sábado, 7 de abril de 2018

Vaya


Me sorprende a menudo que mis amigos no valoren mi perspicacia psicológica y mi pulso con el bisturí moral para interpretar las intenciones y los móviles de los demás, sobre todo cuando los hechos me dan la razón enseguida casi siempre. Hasta que he comprendido la razón de tanta resistencia a rendirse a este talento mío. Si lo reconociesen, no podrían pensar que mis egoísmos y comodidades son inconscientes o que mis torpezas son inherentes y no el fruto revenido de una atroz indiferencia. En realidad, con no reconocerme el talento están defendiendo mi talante. Se equivocan, claro, pero se lo agradezco. Y me hago el firme propósito de no lamentar (ni para mis adentros) que no se me pasmen hasta que yo, por mi parte, no les haya allanado el camino para que puedan pensar que me doy cuenta de toda sin tener, por eso, que enfadarse conmigo, como tendrían que hacerlo.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Es un mensaje cifrado?

Jesús Ares Fondevila dijo...

A ver si lo entiendo, Enrique. ¿Estás entonando un "mea culpa"? Porque el texto es un tanto alambicado.

Enrique García-Máiquez dijo...

Oh, ah, ja, ja, ja, perdón y gracias.

No es un mensaje cifrado, sino uno, gracias, Jesús, alambicado. Supongo que la autocrítica mío da muchas revueltas. Disculpad. Lo intentaré resumir y aclarar con un aforismo: “No aprecian tu capacidad crítica hasta que no te la apliques a ti mismo; y hacen bien”.

Candela dijo...

Yo no he entendido n'a