y a empujar el coche, eran más divertidos, y puede ser un arma de doble filo si te quedas sin batería, pero así son las cosas. Lo pensaba el otro día viendo a Charlton Heston en Terremoto: la mitad de las heroícidades, hoy, con los móviles, no tendrían sentido. La última sí, cuando llega la tromba de agua y tiene que elegir. Así que los caballeros andantes siempre tendrán tarea, menos divertida pero igual más gorda (Don Quijote mismo, con móviles de por medio y todos llamando al especialista en entuertos correspondiente, imagínate en qué se queda).
Y en cuanto a los propósitos, seguro que en el examen de septiembre se levanta en tu defensa el mismo Shakespeare, que no sé qué cosas te propones para estar insatisfecho después de esa inmersión. Otras sí que lo tenemos crudo.

E. G-Máiquez dijo...

¡Menos mal que has vuelto, CB!

Dios te lo pague, y te conserve la vista, porque qué bien visto lo del móvil y el heroísmo.

Fuego negro dijo...

La prisa es muy mala. La prisa es peor que la maldad. De hecho el buen samaritano no ayudó al herido apaleado por malhechores porque fuese mejor persona que los demás. Le ayudó porque no tenía prisa.