sábado, 19 de marzo de 2016

Dos o tres impresiones provinciales


He disfrutado mucho la lectura de Impresiones provinciales, la última entrega del dietario de José Jiménez Lozano. No ha sido el menor placer haberla simultaneado con el magistral y apabullante diario de Andrés Trapiello. Siendo ambos inmejorables en su estilo, se equilibraban.

Por supuesto, he sacado, como siempre de JJL, noticias  interesantes, ideas profundas y lecturas imprescindibles, pero me he llevado dos o tres impresiones muy personales que quiero compartir.

La primera este poema:


CANECILLO  
Muchas veces he visto un canecillo 
en una iglesia abandonada, 
un bufón burlándose: 
—¿Sigues riendo? —le pregunto. 
—Aunque soy de piedra —dijo—, 
¿qué podría hacer, si miro al mundo? 
Yo hago mi oficio. 


A mí también me han preguntado a menudo, con cierto tono de censura, si sigo riendo. Ya tengo mi contestación: hago mi oficio.

Más tarde habla del oficio del fotógrafo. Yo, que defiendo el yo en literatura, he recibido estas palabras como agua de mayo, claro: la fotografía es válida y salvífica "verdaderamente, sólo si el fotógrafo, como el pintor lo hizo siempre, consigue constituirse en el sujeto del fotografiar: esto es, capta el sentido y se lo otorga a la realidad fotografiada".

Y una tercera impresión incluso más personal. ¿Más todavía? No, más no, pero más biográfica. Fui yo el que di el teléfono a un amigo que quería invitar a JJL a la Academia de Artillería. Me ha dado un alegrón ver que aquella visita, para la que puse mi granito de arena —o de agenda—, salió tan bien: