viernes, 4 de noviembre de 2016

Patadas a los pollitos y mucho más

No soy fanático savateriano, pero esta entrevista es extraordinaria. Es también una entrevista un tanto sorda, cada uno hablando de lo suyo, lo que resulta más chocante en Jonás Trueba, que fue, parece, a hablar de cine, y al que, por fortuna, Savater no hace demasiado caso. Yo tampoco. Me he quedado con estas respuestas de Savater, que copio (empecé con una, a ver si adivináis cuál) para memoriazarlas:


Otro de los efectos malos de la culpabilización es que la gente no se atreve a hacer cosas. Al hacer cosas te pueden criticar. Este país está lleno de gente que acierta siempre porque no mueve un dedo para nada.
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El educador educa para que el educado pueda irse y prescindir de él. 
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Yo siempre he querido que haya héroes y santos, me gusta que los héroes sean héroes y  que los santos  sean santos, que haya figuras que enseñan que se puede ser hombre siendo un poco más que hombre.
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La diferencia entre una película mala, que a mí a veces me encantan, y una buena, es que la película mala te cuenta una cosa, y la película buena te cuenta una cosa y algo más. 
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Decir que no hay que dar patadas a los pollitos está muy bien, pero no estamos hablando de eso.
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[Antes de la muerte de su mujer, Savater] tenía un fondo de alegría siempre. Aunque tuviera un cólico nefrítico o estuviera en la cárcel, estaba alegre porque hay cosas nuevas que pasan en la cárcel. Ahora es al revés. Hace dos años que no tengo ni una sola hora alegre.
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Esa es una teoría de Spinoza: la virtud y la alegría son lo mismo; la alegría de alguna manera es el signo de salud moral. O Montaigne cuando dice “Yo no hago nada sin la alegría”
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[Sobre el luto y la tristeza por la viudez, que algunos le dicen que resulta exagerada] Es como si a alguien le cortan una pierna y a la semana siguiente te dicen “Oiga, sigue usted cojeando”. “¡Fíjese que no me ha crecido otra!”.
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[Sueña con sus padres y con su mujer] Sueño con horror, aparecen, me preocupo: “¡Ay, se van a morir!”. Y luego digo: “No, no, menos mal que se han muerto”. 
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El entusiasmo no se transmite, se contagia. A mi madre le gustaba mucho leer pero su ídolo literario era Agatha Christie. Christie cada dos años sacaba una novela que vendía en todos los idiomas del mundo, y mi madre compraba la novela. Aparecía la novela, mi madre la compraba y desaparecía y ya no la volvíamos a ver hasta que acababa el libro. Ella, que estaba siempre hiperpresente en la casa, desaparecía hasta que terminaba la novela. Yo no necesitaba que mi madre me dijera: “Cuánto me gusta leer novelas de Agatha Christie”.
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Hannah Arendt: si los profesores son revolucionarios los alumnos están jodidos, porque las opciones son o bien imitar al profesor en lo revolucionario, y por tanto ya no ser revolucionario, o revolucionarse contra el profesor, en cuyo caso tendrían que convertirse en reaccionarios para llevarle la contraria.
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No creo que la educación lo resuelva todo, pero creo que en la solución de cada problema siempre hay una parte de educación.
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La secta de los que creen en la ley de la gravedad es mejor que la de los que creen que Superman vuela.
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He llegado a pensar que había muerto yo y no ella [Sara, su mujer], y que la pena que yo tenía en el infierno era pensar que estaba vivo y que ella se había muerto.
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En cambio, con mis alumnos nunca he tenido mal genio. Todos los profesores que sabían que tengo mal genio se asombraban de lo dulce y lo paciente que era con ellos. Y yo decía: “Es que vosotros no tenéis derecho a decir gilipolleces. Ellos sí. A mí me pagan por enseñarles cosas. Si ellos fueran sabios yo tendría que dedicarme a otra cosa”.


7 comentarios:

Anónimo dijo...

La primera fue la de los héroes y los santos o la de Spinoza, no? Comparto tu entusiasmo por esta entrevista y por otras muchas de Savater.

Anónimo dijo...

Y si no, la de Hannah Arendt...

Marcela Duque dijo...

Yo digo que la primera fue la de Arendt.

Marcela Duque dijo...

Aunque acabo de darme cuenta que la entrada se titula "patadas a los pollitos", así que... Mi favorita, en todo caso, la de Arendt.

alfonso paredes pérez dijo...

Por evidente, no será la de los 'pollitos'. Apuesto por la del infierno, la penúltima. Sabe a Dante y habla del amor a su esposa. Podría ser tuya ;)

AP.

Ignacio Trujillo dijo...

Gracias, por traer aquí esa entrevista que no tiene desperdicio. A mi me parece de una profunda lucidez lo de la teoría de Spinoza: la virtud y la alegría son lo mismo; la alegría de alguna manera es el signo de salud moral. O Montaigne cuando dice “Yo no hago nada sin la alegría”
Es que es así.

Gonzalo García Yangüela ن dijo...

Yo en cambio creo que empezaste por el educador que educa para que el educado se vaya.