viernes, 31 de diciembre de 2010

Adiós, diez

En este 10 de 10, he conseguido llevar un diario del primer día al penúltimo (y es de suponer que hoy también lo haga). La experiencia la cuento y la publicito en Misión.
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La experiencia de leerlo el último día ha sido impresionante, a pesar de la mala letra y de que la mayoría de mis sucedidos son rutinas diarias o anécdotas que no llegan a categoría. Sin embargo, alguna de ellas, leídas desde ahora, me han conmovido. Pondré algunos ejemplos.

El 5 de febrero creí que me llamaba la atención el porte señorial de un señor en misa. Fue cuando a la salida le dio un buen golpe en la espalda a otro señor que iba con una chupa de cuero negra, y le dijo: “Adiós, Paco”. Noté un estremecimiento de emoción en la espalda del tal Paco a través de la chupa. En la puerta, al señor le pidió fuego el mendigo, se lo dio y, cuando le dio las gracias, el señor señorial le contestó muy campechano: “A mandar”. El mendigo se hinchó de satisfacción. Aquello fue mucho mejor que una limosna. Cosas como ésas apuntaba. Tres meses después saltó la noticia de que Paco, al que yo sólo conocía de aquella vez, se había suicidado.

El 19 de febrero: “El agobio por no tener tiempo me hace perderlo”. Lo había olvidado cuando leí meses más tarde aquel endecasílabo inolvidable de Juan Marqués: “No tengo tiempo para tener prisa”.

El 12 de abril apunté esto: “Susana Salguero entusiasmada con mi asignatura”. Enseguida tuve que escribir esto.

No todo, gracias a Dios, han sido accidentes. En mayo don Julio, el párroco, nos puso el corazón en un puño al decirnos que probablemente él, que tiene un cáncer, no llegaría a ver la finalizacion de las obras de la capilla, pero que no importaba, que la capilla es para siempre y que él está de paso. Felizmente acaba el año: la capilla está flamante (y hasta provocando algún que otro conflicto) y don Julio sigue entre nosotros, dando guerra.

Descubro que entusiasmos y amistades que ahora siento como de toda la vida, son de ayer mismo. Un ejemplo bibliográfico: el 2 de mayo me deshago en elogios al recién leído Efigies de Cristóbal Serra.

El 2 de junio apunté que mientras Leonor pasó muy mala noche, ocupándose de Carmen, yo dormí “como un lirón careto”. Es una expresión muy portuense. Escrita ahí y entonces no habría que descartar, sin embargo, cierto juego de palabras del subconsciente: “como un lirón carota”.

El 15 de junio Carmen se duerme sobre mi pecho mientras leo y Leo me hace una fotografía, que inmortaliza lo que sólo duró diez o quince minutos. La mentira de la fotografía frente a la verdad de la memoria y el diario, que lo recuerdan para siempre, sí, pero en su fugacidad.

Y sin embargo el 25 de mayo consigné: “Una adolescente muy guapa en Atocha”. Me esfuerzo por recordarla, pero nada, ha desaparecido por completo entre la multitud…

El jueves 8 de julio sentía un fuerte dolor en el pecho y me preocupé pensando en un posible infarto provocado por la emoción del mundial. Tragicómica muerte para un poeta lírico, me temía. Por otro lado me compadecía si los aficionados al fútbol viven así toda la liga todos los años, pobres.

El 22 de septiembre di con una industria humana. Cuando se tiene mucho trabajo, conviene aprovechar la energía centrífuga de la pereza... y sacar adelante los otros encargos mientras tanto.

El 1 de octubre, a primera hora, yendo al IES:
Corriendo, el sol
y yo: “¡Llegamos tarde,
llegamos tarde!”
El 15 de octubre, comida de profesores muy pesimista. La próxima bajada de sueldo, los rumores de desaparición de MUFACE, la jubilación retrasada, los horarios que dicen que nos ampliarán, etc. Gran día para celebrar a santa Teresa: “Nada te turbe,/ nada te espante”…

El jueves 28 de octubre fui a que me quitasen los puntos. Me indican: “Pase a la última consulta a la izquierda”. La puerta está cerrada. Llamo. “¿Sí?”. Paso de golpe y la enfermera está cambiándose. Cierro, sonrojado. Mutuas disculpas tartamudas. Hay más intimidad, a partir de ahí, entre nosotros, sin embargo. Ahora me quito yo la camisa. Me quita todos los puntos, uno a uno, suavemente. Todo es muy aséptico, chorreado con alcohol y abundante Betadine.

14 de noviembre: dos dientes de Carmen, y qué necesaria es la experiencia de la vida para leer poesía. Esas "diminutas ferocidades” de Miguel Hernández, qué exactas, veo ahora. Abre la boca Carmen contra mundum.

22 de noviembre: Rafael Morales Barba, en la cena posterior a la mesa redonda del Congreso de Luis Rosales, me detalla una escena: Claudio Rodríguez llorándole como un niño: “¡Yo me quiero salvar, yo me quiero salvar!”

26 de diciembre. Gracias a mi suegra, que baja sola todas nuestras maletas y que se queda aparcando nuestro coche mientras que nos vamos en un taxi, no perdemos el tren de vuelta. El diario está cuajado de pequeños favores de mi suegra, para que luego venga yo en los artículos...

jueves, 30 de diciembre de 2010

Método

En sus Diarios, Iñaki Uriarte propone este método: “Escribir de mal humor, corregir de buen humor”. Lo hace en la página 136, cuando ya ha dejado claro que tiene autoridad de sobra para exponer métodos de escritura. El mío es exactamente el contrario: escribir de buen humor, corregir de mal humor; y, sin embargo, creo que salva lo esencial del consejo uriartiano, que no es tanto el orden de los factores, como el contraste. Un malhumor que no nos hiele la sonrisa o que, incluso, la provoque, o una sonrisa que nos consuele un poco o que, al menos, no nos amargue más.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Ley Sinde

Sólo tengo una verdad que recordarles, pero algo es algo.

Lo siento y otras pintadas

Si cada vez se jura y perjura más, es porque la palabra cada vez vale menos. Lo he pensado viendo la cantidad de pintadas que hay en nuestras calles proclamando: “Te quiero” o, más melodramáticamente, “Lo siento” o “No volveré a hacerlo” o “Perdón” o “Estoy muy arrepentido”. Esas cosas quedan más sugerentes susurradas suavemente al oído, digo yo. Y me pongo a imaginar el culebrón que habrá detrás de cada una de esas pintadas. Culebrones que tendrán poco arreglo, pues si para que les crean, han de ensuciar las fachadas de otros prójimos, apaga y vámonos. Es lo que tiene la mentira campando a sus anchas: acaba con las palabras por el suelo o las paredes, en parajuramentos y graffiti.

martes, 28 de diciembre de 2010

Clara y limpia

De Luys Santa Marina (1898-1980), en el libro Laredo:
....LA VIRGEN DE BELÉN

En la penumbra grata de la iglesia
fulge el retablo como un sol de tarde
sobre oros delicados de un otoño
que perdurase por años y siglos.

En medio de él Nuestra Señora ofrece
el pecho al Niño. Es una talla pura
de muchacha flamenca, blanca y rosa,
que sentada a la puerta de su granja
con el niño en sus brazos, mira al campo
esperando la vuelta del esposo...

Y se piensa que tras de la hornacina
ha de hallarse una casa clara y limpia
con los muebles en orden, y la cena
sobre la mesa puesta, y unos lirios
en la jarra de barro a la ventana.

Prohibido decir: "¡Qué bien la parejita!"

El inocente es niño, y no es una inocentada. Pero mucho cuidado con felicitarme con un “¡Qué bien: ya tenéis la parejita!”, como si uno acabase de completar una colección de cromos. Siempre me dio un poco de grima la expresión ésa y a ver, ay, cuántas veces la voy a tener que oír a partir de ahora… Dan escalofríos.

El médico, sin embargo, saltaba exultante. Si en vez de nosotros, le pilla una parejita de modernos feministas le ponen una demanda en cualquier tribunal de Igualdad de género o de Laicidad. Porque gritó, me parece que hasta alzando los brazos: “¡Dios ha bendecido a esta familia: es un niño!” (sic). Se levantó del ecógrafo, me dio la mano, me miró a los ojos y dijo: “Enhorabuena, sí, enhorabuena”. En su honor hay que decir que no dijo ni una vez lo de la parejita.

Encabezamiento

Los padres del colegio público de mi barrio estuvieron a punto de poner este encabezamiento a su notificación (que reproduzco en comentarios). Como el asunto es serio, hicieron bien en no ponerla, pues hubiese desviado la atención. Ya saben lo que advertía Johnson: "Vamos a ponernos serios, muchachos, que ahí llega un tonto". Decía:

NOTIFICACIÓN DE LAS MADRES  Y DE LOS PADRES, TODAS Y TODOS,  MIEMBRAS ELLAS Y MIEMBROS ELLOS, DEL CONSEJO/A ESCOLAR/OR DEL COLEGIO/A COSTA/O-OESTE/E

Talabartero

Parafraseando a Marañón o a Eliot, diría que soy liberal de talante, reaccionario de razonamiento, conservador de corazón y cristiano de buenas intenciones. Centrémonos hoy en el corazón. Me da muchísima lástima que se pierda cualquier cosa, mantendría todo. Una alumna me cuenta, muy orgullosa, que su abuelo es talabartero. Además de la belleza del nombre del oficio y de sus alegres arreos para burros (véase la foto, cortesía de mi alumna), qué temblor de emoción nostálgica pensar que estoy ante uno de los últimos artesanos. Dan ganas de criar burritos, aunque sólo sea para que una palabra tan hermosa, talabartero, no se nos quede encerrada en el establo del diccionario.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!



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Detalle

En el viaje de tren, Carmen ha sido la estrella rutilante del coche 5, entre una nube de niñas de las más diversas edades que se deshacían en ohs-qué-mona, vaya ojazos, se-los-come-todo y ays-me-ha-sonreido. Y vaya si sonreía viéndose el centro de la fiesta, el centro y eso que había una chica preadolescente que cómo, ay, le sonreía. Viaje feliz, como pueden ver, y casi corto. Pero ha sido topar con Madrid y ponerse a llorar, como la otra vez. Por la noche, en un aparte discreto, le he susurrado al oído un pequeño detalle: "Mira, Carmen, mi vida, recuerda que tú no vienes a casa de tu suegra, sino de tu abuelita". 

miércoles, 22 de diciembre de 2010

En serio

Que le toque el Gordo a un lector de Chesterton es una redundancia.

Si yo fuese Juan Manuel de Prada, llevaría inmediatamente la película coreana Poetry (Lee Chang-dong, 2010) a mi programa Lágrimas en la lluvia, y dedicaría el debate posterior a la poesía. Pero no lo soy, así que la traigo a Rayos y truenos en esta noche de lluvia. Intentaré no reventársela a quien no la haya visto, y me limitaré a enumerar las lecciones poéticas que, como quien no quiere la cosa, me ha dado Chang-dong.

1) Las clases del taller literario son ligeramente ridículas y, en última instancia, no sirven para nada. La única alumna que escribe un poema es la peor alumna del curso, nuestra protagonista. La poesía, nos dice tácitamente Poetry, no se aprende en un taller, como si fuera una mecánica, sino en la vida, porque es la vida. Necesita maestros, no profesores.

2) A quien quiere escribir poesía, en un momento dado se le dice que querer no basta, que hay que mendigarla. (Naturalmente, recordé a Gaya, emocionado.)

3) Y hay que tenerla en el corazón, se insiste. Se hace una defensa acérrima de la emoción y de cierta cursilería, incluso, y de la limpieza y la elegancia, y de las flores y de las canciones tradicionales. (Recuérdese esto cuando lleguemos al punto 6.)

4) Se nos muestra cómo la poesía verdadera no nace del dominio de las palabras, sino de la dificultad de su trato, de una enorme dificultad vencida aunque sea a medias. La protagonista empieza a padecer los primeros síntomas del Alzheimer. (Recordé, vanidoso, mi leve dislexia.)

5) La poesía será moral o no será. Cae por su propio peso del lado del inocente y de la víctima, y ese es su punto de contacto, de fricción, con la actualidad. Escribirla es un acto de justicia. Las palabras justas, pues, en los dos sentidos.

6) Desternillante retrato del poeta joven, premiado y genialoide (el único verso suyo que se cita ¡entre signos de admiración! es uno que habla del cielo color de gato que lleva muerto una semana). Sale muy poco, intencionadamente, a pesar de sus premios. Atención al lenguaje corporal del actor, que lo borda.

7) “La poesía ha muerto”, sentencia el profesor, cuando está con el joven genio, causalmente. Pero se confunde. La poesía se pone del lado de los muertos, que es bien distinto. De los muertos o, como mínimo, de la infancia.

8) Al final de la película, son inolvidables los breves fotogramas de la señora mayor sentada bajo un árbol, oyendo el viento entre las hojas, feliz. Es el mismo árbol bajo el que la protagonista se había sentado a oír el viento y cuya actitud tanto había chocado a esa misma señora mayor. La poesía ha de tener un valor último de ejemplo vital, que va más allá (o viene más acá) de la literatura.

9) Me he comprometido a no revelar el argumento, pero mantener la cabeza fría en medio del torbellino sentimental es clave para el poeta: su sitio es la extraña calma en el ojo del huracán. La mayor delicadeza conlleva a menudo una dureza extrema. La película lo ejemplifica magistralmente.

10) Por último, esta contestación extraordinaria de la protagonista cuando le preguntan si quiere ser poeta. “De momento, quiero escribir un poema”.


martes, 21 de diciembre de 2010

Sin entrada

La escribo, sí, pero espero un día para publicar la entrada, la releo y no, no la publico, no. (Algo me dice que esto va a pasar mucho aquí a partir de ahora, por fortuna.)

lunes, 20 de diciembre de 2010

Así es

Empiezo a leer por fin Luz del mundo, el libro de entrevistas del Papa con Peter Seewald. Dicen todos, y yo lo comparto, que nada de lo que dice Benedicto XVI puede ser tomado a humo de pajas, que hasta la última coma está muy pensada y sopesada. Bien, ¿y qué me dicen de estos signos de admiración, eh?
PS:¿Utiliza la bicicleta estática que le regaló su anterior médico personal, el Dr. Buzzonetti?
B16: No, no me alcanza el tiempo para hacerlo, y por el momento no lo necesito tampoco, gracias a Dios.
PS: O sea que el papa hace como Churchill: nada de deporte.

B16: ¡Así es!

domingo, 19 de diciembre de 2010

Augur de los semblantes del privado

Aquí tienen mi artículo de hoy.

Bueno, efectivamente, ése no es mi artículo, por mucho (y es mucho) que me haya inspirado para el mío-mío, escrito a medias entre Paco Sánchez y Andrés Fernández de Andrada.

A propósito, la lectura de la Epístola moral del último sería una de las primeras medidas anti-crisis que yo impulsaría.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Risa

Qué gracia si yo me atreviese a hacerlo. Colar en la antología de poesía de José Jiménez Lozano, que he empezado a preparar, este poema del último libro de Isabel Escudero, Nunca se sabe, del que seguiremos informando. Creo que nadie sospecharía nada... si no fuese por la extrañeza de no recordarlo, ciertamente.
...............RISA

Escucha: ¿no oyes en el aire todavía
la ultima risa de aquella viejecita
que al terminar su blanco paño de ganchillo
como una novia se lo puso en la cabeza
y con la risa de sus ojos nos miraba
más feliz que nunca
habíamos visto reírse a novia alguna?

viernes, 17 de diciembre de 2010

La segunda oportunidad

Recibo la antología Poesía para niños, do tengo el honor de participar (habrá que firmar un nuevo manifiesto en defensa del do, otro monosílabo en peligro de extinción), y salto de alegría. Por supuesto, por la grata compaña, por las horas de lectura infantil que me esperan y por la exquisita edición, pero, sobre todo, porque un poemita de mi primer libro, que había sido escrito en un ataque agudo de platonismo tardoadolescente y que yo pensaba desechar sin remisión, ahora, releído como una canción a un bebé, se salva. O a mí me lo parece. Quizá se escribió para eso, y yo no lo sabía, y han tenido que pasar veinte años.

Se lo leo a Carmen:
NANA
De siempre te he querido
sin conocerte.
¿Que te parece extraño
que desde siempre
te haya querido?
Te parecerá extraño,
pero así ha sido.

Traer carbón

Los profesores discutimos a menudo qué es lo peor de nuestro trabajo. Lo mejor está claro: julio y agosto. El puesto pésimo se lo disputan corregir exámenes, el creciente papeleo administrativo y los problemas de disciplina en el aula. Yo suelo votar por el papelón administrativo, pero ahora, con montañas de exámenes malísimos que corregir, dudo. La cantidad es lo de menos. Sufre sobre todo la autoestima: “¡Esto es lo que les he enseñado, ay, tras un trimestre desgañitándome!” y sufre la misericordia: “Qué pena dejarles una calabaza o carbón por navidades a estos alumnos tan simpáticos, en el fondo”. ¡Qué admiración a Dios, nuevamente! A Él, que sabe ser a la vez justo y misericordioso.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El sexo y el ángel

Esperaba para daros la buena noticia bomba, la bomba bis, la noticia de nuestro estado bueno de nueva esperanza, esperaba, digo, a saber el sexo de la criatura. Al saberlo, se concreta la personalidad del nasciturus. El sexo (que tienen desde el primer momento) humaniza. Pero nuestra criatura se resiste a revelarse. Carmen no tuvo tantos prejuicios, pero éste o ésta está resultando muy pudoroso o pudorosa, y se esconde. El ginecólogo no logra ver nada, y, mientras, los amigos se van enterando por ahí, en vez de por aquí, que es el official web site. Pero ¿qué podía hacer?

Hasta que en la última visita al médico, éste se asustó con no sé qué medida, y mantuvo unos tensos minutos de silencio. Yo aproveché para rezar al ángel de la guarda del niño con mucha intensidad y… ¡eureka! No sólo fue una falsa alarma y todo va bien, sino que desde entonces ya está personadísimo en nuestra vida, aunque todavía no sepamos su sexo. El ángel como agente humanizador, también.

martes, 14 de diciembre de 2010

Uf

Algo me pasa con el lenguaje, que no está superando mis pruebas de estrés. No sólo 'juro y perjuro'. Mi hermano Jaime no tenía carnet de conducir, lo cual era un mérito poético-bohemio, pero un incordio cotidiano. Ayer aprobó el teórico, y yo, por teléfono, le felicitaba muy alborozado. Dije: "Y como sabes conducir, pues ya  prácticamente tienes el carnet..." Jaime, a pesar de su respeto por mi primogenitura, atajó: "Hombre, prácticamente es justo lo que me falta". Uf, y a mí finura.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Guay o no guay, ésa es la cuestión

La pregunta no es retórica. Es una petición de socorro con todas las de la ley. No sé si atreverme con el guay en esta traducción  (v.o. en comentrario) de un poema satírico de G.K.C. :
Nuestras exportaciones, muy bien etiquetadas,
hasta la última esquina del mundo son llevadas.
El jabón o el salmón pueden viajar muy bien
de un polo a otro en latas, y en un santiamén.
Así, los comerciantes ingleses pueden ya
aguarle la cerveza a un hombre en Canadá
o envenenar la carne de un hombre de Bombay.
Eso celebra el Día del Imperio, qué guay.
ACTUALIZACIÓN.- El guay ha muerto, qué caray. Es lo que hay. A cambio, esto sí, sin duda, qué guay.

Juro y perjuro

Me desespero y con el puño apretado y los pelos de punta y los nervios chasqueando, clamo a quien me quiera oír y a Leonor, que quiera o no quiera, me tiene que oír: “¡Juro y perjuro que no volveré a pasar angustia, que no volverá aceptar jamás ningún embolado literario, ni una traducción ni un prólogo ni una presentación ni nada de nada…!” De pronto, reparo en mi lapsus linguae y me hago gracia. Ya veo que en el fondo sé que seguiré metiéndome en líos, ay. Además, parece que el “juro”, por asociación automática, trae casi pegado el “perjuro”. Con razón nos aconsejó el Maestro que nos dejásemos de juramentos y perjuramentos y parajuramentos y que nuestro sí fuese sí, y el no, no. Y otro maestro, que aprendiésemos a decir que “no”, aunque pasan los años, y no, no aprendo, no.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Rosales, en la segunda fila

Suele ser queja muy habitual que los escritores de derechas gozan de menos predicamento que los de izquierdas. Y entre los airados ejemplos, sale a relucir invariablemente Luis Rosales, de cuyo nacimiento celebramos el centenario este año.

Aunque ganó premios de postín, entre ellos el Cervantes, nada menos; y fue académico de la Española; y publicó en las más importantes editoriales; y tuvo siempre alrededor un puñado de admiradores rendidos; y aunque, lo que es más raro, fue un poeta auténtico y poderoso, es verdad que la figura de Rosales ha quedado un tanto desdibujada y brumosa, en una segunda fila. Dos ejemplos. En Madrid, el poeta vivió en la calle Altamirano, donde sucede su libro capital, La casa encendida. En esa calle hay una espléndida librería literaria que se llama… “Rafael Alberti”. En Granada, en la casa familiar de los Rosales, donde transcurre buena parte del libro El contenido del corazón, hay, ahora, un restaurante exquisito, que se llama… “El rincón de Lorca”. ¿A qué se deben esas pretericiones?

En 1936 su amigo García Lorca se refugió en su casa, de la que fueron a arrancarle, y Luis Rosales trató de salvarle con riesgo de su propia vida. A partir de entonces y hasta el final de sus días, sin embargo, tuvo que soportar todo tipo de acusaciones, directas o veladas. Dispuesto a no sacar rédito de aquella canallada, calló; y aquí cometió un fallo de “política comunicativa”. Su silencio, hecho de dignidad ofendida y de meticuloso respeto a los muertos, acabo pareciendo el mutismo de una conciencia culpable.

Por otra parte, su propia evolución política, pasando de su inicial catolicismo al falangismo y, luego, al escepticismo y, finalmente, al monarquismo (llegó a pertenecer al Consejo de don Juan), hizo difícil que con él se identificará ningún grupo ideológico. Desconcertaba a todos. Otros escritores falangistas (Sánchez-Mazas, Panero, Foxá, García Serrano) han tenido en el fervor de unos cuantos lectores (no en los reconocimientos oficiales de los que, ya digo, Luis Rosales no puede quejarse) mejor suerte. Quizá ningún sector ideológico pueda identificarse con un elusivo Rosales, definido por Pablo Neruda como “gran antipolítico”.

Pero en lo literario Rosales tampoco dio facilidades. Lo suyo es una constante evolución. En Abril (1936) dio comienzo al soneto garcilasista que tanto éxito tendría tras la guerra civil, pero él apenas reincidiría. En Rimas (1951) pasó al poema existencial, confusa la historia y clara la pena; y, para mayor confusión, ese libro anterior se publicaría con posterioridad a La casa encendida (1949), eclipsando parcialmente su radical novedad. Ese logro se había conseguido gracias al trabajo de un extraordinario libro de poemas en prosa sobre la muerte de la madre, titulado El contenido del corazón, que se publicó veinte años después de escrito: en 1969, con lo que la línea del desarrollo quedaba enterrada. Las desordenadas publicaciones iban seguidas de largos años de silencio. Su carrera literaria acabó con un proyecto hercúleo, llamado La carta entera, que quedó incompleta. Iba a ser una tetralogía de poesía total, que anudaba narración, ensayo y autobiografía con un versículo poderoso, a ratos surrealizante, a ratos humorístico, siempre trágico. Dio las tres primeras entregas, dejando la última inédita. Ésta tenía un título profético de resonancias lorquianas: Nueva York después de muerto.

La profesora Noemí Montetes-Mairal acaba de editar en Cátedra tres libros de Rosales en un volumen: Rimas / La casa encendida / El contenido del corazón. La experta añade dos motivos más que explican el misterio de por qué Luis Rosales no está en la primerísima línea de poetas españoles, a pesar de su calidad y de su condición de cabeza de la generación del 36.

Revisaba sus versos de una manera compulsiva, de manera que hay muchas versiones distintas en periódicos y revistas, además de las variantes entre diversas ediciones. Eso ha forjado un laberinto para cualquier estudioso. La asombrosa falta de estudios críticos quizá venga explicada, por tanto, por cierta prudencia profesoral.

Por otra parte, Rosales es un poeta que queda mal en las antologías. Su obra es unitaria y entre narrativa y cinematográfica. En foto fija, se le entiende mal. Pero el público de poesía suele seleccionar en antologías a los autores que leerá luego con más detenimiento.

Son explicaciones muy inteligentes y ciertas; aunque no excusas absolutas para no adentrarse en una obra esencial. Ahora, que la política de su tiempo se ha apagado y, sobre todo, que podemos ir encajando en su sitio las desordenadas piezas de sus libros, debería verse clara la importancia y la coherencia de su poesía. Quizá para escribirla el autor necesitó un cierto esquinamiento y ese dolor que la cruza de parte a parte. Hemos de estar muy agradecidos, si fue para eso, a la extraña dosis de marginación que Luis Rosales supo atraerse con habilidad implacable. Su obra merece la pena.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La finta

Una profesora de mi IES, la de religión, para ser exactos, me pregunta muy educada en un cruce de pasillos: “¿Qué tal el puente?”. Suspiro, cojo mucho aire como quien coge carrerilla, y me dispongo a contarle todas mis penas de carretero con las ruedas partidas por el eje… Pero ella me ve venir a tiempo (debe de ser el don profético) y, rauda, me pregunta por Carmen. “Oh”, exclamo, “estupenda, graciosa, guapísima”. “Je”, sonríe, con cara de alivio, pensando —se le nota—: “¡Uf, de buena me he librado, por los pelos!”

jueves, 9 de diciembre de 2010

Insomnio

Después de unas cuantas vueltas en la cama, me levanto y me asomo a la ventana. Son las tantas. Un vecino está viendo la televisión: sale de su cuarto de estar esa luz azul semoviente que es inconfundiblemente catódica. Siento una oleada de superioridad. Yo, con Borges y Cioran, en los cultísimos brazos del insomnio y él, que no conozco, en los de su sillón, con el mandito en la mano. Enseguida me arrepiento. El viernes mismo vi a las mil In the mood for love y me pareció una maravilla, mucho mejor que el insomnio, dónde va a parar. Tras un golpe de pecho, me voy a la cama. Imagino qué maravillosa película estará viendo mi exquisito vecino. Casi le envidio. Sigo sin dormir. Le envidio. Hago una lista de películas que quisiera ver y de las cuales mi vecino estará viendo alguna. Me levanto. Ha apagado la tele. ¿Se habrá dormido? Vuelvo a envidiarle. Su casa parece dormida desde mi ventana. Claro que la mía también lo parecerá. Ah, las apariencias... Vuelvo a la cama. ¿Y si mi vecino, mi hipotético vecino, mi semejante, mi hermano, está también despierto, dando vueltas en la cama? ¿En qué pensará? ¿Le habrá gustado su película tanto como a mí In the mood for love? Etc.

Post alerta

Impresiona que Carme Chacón reconozca que puso al Ejército del Aire en prealerta todo el viernes, y que Rubalcaba confiese que ya sabía él (bueno es) que la iban a liar. ¿O no impresiona, premilitarizados amigos?

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Presentación de Con el tiempo

Hoy es un día estupendo para hacerla. Sería raro que mi nuevo poemario estuviese circulando por ahí, sin haber hecho una presentación en Rayos y truenos, por donde pasáis amigos, conocidos, saludados, seudónimos y anónimos. Os podría parecer que me hago el interesante, y no. Pero tampoco querría parecer interesado, ni que esto fuese un blog-spot publicitario. Entre Escila y Caribdis, pues, como siempre...

Sí tenía pensada una larga lista de muy sentidas deudicatorias, explicando qué le debo a unos y a otros: poemas caídos, versos limados, orden afinado, títulos nuevos, etc. Es un libro éste muy de su tiempo, con una colosal deuda oculta, como las finanzas mundiales. Pero amigos de los que me fío (y que son mis acreedores) me han desaconsejado con gran autoridad (en los dos sentidos) esas deudicatorias. Uno me escribió: "Y algo que debo pedirte (o aconsejarte, si me lo permites): no me cites (ni a mí ni a nadie) en público para agradecer ciertos ajustes de pura y mera carpintería. Los poemas son tuyos. Es normal que pidamos a otros amigos poetas que nos ayuden a ver, desde su distancia, lo que nosotros, de tan cerca, no acabamos de ver. Pero eso debe permanecer inter nos, como secreto 'de secta', sin más trascendencia". Bien, bueno.

Quitando eso, no tengo nada que decir.  Con ninguna publicación de mis anteriores libros, había sufrido esta sensación también física de quedarme hueco, silencioso, incierto, casi desolado, incapaz de trabajar. Quizá no sea vanidad lo de los escritores, sino un vacío... que se tiene la esperanza que colmen los lectores. La vanidad estaría entonces en querer tener muchos o todos, y no unos pocos, hondos. Yo ya los he tenido. No me puedo quejar.

Se entiende que el ritual de las presentaciones de libros consista en poco más que en una lectura de poemas, porque, ¿qué otra cosa podría uno decir ahora? Aquí sólo os leeré uno, y he pensado en "Versión":
Estas líneas traducen un poema
de autor desconocido.
Una música antigua, oída un día
en el coche, camino del trabajo,
o la conversación en la que hablaban
de novios unas chicas jovencísimas
que espié sin querer, transido de nostalgia.
O puede que traduzcan la sonrisa
que salva una mañana, o bien las voces
que nos hieren en sueños, o un paisaje,
o una historia olvidada... Es un poema
incierto de autor desconocido el que estas líneas
traducen torpemente consultando
un diccionario oscuro.
Su lengua original fue la del fuego
y nunca nadie ha hecho una versión exacta.

martes, 7 de diciembre de 2010

Quedar como un carretero

Voy a incumplir, por más que me estoy pasando el puente currando como un loco, los plazos de entrega de dos trabajos con eiditoriales serias e importantes. Antes que nada: Carmen es inocente. Este verano me lo pasé dando vueltas a Con el tiempo sin cabeza, casi, para otra cosa, y ya para el otoño no doy abasto. Voy a quedar, me reprocho amargamente, como un carretero. Pero, ¿no se decía "como un cochero"? ¿Me habré confundido porque soy de pueblo? ¿O es mi subconsciente, para acabar recetándome, digo, recitándome este ansiolítico de Alberti:
...........PEÑARANDA DE DUERO
¿Por qué me miras tan serio,
carretero?

Tienes cuatro mulas tordas,
un caballo delantero,
un carro de ruedas verdes,
y la carretera toda
para ti,
carretero.


¿Qué más quieres?
Y luego hay quien se pregunta para qué sirve la poesía. Uf, qué paz, por fin.

sábado, 4 de diciembre de 2010

L. P. S.

Hay que tener humor (y valor) para titular Trivia la obra a la que uno dedica su vida. Lo hizo Logan Pearsall Smith (1865-1946), recientemente traducido por Héctor Blanco para Trabe. Su aspiración: “Seguir viviendo tras mi funeral en una frase perfecta”. Y tiene muchas frases perfectas: “¡Qué desagradable darse cuenta de que lo que dicen de nosotros es verdad!” [aunque no siempre, la verdad], “La bondad no es suficiente, pero qué delicado brillo da a las personas que además de encantadoras son buenas”, “No se puede ser a la vez moderno y de primera”. Saludó así a sus lectores del futuro: “Qué abrigos tan extravagantes lleváis […], y creo que vuestras teorías sexuales son horrorosas”. Uno, mirando alrededor, y no sólo a los abrigos, se pregunta: Pero… ¿cómo, ¡cómo lo supo!?

viernes, 3 de diciembre de 2010

Cadena 100

Ahora que la Cadena COPE se ha convertido en una radio deportiva con alguna cuña informativa, sería interesante volver la vista (el oído) a Cadena 100, que también vive con una gran indiferencia el hecho de ser propiedad de la Conferencia Episcopal. No lo digo sólo por los desinhibidos comentarios de sus presentadores ni por las letras de las canciones que ponen. Simplemente, me da mucha pena que a las doce no paren el chunda-chunda, como al menos siguen parando la información deportiva en la COPE, para rezar el ángelus. ¿Por qué? ¿No será que a los jóvenes los dan por perdidos? Es un detalle anecdótico, pero bien (mal) significativo. Y triste. Para ir calentando motores con la JMJ podrían empezar por ahí.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Una barbarie que someter

[Reseño hoy en La Gaceta el último diario de JJL, Los cuadernos de Rembrandt. La página es una maravilla, con una gran semblanza del maestro por Dani Capó, y dos hermosas fotografías.]
Dentro del auge del género del diario en los últimos decenios en España, destacan, junto a los de Andrés Trapiello y José Luis García Martín, los de José Jiménez Lozano (Langa, Ávila, 1930). Éstos se inclinan hacia el glosario, donde el “yo” del escritor queda en un segundo plano. Los primeros que publicó, en 1986, ya fueron “cuadernos”, Los tres cuadernos rojos.

Los abría una larga cita de Jünger, como una exposición de motivos: “El llevar un diario, es decir, la puesta en orden de acontecimientos y pensamientos que afluyen, forma parte de la tarea que se ha asignado al escritor. Es también un consuelo solitario del que siente necesidad. En un momento en que el técnico dirige el Estado y lo modela según su idea, no solamente están amenazadas de supresión las digresiones artísticas y metafísicas, sino también la simple alegría de vivir. […] Ahora se considera como un lujo ese carácter propio del individuo que Heráclito llamaba el daimon del hombre. Nuestra lucha por defenderlo y nuestra voluntad de conservarlo es uno de los temas más grandes y más trágicos de nuestro tiempo”.

Los diarios de Jiménez Lozano se inscriben, pues, desde el principio, en esa lucha trágica y con esa voluntad. Como en anteriores entregas, se parapeta el autor en la que considera su familia literaria, formada por Pascal y los señores de Port-Royal, Simone Weil, Edith Stein, Nadiezha Mandelstam, William Faulkner, Flannery O’Connor y René Girard, y a la que se han incorporado G. K. Chesterton, Christian Bobin o Nicolás Gómez Dávila. Con ellos se pone del lado de los seres de desgracia, abomina insistentemente tanto de las glorias literarias como de los grandes del mundo y defiende una literatura escrita desde el dolor y que se acerca con suma precaución a la belleza, temerosa de sus seducciones y de su poder.

Una novedad de esta entrega es que en ella el tiempo nos alcanza. Escrita entre 2005 y 2008, habla de acontecimientos casi contemporáneos, como los terribles abusos de las clínicas abortivas o el atentado de Barajas, y de personajes reconocibles, como el juez Garzón o Zapatero.

El tono general es, por tanto, muy pesimista. La lucha para conservar el daimon está perdida en nuestra sociedad actual, piensa; y cita a Louis Auchincloss en El rector de Justin, para lamentar que en una riada (y eso es la modernidad para Jiménez Lozano) no se puede escoger lo que se salva. Acaba el libro reafirmándose, a pesar de todo, en el combate, con las luminosas palabras de Rémi Brague: “Ser romano es tener, aguas arriba de sí, un clasicismo que imitar y, aguas abajo, una barbarie que someter”.

martes, 30 de noviembre de 2010

Nueva escena doméstica

Leonor: "¡Oye, cariño...!"
Yo: "¿Qué?"
Leonor: "No, tú; es a ella".

Caleidoscopio

El mundo para mi hija es un inmenso caleidoscopio, que gira. No para de dar vueltas y todo son colores, luces, formas nuevas, reflejos sorprendentes. "Todo es nuevo quizá para nosotros", exclamó Claudio Rodríguez. "Sin 'quizá' para mí", responde Carmen, con el brillo de sus ojos.

lunes, 29 de noviembre de 2010

El error perfecto

Véase la portada que le han puesto a mi Casa propia en esta ficha del Club del lector. ¿Cómo lo supieron?

Hibernación

Mis puntos de contacto con el oso habían sido hasta ahora más bien estéticos y capilares ("el hombre y el oso" y eso), pero este fin de semana he estado dedicado, como nunca, a la hibernación. Jamás he dormido tanto a todas horas. Y en los intervalos, veía películas, que es otro sueño, mientras afuera caían la lluvia y las temperaturas. Tosía con una voz cavernosa, como desde el fondo de una gruta. Lo más que he pensado ha sido esto: la hibernación es el estado anti literario por excelencia. Lo cuento, por tanto, sólo por levantar acta, por motivos notariales-biográficos, y nada más.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El nivel

El viaje de vuelta de Sevilla pasó en un soplo, y eso que conduje más lento por la lluvia, que era blanda, plateada y musical. Para descansar de tanto lirismo, encendía la radio de vez en cuando, y, menos mal, porque tenía que escribir un artículo, que me dieron hecho.

jueves, 25 de noviembre de 2010

El microcuento más mío

Al fin no se hizo el concurso propuesto, pero el microcuento que yo hubiese pasado como mío es éste:
Alfileres, navajas, gafas, tijeras, llaveros, carteras, móviles, paraguas y amigos de toda la vida; cada vez pierdo cosas más grandes; un día de estos voy a perder el mundo entero.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Karate

Lo de la defensa personal lo digo en serio, y no sólo en el ámbito de las buenas maneras. Qué acierto, veo ahora, ese título para la antología de Juan Bonilla, ese judoka, que le hace unos nudos a las palabras...

martes, 23 de noviembre de 2010

Imagen

Lo más bonito de los escaparates: el que los observa vea en ellos su imagen un tanto desvaída, pero al alcance de la mano, superpuesta. ¿Acaso no nos perseguimos a nosotros mismos, o a nuestra imagen de nosotros mismos, en todas nuestras compras?

Endecasílabo

La vida literaria, ja, ja, ja.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Invitado

Lo menos hospitalario de una casa son, con diferencia, los grifos de la ducha. Con lo fácil que parece en la teoría, no hay quien atine con la proporción entre el agua caliente y la fría. A ratos y por sorpresa, la caliente te escalda y enseguida la fría te da pellizcos o alfilerazos. "No eres de aquí, no eres de aquí", te dice la lengua (bífida) del agua, y uno acaba despreocupándose de la higiene, pensando sólo en la supervivencia. También en el abrazo de las toallas hay algo extraño.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Best-seller teológico

“Fabrice Hadjadj nació en Nanterre en 1971 de padres de ascendencia judía e ideología maoísta. Vivió entre Túnez y Francia. Ahora reside en la Provenza francesa, donde ejerce como profesor de Filosofía y Literatura. Convertido al catolicismo en 1998, a veces se presenta a sí mismo como ‘un judío de nombre árabe y de confesión católica’”. Así nos describe al autor la solapa del libro La fe de los demonios. Con estos antecedentes (ascendencia judía, demonios, maoísmo, Túnez), no sorprende que el libro se haya convertido en un best-seller: tres ediciones en España. Sin embargo, el subtítulo ya es más raro para un éxito de ventas: O el ateísmo superado; y aún más insólita la editorial: la pequeña “Nuevo Inicio”, iniciativa del Arzobispado de Granada.

Para no terminar con las sorpresas, este best-seller está bien escrito. A veces, demasiado, pues algo abusa de los juegos de palabras. Por ejemplo, cuando define su obra como una lección de Ka(ra)tecismo, técnica de lucha doctrinal. La mayoría de las veces, sin embargo, sus incesantes juegos de ingenio son brillantes, iluminan al lector y contribuyen a hacer de la teología una disciplina chispeante.

Porque es auténtica teología lo que hace Hadjadj. Asombra la cantidad de lecturas que sostienen este ensayo de apariencia tan ligera. Ha leído a fondo a santo Tomás de Aquino, a Bernanos, a Pascal, a Girard; ha dialogado con Baudelaire, con Houellebecq, con Finkielkraut; ha venerado a santa Teresa de Jesús, a santa Teresita de Lisieux, a sangaTeresa Benedicta de la Cruz y a Madre Teresa de Calcuta, y no por fijación con un nombre, sino por el interés en una línea continuada de pensamiento que ese nombre resalta. Pero lo que más y mejor ha leído Fabrice Hadjadj es la Biblia. Deslumbran sus análisis textuales, ante los que se siente la gravitación de la raza, la sabia herencia de los cabalistas.

Compensa destacarlo, porque por fuera La fe de los demonios recuerda, más que nada, a Las cartas del diablo a su sobrino de C. S. Lewis, lo que no es un desmérito tampoco. En ambas obras se utiliza al demonio como guía moral (contrario sensu, por supuesto) y al humor como herramienta de divulgación teológica. Ambos combaten “el máximo error moderno”, en palabras de Gómez Dávila, que “no es anunciar que Dios murió, sino creer que el diablo ha muerto”.

Más al fondo, la obra es un canto a la Encarnación. Contra el espiritualismo de la fe sola, Hadjadj hace un contundente alegato a favor de las buenas obras, contantes y sonantes.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Cómo cala

No me gustan los profesores que van riéndose por las esquinas de los errores de sus alumnos, como si ellos no fuesen responsables, o qué. Aunque quien esté libre de pecado que tire el primer peazo e piera. Por suerte, mis alumnos no se equivocan casi nunca. Esto que voy a contar no es una equivocación (la pregunta la tiene bien), sino un signo de los tiempos.

Les pido a mis alumnos en el examen de Relaciones en el Entorno de Trabajo que dibujen un logotipo de una empresa y expliquen lo que pretende transmitir. Una alumna dibuja el bellísimo sello de mi IES:
Y comenta: "Muestra un árbol y a una niña leyendo. Esto indica o transmite temas religiosos, por el árbol, y tranquilidad, porque a la vez está en el campo y en zona verde". No hace falta poner negritas. Jo con la Pacha Mama y el ecologismo, cómo cala.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Mirlos

La entrada a pájaros de Ángel, me ha traído al remordimiento aquélla mía de la escopeta que levantó ampollas. El artículo enlazado también las levantó, y recuerdo con gratitud a Fernando Terry (RIP), que fue el único que me lo celebró por la calle. Uno para mí es el mejor si es el más campero. Y me explicó con detalle las trampas que ponían en las fincas de La Mancha para controlar las plagas de aves líricas. Otro consuelo grande ha sido un poema de Eduardo Jordá entre los inéditos de Pero sucede:

...............MIRLO

Conocemos su canto en la mañana,
temprano, muy temprano,
cuando nos reconforta oírlo, alegre,
bajo la lluvia desvelada.

Pero nada sabemos de sus hábitos
de pájaro agresor que coloniza
territorios ajenos,
y que destruye nidos, y que roba
los huevos más pequeños,
y que hace desdichados
a otros pájaros menos testarudos.

De su vida secreta, no sabemos
nada; o mejor dicho,
prefiremos creer que no sabemos.

Nos basta con su canto,
su canto desvelado que nos mece.

Pero otros muchos pájaros, más débiles,
o quizá más modestos,
pagan por ese canto con sus vidas.

Eufemismo

Qué hermosura de eufemismo: médico de cabecera. Ojalá sólo lo fuese de cabecera y nada más que de cabecera.

Ojalá

La mayoría de los insultos (exabruptos excluidos), uno los oye y exclama: "¡Ojalá!"

martes, 16 de noviembre de 2010

El síndrome de Mercucio

Las tres horas de clase con ID me salieron especialmente desternillantes y digresivas, en exceso anecdóticas, demasiado exuberantes. Prácticamente lo único que dejé de contar fue el motivo de un estado de ánimo tan bullicioso. Aquí lo haré. Se retrasa el resultado de la prueba sobre mi bultito, y por la mañana me entró un ataque agudo de hipocondría galopante. Me vi al borde de la catástrofe. Y caí en el síndrome de Mercucio, ya saben, el primo de Romeo. Se estaba muriendo por una puñalada de un Capuleto que nadie había visto y, sin embargo, Mercucio arrancaba las risas de su audiencia, quizá porque nada acompaña más que una sonrisa franca. “Al menos”, pensaba yo mientras mis alumnos se iban marchando de clase un tanto desconcertados, “podré dejar a la humanidad el descubrimiento de un nuevo síndrome, primo hermano del de Stendhal”. Una vez hablando con mi hermano Jaime de títulos para el poemario final, el póstumo, se nos ocurrió casi a la vez, pero a él primero, éste, espléndido: Colorín colorado. Sin llegar a ese nivel, tampoco estaría mal El síndrome de Mercucio, creo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Microentrada larga

En el IES se convoca un concurso de microcuentos para los alumnos y lo hablamos en la cafetería. Yo cuento el misterioso caso de la violinista fantasma de hace unos años. La joven profesora de literatura se indigna. Y con esa dosis de idealismo que es requisito sine qua non para ser profesora de literatura, confía en los años que lleva leyendo microcuentos para detectar un plagio. El de matemáticas, más científico, prefiere confiar en los algoritmos de Google. Bastará meter los microcuentos ganadores, propone, en la máquina de la verdad. Yo hago una defensa del plagio, tan natural en el santo medievo, que no les convence, aunque me sonríen.

Volviendo a casa pienso que sería bonito organizar un concurso paralelo de microrrelatos plagiados. Si el jurado (sin recurrir a Google, sólo con los años de lectura (que no serán tantos) de la joven profesora y los nuestros) es capaz de identificar al autor auténtico, eliminado. Entre los que escapen al detector de verdades, que gane el mejor. Conseguiríamos que el personal leyese mucho y con sutileza y astucia, me parece. Sin embargo, no lo propondré, no vayan a nombrarme miembro de ese jurado también, y acabe dándole un premio a Benedetti.

Llego a casa y me encuentro algo en el correo que, como creo que la casualidad no existe, me pone los pelos de punta. Es una carta de mi amigo Rafa, sobre su hijo, que ya salió aquí y aquí, y que dice: "Rafa esta dando este año clase con D. Lorenzo y me pide si, por favor, me puedes pasar el poema con el que ganaste el premio de poesía de la Universidad de Navarra (el "del plagio"). Todo se debe a que un día yo le conté a Rafa cómo hiciste ese poema: si no me equivoco estaba escrito contra el plagio pero, a la vez, hecho con versos plagiados. A Rafa le hizo mucha gracia la idea y se lo contó a D. Lorenzo. Ahora D. Lorenzo le ha pedido a Rafa que, si podía, se lo consiguiera. Te agradecería mucho que me lo mandaras por mail si no tienes inconveniente. Muchas gracias y un abrazo. Rafa".

Don Lorenzo fue profesor de Rafa padre y mío, y fue esencial para mi formación en todos los sentidos, como contaré un día que tenga muchísimo más tiempo por delante. Del poema aquel del plagio, publicado en Haz de luz ya no me acordaba, ni me acordé durante la defensa de la figura retórica que había hecho en el bar. Pero se ve que es un tema al que llevo dando vueltas desde hace un montón de años. Pongo el poema, aunque no está a la altura de su idea y aunque sólo quedó tercero (¿o segundo o no quedó?) en aquel concurso universitario, como un brindis por los viejos amigos que recuerdan con cariño los viejos poemas, y hasta se los cuentan—seguro que mejorados— a sus inocentes hijos:
...........LIBROS

Cuando me paro a contemplar mi estante
mi no sé qué se queda en aspaviento.
Lo extraordinario, todo. Escucho atento
palabras de Cervantes o del Dante.
No hay cosa como el plagio que me espante,
pero una mano coge el pensamiento
o alguno me lo ha dicho con el viento
que viene y va, y me avienta, y, al instante,

mi tristeza en consuelo convertía,
desde el prodigio, algún dulce cantar.
Un canto de sirenas me conjura,
la sombra se la lleva el blanco día,
y el agua —amarga y dulce— de otro mar
vestido me dejó de su hermosura.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Pedazo de párrafo

[El párrafo está entero, y tanto, pero es precioso y por eso,el peculiar superlativo de "pedazo", que debe de tener un origen remotamente platónico: "Es un pedazo del arquetipo del Párrafo, de la idea pura". Supongo yo, que no le encuentro otra explicación.] Lo escribe Zbigniew Herbert en Un bárbaro en el jardín:
Como toda ciudad medieval, Siena fue la cuna de muchos santos, y ninguna ciudad medieval posee una colección de tan rica de personajes aureoleados. Un erudito de la hagiografía da la cifra astronómica de quinientos nombres. De Siena también han salido nueve papas. Pero como el escudo blanquinegro simbolizaba pasiones contradictorias, también fue una ciudad de derrochadores, de la juventud dorada y de las mujeres contra quienes los predicadores lanzaban sus truenos. El más convincente era san Bernardo, y las mujeres, conmovidas por su elocuencia, prendían grandes hogueras en las que quemaban sus zapatos de tacón, los perfumes y los espejos. Las laude místicas acercaban al cielo, pero también resonaban canciones blasfemas, y Siena tenía su poeta del placer, Folgore da San Gimignano. Los limosneros recorrían la ciudad con sotanas harapientas, y un solo grupo de malgastadores podía dilapidar la vertiginosa suma de doscientos mil florines en una fiesta e irse a cazar. "Gente vana", sisea Dante.
El libro me ha convertido definitivamente a la literatura de viajes, y quizá también a los viajes, si son a Italia. Esa imagen de las hogueras avivadas con perfumes, reflejadas en los espejos, es espectacular. Y ese nombre de poeta del placer, Folgore, ya vale por un poema... Pero lo que  se me ha metido en la cabeza como el clarín de una trompeta es la frase inicial: "Como toda ciudad medieval, fue la cuna de muchos santos..." ¿Por qué no puede decirse eso de ninguna ciudad contemporánea, eh?

miércoles, 10 de noviembre de 2010

martes, 9 de noviembre de 2010

lunes, 8 de noviembre de 2010

jueves, 4 de noviembre de 2010

Subconscientes

En el restaurante la Mesa Redonda, nos encontramos a don Miguel Ángel, el antiguo coadjutor de nuestra parroquia, que aún sigue siendo un sacerdote que presume de joven. Después de los abrazos, desenfundo mi móvil y le muestro unas fotos de Carmencita. Supongo que en defensa propia, saca enseguida su teléfono para enseñarnos la foto de un niño que ha bautizado recientemente. El bebé es feísimo. Llego a temerme que tenga alguna deficiencia y que lo lleve por eso, con un gesto paternal, en su móvil. Sin embargo, la pregunta que me sale de golpe es: “Ah, ¿su sobrino, verdad?”

Bruscamente me contesta que no, no, que es un muñeco que habían puesto en la Castellana, bien feo, aunque ya han pagado por la escultura una pasta en una subasta. Todos nos reímos mucho de mi ocurrencia del sobrino, él y yo con menos ganas.

Luego, haciendo examen de subconciencia de mis motivos para endosarle ese sobrino, pienso que quizá buscase a una velocidad de vértigo una razón (descartando la enfermedad) para que llevase tal adefesio en el móvil. Sin descartar que el subconsciente de mi subconsciente, gamberro, tal vez se estuviera vengando (sutilmente) de la broma de don Miguel Ángel. Cuando recuerdo la escena , me río con ganas, ahora.

martes, 2 de noviembre de 2010

Ten más modestia, muerte

Machado, mediante Juan de Mairena, ironizó sobre el deber profesional de los poetas de hablar de la muerte, y se recreó en la sorpresa que, a pesar de haberla nombrado tanto, se llevaría más de uno al encontrarse de golpe con ella. Por debajo de la broma de humor negro, late una verdad muy honda: la poesía lleva enfrentándose a la muerte desde sus inicios.

A veces, plantándole cara. Otras, huyéndole, como en el viejo “Romance del enamorado y la muerte”. Otras, más de perfil, contando con ella, como cuando José Mateos dictamina que verdadero poema sólo es aquel que puede recitarse a un moribundo. Otras, acompañando a los muertos, como intentaron, incluso físicamente, Ulises, Orfeo, Er el Armenio, Eneas y Dante con sus respectivas bajadas a los infiernos. Bécquer, ya nuestro contemporáneo y, por tanto, resignado, se limitó a lamentarse delicadamente: “Dios mío, qué solos se quedan los muertos”. Buena parte de la grandeza de las Coplas de Jorge Manrique se debe a que no renuncia a ninguna de las posibilidades: tiende astutas celadas a la muerte, la encara directamente y, a la vez, la asume con melancolía y esperanza.

Horacio encontró las palabras precisas, breves e inmortales, que plantaban los poderes de la poesía frente a la muerte: Non omnis moriar (“No moriré del todo”), decía, confiando en sus propios versos. A Unamuno aquello le puso de un pésimo humor y le replicó con ásperos endecasílabos:
¡No todo moriré! Así nos dice
henchido de sí mismo aquel poeta
que odia al vulgo profano y que le reta
a olvidarle esperando le eternice
el reto mismo; es calculada treta.
Quizá se enfadase porque Horacio le llevaba siglos de inmortalidad de ventaja, o porque esa inmortalidad, “donde el recuerdo es lo único que queda” le sabía a poco al cristiano (atormentado, pero cristiano) Unamuno. Lo indiscutible, se ponga como se ponga el rector de Salamanca, es que Horacio ha quedado en nuestro recuerdo, y eso ha dado moral a los poetas para mirar a los ojos a la muerte.

Nadie con más dulzura que John Keats: “A thing of beauty is a joy for ever”, y nadie con más contundencia que su tocayo John Donne, que dio muchas vueltas al asunto. De él es el cinematográfico verso sobre la conveniencia de no preguntar por quién doblan las campanas cuando lo hacen a muerto: ¡es por ti! Pero para compensar, de Donne es también el afilado soneto donde le pone los puntos sobre la i a la misma parca. Víctor Botas lo tradujo con maestría:
Ten más modestia, Muerte, aunque se te haya
erróneamente dicho poderosa
y temible; pues esos que has borrado
no mueren, pobre Muerte, incapaz hasta
de aniquilarme a mí. Si el reposo
y el sueño son tan gratos, cuánto más
no debes serlo tú: así se explica
que los mejores antes den contigo
libertad a sus almas y a sus huesos
descanso. Azar, reyes, suicidas,
son tus amos, habitante de pócimas,
enfermedad y guerras. Y más diestros
que tú son los hechizos. Menos humos
que veremos tu fin; tu muerte, Muerte.
Más pegado a la tierra, reflexiona José Jiménez Lozano en su poema "El precio":
Matinales neblinas, tardes rojas,
doradas; noches fulgurantes,
y la llama, la nieve:
canto del cuco, aullar de perros,
silente luna, grillos, construcciones de escarcha;
el traqueteo del tren, del carro, niños,
amapolas, acianos, y desnudos
árboles de invierno entre la niebla;
los ojos y las manos de los hombres,
el amor, la dulzura
de los muslos, un cabello de plata,
o de color caoba;
historias y relatos, pinturas y una talla.
Todo esto hay que pagarlo con la muerte.
Quizás no sea tan caro.
La muerte como intensificador de la vida ha hecho un gran papel. De ahí a su relación con el amor, no hay más qe un salto. Lo dio la Biblia: “Fuerte como la muerte es el amor”, clama, y los poetas se apuntan enseguida. El recurrente éxito de Don Juan Tenorio por estas fechas radica en su habilidad para mezclar frenéticamente la muerte, el erotismo y la teología. Los poetas españoles han podido tratar a la muerte como una amada porque nuestro idioma, como anotó Borges, permite la metáfora. En inglés, la muerte es masculina. La diferencia de género explica que el gran poeta moderno sobre la muerte en español sea Juan Ramón Jiménez, que supo sacarle resonancias sensuales, mientras que en inglés ha escrito memorables poemas mortuorios Emily Dickinson, recogidos en una antología indispensable: Poemas a la muerte (Bartleby Editores, 2010). Aprovechando su género masculino, la norteamericana en algunos de ellos utiliza la imagen del noviazgo galante y del futuro encuentro conyugal.

El pueblo, en cambio, ha preferido la otra metáfora ancestral: el sueño. Lo canta la copla con clara contundencia:
Cada vez que yo me acuerdo
que me tengo que morir,
echo una mantita al suelo
y me jarto de dormir.
Habría que investigar cuánto ha influido el cristianismo y su fe en la resurrección en posturas tan líricas o tan flamencas. San Pablo constató que la muerte había perdido su aguijón. Lo había cambiado, efectivamente, por un plumín.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Trece sentencias ejemplares de Francisco Pérez de los Cobos


En No hay derecho (La Ley, 2008) escribe: “Seamos, por una vez, humildes, es decir, serios…” Es una frase de escritor puro: un cocktail de inteligencia y gracia. También ha escrito "El verdadero poeta se mide cantando el paraíso". Si la llego a leer un poco antes, pongo esa sentencia al frente de mi reseña a Rocío Arana. Habrá que acercarse a Pérez de los Cobos, por tanto, desde el punto de vista más literario posible. El Barbero del rey de Suecia, con su afición a las altas magistraturas del Estado, no se resiste a ofrecer una selección de trece sentencias ejemplares de su otro libro hasta la fecha, el de aforismos Parva memoria (Tirant, 2006). No son inocentes.

La belleza del mal es relamida.
*
Ser revolucionario es la forma más histriónica de ser superficial.
*
Bloy ha hecho del improperio una obra de caridad.
*
Dios corteja sin premuras.
*
El antónimo de la muerte es la música.
*
Muy moral ya es inmoral.
*
La gente que hace siempre lo que quiere acaba por no saber qué quiere.
*
Hasta el cañaveral luce penachos.
*
Al reino de los cielos se llega herido.
*
Lo peor de un imbécil son sus matices.
*
El “haz el amor y no la guerra” explicita ya una inquietante concomitancia.
*
¿Puede censurarse la vanidad sin caer en ella?
*
La caridad que empieza por uno mismo acaba en uno mismo.
***

domingo, 31 de octubre de 2010

De nuevo, la alternativa

La imagen de los zombies
asusta porque es cierta:
que hay muertos y que andan
lo sé por experiencia.

Por esperanza sé
también, y me reanima,
que la resurrección
es la otra alternativa.

sábado, 30 de octubre de 2010

A mano alzada

El último libro de Enrique Baltanás impacta desde el título: Minoría absoluta. Se podría pensar que, siendo una colección de aforismos, es un guiño al tamaño del género (minoría) y a su ansia filosófica (absoluta). Y sí; pero sobre todo defiende un ámbito donde el juego de las mayorías no deje fuera de juego a la persona, donde cada uno pueda alzar la mano, y cantar las cuarenta.


Ese tono rebelde y respondón lo confirma pronto el propio autor: “Me he pasado la vida siendo un izquierdista serio y aburrido. Creo tener, pues, ganado el derecho a pasarme la otra media siendo un divertido y gamberro reaccionario”. E insiste: “Toda filosofía progresista parte necesariamente de esta petición de principio: la naturaleza no existe… Y si existe, ya la cambiaremos” o “Petición de principio de todo conservador: ‘Las cosas son como son… por algo’”; y de remate: “A los, muchos, que me dicen ‘Yo creo en Dios, pero no en los curas’, les desconcierta a veces mi respuesta: ‘Yo a veces dudo de Dios, pero de la Iglesia, nunca’”.

La minoría no es soledad. En muchos aforismos del libro se escuchan ecos. De Ortega y Gasset (“Occidente, ¿lleva escrito en su nombre su destino?”), de JRJ (“El ingenio es una trampa en la que están deseando caer todos los tontos”), de Eugenio d’Ors (“Metáfora: chispa que se produce cuando corazón y cerebro contactan”), de Antonio Machado (“El primero y principal de los derechos humanos es el derecho a equivocarse”, y a renglón seguido: “El primer deber de todo hombre es el deber de rectificar”), de G. K. Chesterton (“Para practicar el amor libre hay, primero, que librarse del amor”), de Ramón Gaya (“Todos somos indigentes… de algo”) y, por supuesto, de Gómez de la Serna (“La tinta china debería ser amarilla”).

La voz de Baltanás no se ahoga en esos ecos, lo que no es mérito pequeño. Lo más suyo es el cruce entre el humor y la hondura. Ejemplos: “Bien escaso: redundancia”, “Declaración de amor: ‘Podría vivir sin ti, pero no me da la gana’”, etc.

Acompasado con el contenido, el volumen de La Veleta es una pequeña joya. La portada, hermosísima. Lo comprará una minoría, claro, y acertará absolutamente.