sábado, 27 de enero de 2018

Ortodoxia y jerez



Siempre había sospechado que el vino en general y el jerez en particular tenían secretos vasos comunicantes con la ortodoxia. La serie Grantchester , por desgracia, ha acabado sacándome de dudas. Y he recordado a los tres mosqueteros del catolicismo que jerez ha dado a Inglaterra, aunque han sido de ida y vuelta.

1- Father Francis Xavier Morgan Osborne, el tutor de JRR Tolkien:



2- El elegantísimo Monseñor Gilbey, que encontró un pasaje del esnobismo a la santidad:



y 3- Canon Alfonso de Zulueta, del que no he logrado dar con ninguna fotografía. Era hijo único, rico y aristócrata y, para perplejidad del mundo, lo dejó todo. Fue capellán de Oxford hasta que, durante la guerra civil, hubo sospechas de que hiciese labores de espía por sus contactos con su pariente el duque de Alba. Prefirió dejar el puesto. Todos los inviernos nadaba en las playas de Cádiz, y así se ahogó, ya muy anciano. Yo disfruté de su biblioteca, en la finca la Alcaría, que fue suya, que tenía una capilla impresionante y que habían heredado unos sobrinos suyos y amigos míos. Allí leí, precisamente, How to be a Brit de Georges Mikes, entre risas angloandaluzas.



Ahora pienso que la anglofilia de la baja Andalucía nunca ha dado en anglicanismos. El catolicismo romano no se ha tocado. Y esto tiene dos lecturas, a cada cual más alegre y quizá hasta compatibles. O en el sur no se pierde el norte de qué es lo que importa y lo que está por encima de las bromas. O lo verdadero inglés, como querían Chesterton y Copleston, es la Merry England que era (¡que es!) the Dowry of Mary. Brindemos por ella y por Ella. Con jerez, naturalmente.


viernes, 26 de enero de 2018

Regadera



Enrique viene a contarme que se le ha ocurrido otro nombre para la colita: "Regadera". "¡Es estupendo", le digo, "qué metáfora tan floral. ¿Se te ha ocurrido a ti solo?" "A mí sólo", dice orgullo, y da sus explicaciones: "porque lo parece, ¿verdad?, y así no hay que llamarle ni pito ni ..." "Sí, sí, es un nombre perfecto. Además eso explica que algunos adolescentes, con la edad, estén como una regadera. Qué bien".

Enrique añade: "Carmen me dijo que te lo contase enseguida, que te iba a encantar". Me vuelvo y allí está Carmen, encantada de ver (al contrario que Casandra) lo buena que le ha salido la predicción. "¡Cómo me conoces, Carmen!".

"Tú eres para mí un libro abierto".


El fuego



Con los rescoldos de anoche, enciendo la chimenea de esta madrugada. Hay una hermosa imagen de la tradición ahí, y un ahorro en cerillas, en pastillas de encendido y en piñas. 

Pero eso ya lo sabía. Lo mejor es que en la casa oscura y silenciosa, el fuego en la habitación de al lado suena como uno de los niños que se ha levantado antes de tiempo y da pasos tímidos, tropezones, somnolientos, descalzos y tibios aún de la cama.


miércoles, 24 de enero de 2018

Dedicatoria


Don Joaquín Antonio Peñalosa hizo esta maravillosa dedicatoria:


¿Se lee bien? Dice: "Querido José Luis, te confieso estos versillos por ver si merecen tu absolución. Con el mayor afecto, de J.A.P. San Luis Potosí, 1986". Supongo que sería a su director espiritual, y yo estoy deseando dedicarle un libro a mi confesor. copiándole la dedicatoria al pie de la letra, aunque me tenga que confesar seguidamente de haber robado.

Pero es una dedicatoria que todo escritor confesional podría escribirle a cualquier lector suyo, prácticamente sacramental, que, desde luego, mucho tendrá que perdonarle. Por esto me gusta tanto: por su carácter universal.

Y también me gusta el colofón: 


Sí, lo han adivinado. Me encanta lo de "El tiro fue...". Ya saben: las armas y las letras.

martes, 23 de enero de 2018

Francesca Girardiana


Estoy siguiendo un curso en Yale, como quien no quiere la cosa.

Sobre la Divina Comedia

Estuve a punto de salirme de clase cuando Giuseppe Mazzotta dice que en el encuentro de Dante con los grandes poetas de la Antigüedad, en el Limbo del canto IV, está la hybris de considerarse un gran poeta, como la serpiente en el paraíso. Me parece ingeniosa la interpretación, pero yo no la veo. No hay sentimiento de culpa en Dante ni de peligro. Estamos ante un homenaje al canon y a la capacidad de acoger que tiene la tradición, en la que uno, enseguida, es uno más de la noble compañía, por muy menor que sea. En el limbo de Dante hay nobleza por todas partes, aunque no haya esperanza. No veo serpientes.

Por fortuna, mi enfado no me echó de clase. Porque Mazzotto, en el siguiente canto, hace una lectura magistral del episodio de Francesca y Paolo. Es una advertencia, dice, contra la lectura mimética, que fue la que hicieron ellos y que acabó en la infidelidad. Cita con mucha razón Girard y es un caso (ceñido a un canto) que nos hace la misma advertencia que el Quijote.

La literatura es el jardín de los senderos que se bifurcan, pero hay dos caminos en un cruce principal: el que va a la catarsis, el que va a la mímesis. No conviene nada confundirse.


lunes, 22 de enero de 2018

Memento mori motorizado


El amigo que cuidó mi vespa durante diez años, hasta que los Reyes Magos hicieron su milagro, me manda los papeles en un sobre con este dibujo. Oh.

Ahora, aunque es invierno, hago mis gestiones en moto, y me siento como Mr. Knightly, cuando Emma le riñe porque, pudiendo y debiendo ir en carruaje, iba a caballo a las reuniones sociales.

Quizá entretenido en esas fantasías, me salto un ceda al paso y una camioneta de reparto de pescado casi me deja frito. Me pasa rozando. La esquivo con una anacrónico giro de cintura que fuerza la cabriola exacta de la vespa. Le falta un relincho de película.

Entonces veo que en la esquina estaban los padres de un amigo, que miran pasmados, asustados del susto, y que tres metros más allá venían dos señoras solteras de toda la vida, que tampoco se han perdido la escena. No se puede decir que he visto los ojos de la muerte --tan despistado iba-- pero sí he visto los ojos que habrían visto los ojos de la muerte. 

La euforia de la vespa pródiga es tal que me ha hecho mucha gracia este memento mori retroactivo y motorizado.


sábado, 20 de enero de 2018

Encuentro fugaz


Llamé para que me recogiesen una hora y media más tarde en Atocha porque me había salido un compromiso ineludible. No les hizo demasiada gracia, pero, como son encantadores, se resignaron. Repetí: "Perdón. Es importante".

Resultaba que Leonor, que llevaba dos días en Madrid, terminaba antes su última reunión de trabajo, y podíamos comer juntos en Atocha. En el aparcamiento de la estación de trenes del Puerto había visto, qué casualidad, un sitio vacío al lado de su coche. Pensé poner mi coche al ladito, como un guiño conyugal, y que se llevase la sorpresa cuando llegase de ese recibimiento delegado, como un ramo de flores (diesel). Pero había aparcado tan mal (ejem) que se metía en mi espacio de la batería y, si yo hacía el romántico, no iba a dejar entrar al conductor del coche del otro lado. Estaba claro por qué estaba libre ese sitio, precisamente. No era casualidad. Ahora, con el encuentro en Atocha, podía resarcirme del romanticismo perdido.

Mientras la esperaba, me compré unos auriculares. Descubrí una nueva versión de envejecer. Ya no es que te traten de usted en las tiendas porque nadie trata de usted. Es que, mientras me atendían (muy amablemente, por cierto, con mucha consideración), comentaban lo guapísimo que era uno de los policías nacionales que pasaba por allí cada dos por tres. Como yo soy muy de las Fuerzas de Seguridad del Estado, me pareció bien. Y además ya llegaba Leonor.

Fue muy emocionante. Verla llegar. Comer juntos como ganándole una partida al estrés por la espalda. Casi podríamos decir que con ese encuentro fugaz, furtivo, cruzado, le estábamos poniendo los cuernos a la vida moderna. Je. Nunca hemos sido nada de escapadas, como algunos matrimonios amigos. La palabra y el concepto me gustan poco. ¿Escapar de mi casa? No, gracias. Pero si, en vez de eso, puede ser un encuentro, qué bien. Lo aconsejo vivamente.



viernes, 19 de enero de 2018

La salvación de la Alcarama


[Una amable lectura, preguntaba por esta reseña que publiqué en Ambos mundos hace cinco o seis años. Se ha caído de la red, y yo la subo, porque los libros que en ella recomiendo son una delicia y por ellos pasa el tiempo, claro que sí, pero por dentro, para remansarse, no por fuera.]


Con Leyendas de la Alcarama (Gadir, 2011), culmina Abel Hernández (Sarnago, Soria, 1937) la trilogía dedicada a su pueblo natal y a la Sierra de la Alcarama, en las Tierras Altas de Soria. Los libros precedentes fueron Historias de la Alcarama (Gadir, 2008) y El caballo de cartón (Gadir, 2009). Éste último ganó el Premio de la Crítica de Castilla y León 2010, que puede entenderse como un premio por adelantado a la trilogía.

Abel Hernández es periodista político de reconocido prestigio, con varios ensayos de análisis de la transición, que vivió en primera línea. No es insólito que un periodista, acercándose al final de su carrera, compendie lo visto y lo vivido, y logre un resumen importante. Ha sido el caso de Abel Hernández con su Suárez y el Rey (2009), premio Espasa de Ensayo. Sí resulta inusual que un autor haga su primera incursión literaria con más de setenta años y dé una obra tan cuajada como Historias de la Alcarama (2008), memorias de su infancia rural.

Y que vuelva a repetir la hazaña y superarla al año siguiente, ya resulta increíble. Y que la remate tan brillantemente como con Leyendas de la Alcarama, nos demuestra que estamos ante un caso único. De la última entrega nos dice en la primera página: “este libro cierra el círculo”. No cierra, le corregiríamos: lo ahonda; y no un círculo, sino una espiral. El gran hallazgo de su trilogía es, precisamente, que no es ni circular-cerrada ni lineal-acumulativa. La primera entrega bajo el género epistolar —cartas que el autor escribe a la más pequeña de sus hijas— era un texto memorialístico. El caballo de cartón se adentra en la narrativa: se construye sobre un viejo y breve diario de infancia encontrado de forma casual, con un halo de misterio novelesco. Los fragmentos del diario del niño son de una gran pureza y los comentarios del adulto al hilo demuestran que, por encima de los años y las distancias, la personalidad del autor se ha mantenido a salvo. En Leyendas de la Alcarama hay otro cambio de género. Abel Hernández se pasa a la narrativa-mítica, mezclando y confundiendo una historia casi costumbrista con el recuento de las viejas leyendas. Fijémonos, además, como cada libro empieza apoyándose en un género para dar un paso adelante: epistolario-memorias, diario-narración, y relato-mitología.

Cada libro representa, pues, dos pasos en una aproximación cada vez más honda a la realidad de aquella tierra: la nostalgia desde el presente que se ofrece al futuro (Historias de la Alcarama); una narración que se rescata del pasado y que se glosa en el presente (El caballo de cartón), y la invención de una vieja historia que entronca, finalmente, con los mitos intemporales (Leyendas de la Alcarama). Admira que el escritor Antonio Ferres, hablando sobre el primero de los libros, ya viese la intención de la trilogía: “Todo va hacia atrás, y las tierras y la Historia renacen”. Hernández trata de reconstruir y repoblar el viejo pueblo abandonado de Sarnago desde todos los puntos posibles de vista. Que el autor es bien consciente de este perspectivismo lo demuestra este diálogo recogido en la tercera entrega:

“—¿Y qué diferencia hay entre historia y leyenda? —se atrevió a preguntar Esteban.
—Muchas veces se confunden, porque son inseparables —respondió el de la mula—. A mi parecer, la historia se queda en lo de fuera, en lo material, en lo aparente, y las leyendas encierran el alma de los pueblos.
—Pero, ¿cuál es más verdadera?
—No lo sé, puede que la leyenda, por eso perdura más”.

Abel Hernández juega sabiamente con el tiempo y con nosotros. En El caballo de cartón repite muchas cosas que ya contó en Historias de la Alcarama, y también se repite mucho dentro del libro. No es un error, sino una técnica muy refinada para que su memoria acabe siendo la nuestra, de modo que, cuando él vuelve a recordar, nosotros lo hacemos con él. En Leyendas de la Alcarama ya todo lo que se nos cuenta trae consigo un recuerdo sentimental en el lector o su eco. No lo hace para demostrar sus poderes técnicos como escritor: Abel Hernández necesita que recordemos como cosa nuestra la vida y los hechos de la Alcarama y que los amemos, pues sabe muy bien la verdad que encierra este poema de Ezra Pound con el que abrió su trilogía:

Lo que quieres de verdad perdura,
el resto es escoria.
Lo que quieres de verdad no te será robado,
lo que quieres de verdad es tu verdadera herencia.

Toda esta compleja arquitectura literaria convive con una sencillez estilística de vaso de agua clara. Mana de las lecturas que hacían en la lejana infancia del autor hacía en su casa, en voz alta, en familia, al calor de la hoguera, a la luz de un candil, de los viejos romances y de El Quijote. Y debe mucho, sobre todo, a la advertencia insistente de su madre: “No retoriquees”. En la prosa de Hernández, la emoción nace de la exposición de los hechos desnudos, y hay un gusto muy carnal en la realidad misma y en los nombres propios de las personas y en los concretos de los animales y las plantas y los fenómenos meteorológicos.

Al fondo, late una poética del bien. Se ve en su enfoque de la guerra civil, en el recuerdo amable de sus vecinos, en el amor por la naturaleza, a la familia, al pueblo, a las viejas leyendas… Abel Hernández lo confiesa expresamente: “Que me perdonen Baudelaire y Umbral, pero no me atrae nada la belleza de los lirios hediondos”. La trilogía pretende salvar una tierra y un tiempo, y el escritor sabe que la salvación verdadera sólo viene, sólo puede venir, del bien.



martes, 16 de enero de 2018

Mi esperanza no es presunción (en ninguno de los sentidos)



Dijo una vez Rabí Elimélej: "Estoy seguro de que seré admitido en el mundo venidero. Cuando esté frente al tribunal de justicia superior y me pregunten: '¿Estudiaste todo lo que hubieses debido?', contestaré: 'No'. Entonces me preguntarán: '¿Oraste todo lo que pudiste?' Y de nuevo mi respuesta será: 'No'. Y me harán una tercera pregunta: '¿Hiciste todo el bien que pudiste?' Y también esta vez responderé lo mismo. Entonces pronunciarán el veredicto: 'Dijiste la verdad. Por amor a la verdad, mereces ser admitido en el mundo venidero'".

[Cuánto tenemos que agradecer al autor de este cuento jasídico.]

lunes, 15 de enero de 2018

Llueve


Cada vez que llueve y escampa, recito entre risas el haiku de mi hermano Jaime:

Ya sale el sol.
La lluvia se resguarda
bajo los árboles.

Es tan bueno y tan verdadero que bloquea hasta la mínima sombra de Caín que podría cruzar por mis ojos maravillados. Me dan ganas de ponerme bajo un árbol, incluso bajo la macrocarpa del jardín, para calarme hasta los huesos viendo el sol. 


 
 

sábado, 13 de enero de 2018

viernes, 12 de enero de 2018

La Hermandad de los mil hijos de Falstaff



Estatutos de

La Hermandad de los mil hijos de Falstaff

If I had a thousand sons, the first humane principle I would teach them should be, to forswear thin potations and to addict themselves to sack.

Si mil hijos tuviera, el primer principio humano que les inculcaría, sería abjurar de todo brebaje infecto y dedicarse por entero al jerez.

1.       1) Podría haber sido una asociación o una sociedad, pero siendo hijos de Falstaff no queda otra que ser Hermandad. Sin lazos de sangre, pero de vino, que también es más espeso que el agua.

2.      2) La Hermandad tiene, irremediablemente, numerus clausus. Falstaff, en su discurso fundacional, lo dejó claro: “Si mil hijos tuviera…” Ya puestos, en el calor del momento, podría haber dicho cien mil hijos o un millón de criaturas. Pero se ciñó a mil. Estarán ésos: ni uno más ni uno menos.

3.      3) Se abrirá una lista de espera llamada o los nietos infinitos de Falstaff o los sobrinos inagotables de Dickens, que también era partidario del jerez. La lista de espera tiene que ser cómoda porque, entre las innumerables propiedades benéficas del jerez, está que alarga la vida. Correrá poco, gracias a Dios, la lista. No el vino —fino, oloroso, manzanilla, palo cortado, amontillado, médium, pedro ximénez...— que correrá lo que tenga que correr.


Fin social
4.      4) El fin social son sus medios: las copas que se tomarán. Un fin sin fin. Siempre la penúltima.

5.      5) Esto tiene sus consecuencias. Las explicó Falstaff: “Un buen jerez produce un doble efecto: se sube a la cabeza y te seca todos los humores estúpidos, torpes y espesos que la ocupan, volviéndola aguda, despierta, inventiva, y llenándola de imágenes vivas, ardientes, deleitosas, que, llevadas a la voz, a la lengua (que les da vida), se vuelven felices ocurrencias”. Por tanto, aunque alguna vez tendremos que consolarnos, por supuesto, y para eso el jerez no nos dejará solos, ésta es una hermandad de gloria, en la que ha de imperar, en principio y por principio, la felicidad, bien expresada y redoblada en escritos y conversaciones.

6.     6)  “La segunda propiedad de un buen jerez”, sigue Falstaff, “es que calienta la sangre, la cual, antes fría e inmóvil, dejaba los hígados blancos y pálidos, señal de apocamiento y cobardía. Pero el jerez la calienta y la hace correr de las entrañas a las extremidades. Ilumina la cara que, como un faro, llama a las armas al resto de este pequeño reino que es el hombre, y entonces los súbditos viles y los pequeños fluidos interiores pasan revista ante su capitán, el corazón, que, reforzado y entonado con su séquito, emprende cualquier hazaña. Y esta valentía viene del jerez”. Por tanto, la cobardía estará fatal vista en la Hermandad. No repartiremos plumas blancas porque, bebiendo jerez, no habrá ocasión. Si alguno, tuvo alguna vez “la sangre fría, cual tierra yerma, árida y estéril”, aquí “la ha abonado, arado y cultivado con tesón admirable bebiendo tanto y tan buen jerez fecundador que se ha vuelto ardiente y valeroso”.

7.    7)   En resumen, el fin es el medio y es el medio inmejorable para mejorar en ingenio y en genio. Esta es una Hermandad, por tanto, perfeccionista.

8.   8)  No se puede pedir más. Lo que no obsta para que algunas reuniones puedan aprovecharse para apoyar alguna labor social. Ya se sabe que el vino abre el corazón del hombre no sólo a la alegría, que entra, sino a la piedad, que sale, como con vasos comunicantes, siempre al mismo nivel.


Modus operandi

9.   9)    El jerez no se bebe, se combebe, conviviéndose. Siempre hay que beberlo en buena compañía, y esta Hermandad es, como mínimo, una prueba más.

10.   10) Lo que no quiere decir que quien lo bebe solo haga mal ni falte al art. 9. El jerez también se combebe haciendo presencia de los ausentes y memoria de los difuntos. Una copa de vino en silencio puede y debe y tiene que ser populosa, siempre.

11.  11)  José de las Cuevas, con inmejorable prosa, establece la norma del beber civilizado: “Debe ser bebido, no con moderación, sino con mesura; no con continencia, sino con contención, remachando y arrastrando las erres en vez de tropezarlas”. José María Pemán, en verso, no se queda atrás y nos da otra norma fundamental de nuestra Hermandad:
Beber es todo medida
alegrar el corazón
y sin perder la razón
darle razón a la vida.

12.  12)  Los falstaffianos prefieren la práctica, pero les entusiasma la teoría. El interés por el jerez, la manzanilla, sus tipos y sus modos ha de ser vivísimo y celebrado con catas que consoliden el conocimiento libresco de un modo experiencial.

13.   13)  Hay un jerez para cada ocasión y un falstaffiano no se pierde una.

14.    14) Si alguno es remilgado, no nos metemos, porque cada cual tiene su carácter, pero la Hermandad no beneficia ningún modo ni horario ni marca ni maridaje ni manía personal en lo que respecta a tomar jerez. Todas las formas y todas las maneras son buenas maneras y muchísimo mejores que no beberlo.


Sede y reunión

15.    15) La sede social estará allí donde tres o cuatro se reúnan en un brindis, dicho sea, con todo respeto y brindando por Aquél que también puso su sede social en ese lugar ubicuo, festivo y comunitario: el dos o tres reunidos en su nombre.

16.   16)  Como queda dicho supra, de esos tres o cuatro reunidos en el brindis, algunos pueden ser ausentes que se recuerden con tanta viveza que hasta beben con nosotros; y lo harán, en su caso, del sorbo de los ángeles, que compartirán con ellos: los ángeles y las almas en otra fiesta paralela. Algo así como El Entierro del Señor de Orgaz, pero por lo jovial.

17.   17)  Se celebrará, no obstante, una reunión anual y general que, por imperativos logísticos, consecuencia impagable del número de hermanos, tendrá que ser en un casco de bodega, afortunadamente. La bodega ha de estar encuadrada en el Marco, sin salirse ni un centímetro del triángulo Jerez-Sanlúcar-El Puerto de Santa María.

18.  18)  La reunión se celebrará alrededor del 23 de abril, para brindar por Shakespeare, pero a la par por Cervantes, que era su par y que habló “de los que se alegran en los elíseos jerezanos prados” y ésos, literalmente, seremos, bien alegres, nosotros, los hijos de Falstaff, un punto quijotescos.

Miembros

19.  19) No hay requisitos de edad ni de nacionalidad ni de patrimonio ni de filosofía para pertenecer a la Hermandad de Falstaff. Sólo faltaría, teniendo a tal patrón. Eso sí, todo hijo de Falstaff habrá de mantener, demostrar, sostener y defender una afición desmedida por el vino de Jerez sin dejar pasar ocasión de probarlo o de aprobarlo con hechos y palabras.

20.   20)  El interesado, si todavía quedan vacantes, solicitará su inscripción y será recibido con los brazos abiertos y un brindis o dos a su salud. (O tres.) Si entra por un hijo de Falstaff que pasó a mejor Hermandad, el nuevo está obligado a tenerlo siempre en su memoria y a brindar por él con alta frecuencia.

21.   21) No habrá cuotas, más allá de la entrada a la reunión correspondiente, si acaso. A la Hermandad se contribuye liberalmente mediante el mantenimiento y auge del jerez por un consumo constante.


Abjuramiento

22.   22)  En la reunión, se celebrará con toda formalidad el abjuramiento de los nuevos hermanos, sobre un tomo de Enrique IV. Ya saben: “Abjuro de todo brebaje infecto y me consagro por entero al jerez”.

23.   23)  El abjuramiento se ciñe a un solo principio humano, sin meterse con los divinos, que van antes. En la Hermandad Falstaff impera la libertad de conciencia y de culto, siempre y cuando esa conciencia o ese culto no pongan inconveniente alguno al trasegar de vinos de jerez o, aunque lo pongan, el hermano en cuestión no les eche ninguna cuenta.

24.   24)  En casos de fuerza mayor, como andar desorientados por el desierto o haber naufragado en alta mar, se podrá beber cualquier potingue. La Hermandad no exige el martirio de nadie.

25.   25)  También, en aras de la buena educación, cabrán excepciones. Si uno está invitado a cenar en la casa de la dueña de una empresa de bebidas gaseosas y azucaradas, puede pasar por el trance del trago, sin añadir a su particular tragedia el cargo de conciencia de estar faltando a su solemne abjuramiento.

26.    26)  El agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta, puede consumirse y hasta disfrutarse, si se tiene mucha sed. No se la considera “brebaje infecto”. Pero se recomienda beberla con moderación.

27.    27) “El que sólo bebe cerveza se lo merece”, dijo Millôr Fernandes, con una crueldad finísima. El que sólo bebe bebidas carbonatadas se inflige su castigo.

28.    28)  Situado en una coyuntura en que un falstaffiano haya de tomarse una copa larga, optará o por el brandy de Jerez, dándole la vuelta de tuerca o, mejor dicho, de alquitara, a la coyuntura, o, si acaso, un whisky envejecido en botas de jerez, para agarrarse al sabor y al empaque que el jerez donó generosamente al escocés. Salirse de ahí se desaconseja, aunque sin fanatismos.

Órganos de gobierno

29.   29) Los órganos de gobierno no se elegirán democráticamente. Falstaff no nos lo perdonaría. La Henriada de Shakespeare, donde nuestro patrón vela sus mejores armas, es una defensa en toda regla de la monarquía medieval.

30.    30) Las decisiones de gobierno de la Hermanad de Falstaff serán tomadas por la tertulia de escritores del Marco de Jerez. Lo harán en calidad de primogénitos. No habrá ni presidente, ni secretarios, ni vocales ni perrillo que les ladre.

31.   31) Las decisiones se tomarán por aclamación y, como se beberá jerez mientras se dialoga, el acuerdo final y festivo y fraterno puede darse por descontado.


Sistema penal

32.    32) No se nos ocurren razones por las que nadie podría ser expulsado de la Hermandad de los Mil Hijos de Falstaff, pero pudiera haberlas. Pre-revolucionarios, confiemos en la jurisprudencia y dejemos que los jueces decidan los delitos y, en su caso, las sanciones. La jurisprudencia se irá haciendo según el sistema de solera y criaderas.

33.    33) Jueces serán también los miembros de la tertulia de escritores del Marco de Jerez y no podrán dictar sentencia hasta que hayan tomado varias copas. ¿Cuántas? Lo mejor es no contarlas: hasta donde impere la misericordia y el humor.


Pemaniana por Falstaff


En honor a Falstaff, hemos traducido a Pemán:
In drink, balance is the art:  
to give joy to the heart  
and, without losing one’s head,  
life and light wed.

["Beber es todo medida/ alegrar el corazón/ y, sin perder la razón,/ darle razón a la vida"] Logo de Ximena Maier.

miércoles, 10 de enero de 2018

Sí, pero



Cualquiera escribe un haiku, 
sí, pero 
¡cualquiera escribe un haiku…!