sábado, 26 de mayo de 2018

Zasca filial



Mi hija salía para un cumpleaños. Entre fiestas escolares, primeras comuniones, santos, meriendas informales y cumpleaños, tiene una vida social propia apabullante. Aproveché la ocasión para darle unos consejos: “Da siempre las gracias, aunque no haya de quien, juega con todas, déjate ganar, come de lo que te gusta, no te atiborres, no llores, dile “guapa” a las gordas…” En ese momento, percibí una mirada punzante como un taladro y un segundo de indecisión entre afearme mi falta de sensibilidad o mi educación en la insinceridad. Fue un segundo. También percibí como vencía una sonrisa ladeada que no auguraba nada bueno: “Vale, g-u-a-p-o”, me dijo con tanta intención como obediencia.

viernes, 25 de mayo de 2018

Crisis de crecimiento


Carmen ha decidido ser poeta. Apenas pinta. Y escribe poemas sin parar. En cualquier momento te la puedes encontrar con la mirada perdida y una leve sonrisa hondísima, pensando versos.

No es esta feracidad la que me preocupa. Puede que estemos ante una crisis de crecimiento poético y ya está. Lo que me hace temerme lo peor (que nos salga poeta) son otros pequeños indicios.

Incluso en los poemas peores, hay siempre un cuidado por el significante de las palabras, por el sonido, por el juego.

Mientras recita los poemas, te escruta atentamente para percibir el menor indicio de crítica en tus ojos. Si lo hace, estás perdido. Hoy me ha leído este, con un aire a las nanas de Alberti: 
¿LO HAS VISTO? 
--¿Lo has visto?  
El amor 
que está en un jarrón. 
--No lo he visto. 
--¡Sí está en tu corazón...!
He cometido el craso error de decirle: "Éste está bien". Se ha puesto furiosa: "Entonces el del oso amor-oso no te gustó, ¿no?". 

Otro indicio dramático es que la creación está interfiriendo con la lectura. Apenas tiene tiempo. Ay.

Y asalta a los extraños. Ayer vino recitando poemas al conductor del autobús escolar.

Por último, recicla los poemas. El mismo poema de amistad que le dedica a una amiga, cambiando el nombre lo usa para otra. Es el descubrimiento del valor universal de la poesía.

Hemos de ir preparándonos.



jueves, 24 de mayo de 2018

Todo brillante


Cómo me gusta la canción de Stevenson:

Sing a song of seasons! 
Something bright in all! 
Flowers in the summer, 
Fires in the fall! 


Porque da gusto recordarla en otoño y en verano y porque en primavera, gracias a quitarle la razón, disfruto más de todo. Hoy ha llovido un poco y he encendido, quizá por última vez, la chimenea:





Luego, escampó y salí al jardín y vi las flores:







miércoles, 23 de mayo de 2018

Lagrimita


Mi profesor de inglés es un americano grande y sencillo. Es buenísimo con los niños y conmigo se desconcierta un poco, puede ser por mi acento. Hoy pretende poner un listening de los suyos, y yo maniobro con celeridad y nos ponemos a ver un vídeo de youtube de Jordan B. Peterson, tras explicarle mi teoría de que en la práctica lo mejor es to kill two birds with one stone. Al principio, le parece bien, correcto, pero luego se va viniendo arriba, se ríe mucho, y luego más arriba, digo, más abajo se viene. Se le empiezan a saltar las lágrimas de la emoción. Peterson está hablando contra el victimismo y a favor de coger a la vida por los cuernos. Muy animante, pero no tan emocionante diría yo, aunque como mi inglés no es tan bueno, ay de mí, puedo estar perdiéndome algunos tonos sentimentales o puede que el asunto esté tocando alguna fibra muy sensible de mi profesor. No podré saberlo nunca porque es un profesor de conversación calladísimo, tímido, introvertido a más no poder. Me pide que dejemos el vídeo, que ya lo verá en su casa, y me pone el listening que traía preparado sobre el gran teatro del sol. Vale, bueno, pero a mí ya nadie me quita la emoción y el misterio de la lágrima casi becqueriana.


lunes, 21 de mayo de 2018

En el coro


La conversación era seria y triste. Leonor, de pronto, se puso, con un semblante muy severo, acorde a las circunstancias, pero más trágico, a hacerme unas extrañas señas como por detrás del corro griego que formábamos. Quedé desconcertado. Repasé mentalmente lo que había dicho, por si incurrí en error, herejía o inconveniencia. No. Al fin entendí que tenía un moquillo en la nariz. Ah. 

El tema era tan serio que podíamos haber pasado de mi moquillo, pensé en un primer momento. Sin embargo, entendí que esa vuelta a la importancia de la más prosaica cotidianidad tenía, con todo su alipori aparejado, un matiz de esperanza, de consuelo y, por qué no decirlo, de humor negro. Sonreí (por lo bajo, para que nadie lo notase), aliviado. Leonor sostenía su cara de póker.




domingo, 20 de mayo de 2018

Propina


En una fiesta, un señor amigo que me lee con cariño dice al oído de una señora antes de presentarme: "Es un escritor estupendo". La elegante señora sonríe y le pregunta al oído, aunque también puedo oírlo: "Pero, ¿vive de escribir?" Ello lo tiene claro y, aunque en el fondo no estoy de acuerdo con lo que implica, me parece bien, natural y lógico, ajustado al contexto y muy en el mundo. Lo aprovecharé como una propina para sumarlo a mi elenco de razones de mi batalla particular.


sábado, 19 de mayo de 2018

Breviario de escolios


Apasionante lectura del Breviario de escolios de Gómez Dávila que seleccionan José Miguel Serrano y Gonzalo Muñoz en Atalanta. A menudo me pasma cómo pude leer algunos sin memorizarlos o cómo los olvidé y ésos otros que casi no parecen de Gómez Dávila.

Todos tan buenos que me he puesto a jugar al bingo, a ver cuándo señalo todos y cada uno de los escolios de una página. He estado cerca muchas veces y he cantado muchas líneas (tres en raya), pero aquí va mi primer bingo:




Con todo, lo más importante biográficamente. Siempre que alguien me canta las loas del viaje o que me pone cara de superioridad cuando yo alabo el sedentarismo, recuerdo este escolio: 


Stabilitas loci --como la regla benedictina lo ordena. El errante yerra.

Pero ahora he visto claro, con caridad y compasión con mis interlocutores más intolerantes, que no se puede pedir a nadie que lo entienda si no ha leído las 160 páginas de Gómez Dávila que preceden a ese escolio o sus maestros en la literatura y en la vida. Lógico que no me entiendan. Este escolio sí lo recordaba y me lo sabía, pero, al releerlo, me he hecho, al fin, un poco más sabio y piadoso. Más benedictino.




Poema de Carmen


El perro y el gato 
se llevan raro