lunes, 8 de mayo de 2017

La Bestia y el Ángel


Las miserias del lector no tienen fin. Estoy leyendo en la preciosa primera edición de Jerarquía el poema de La Bestia y el Ángel de José María Pemán. Muy apasionante. Un gran esfuerzo poético que no concuerda con la imagen que yo traía de él como poeta neopopularista y sentimental. Junto a la guerra, dentro del poema, se establece otra lucha entre los fragmentos más de época y aquellos que levantan el vuelo poético. Pero la miseria es que en el cuarto empiezan a aparecer lúas, que salen de no sé dónde. Me entra una angustia más real que la del poema, otra lucha. Busco en el móvil las diferencias entre las lúas de hormigas (que doy por amortizadas) y las de termitas, que me aterrorizan. Luego, usando la cámara del móvil como lupa, las estudio en plan Junger y, aunque quedo convencido de que son hormigas, no me quedo tranquilo del todo y vuelvo a mirar cada dos por tres. Entre La Bestia y el Ángel se ha interpuesto una épica minúscula de mi casa cercada por insectos que interfiere con la cósmica y nacional del poema de Pemán. Tengo que cerrar el libro, derrotado por mi propia pequeñez.


3 comentarios:

Ana R. Agüero dijo...

Enrique, este mes de mayo es una fiesta sin fin, porque has recuperado la entrada diaria. Y qué variedad, y qué belleza, va de una a otra. Todos los días pienso en dejar un comentario y no lo hago, pero todos los días leo y disfruto.
Gracias por este altísimo ritmo. Cuando no puedas más, lo rompes, pero qué gusto mientras tanto leerte.

Enrique García-Máiquez dijo...

Qué bien. Gracias por acompañarme.

Josefina dijo...

Totalmente de acuerdo con el comentario de Ana R. Aguero. Que siga mucho tiempo sin romper el ritmo.