miércoles, 31 de diciembre de 2014

Ché bel fin fa chi ben amando more


No es este verso de Moenia Amoris II que da título a la entrada la única maravilla que trae el poemario Obligación, de Francisco José Martínez Morán (Madrid, 1981). Me ha alegrado la mañana de San Silvestre: "Hay vigas que parecen de papel / y, sin embargo, siguen sosteniendo / la torpe inclinación de nuestras piernas". Hay muchos ecos, desde luego, y muchos vienen del amado Este (Cirlot, por lo cerca; Herbert, por lo lejos), pero la voz del poeta trae sobre todo a la memoria al primer Julio Martínez Mesanza. A la memoria... y al corazón, que es donde importa. Si, entre todos, he memorizado el poema "Justicia", no ha sido sólo porque sea de un verso, ni mucho menos:

JUSTICIA 

Cuánto me inquieta el verbo merecer.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Mar y campo


Están causando bastante consternación las respuestas de mis hijos cuando le preguntan qué es lo que más les ha gustado del Madrid.

--¡El tiburón! --dice Quique, abriendo mucho los brazos. 

--¡Las cabritas! --dice Carmen, cerrando las manitas en una caricia. 

Y yo me callo lo de la visita al zoo, disfrutando del desconcierto de los interlocutores de pueblo. Muy urbanitas parece que no son. 


sábado, 27 de diciembre de 2014

El tiburón


Me preocupa mucho que el blogg sufra las consecuencias de mi artículo diario en el Diario. ¡Os debo tanto a  los lectores de Rayos y truenos! Pero todo lo que voy a contar aquí, en cuanto me pongo, veo que con algo de cocina valdría para otro artículo y me lo guardo por si acaso me quedo seco allá, donde mi compromiso es profesional. 

Quizá la solución me la haya dado mi hijo Enrique esta mañana mientras desayunábamos. Me contaba su visita de ayer al zoo de Madrid y lo que le había impresionado el tiburón del acuario. Con su mano izquierda, muy fuerte y varonil, pero de un niño de tres años, hacía el gesto majestuoso del tiburón nadando mientras sus palabras eran muy aproximativas y dudosas. Se podía ver la potencia de los aletazos y esa lentitud felina con la que nada el tiburón, silente y amenazadora. En la mano de Quique se veía y el aire de la cocina se convirtió en el agua azul y fría del acuario. 

Y esas imágenes, que lo exigen todo de vosotros, porque a ellas ya no alcanza la literatura, quizá sean el terreno sagrado de este blogg, donde el único compromiso es la amistad.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

lunes, 22 de diciembre de 2014

Salgo del armario


Una frase hecha o idea común entre poetas es lo poco que se leen todos a sí mismos. Hasta ahora yo he callado como un cobarde, pero se acabó. Yo me releo y, todavía más, me recuerdo con una frecuencia casi diaria. Quizá por eso escribo tan poco, he pensado y tengo que repensarlo por si he dado con la explicación. El caso es que, si escribo por necesidad, esa necesidad no se acaba con el punto final, sino que vuelve, pero ya tengo mi poema listo para la ocasión y el contraataque. 

Un ejemplo, que es el motivo de las líneas que siguen. El otro día fui a hacer una gestión en coche. Hacía mucha niebla y yo iba muy nervioso. Me confundí de camino lo menos siete u ocho veces, y sólo iba de aquí a Jerez. Empezaba a desesperarme hasta que di en rerecitarme esto:



Y ya me reía y no importaba equivocarme y volver a equivocarme. 

sábado, 20 de diciembre de 2014

La mano


A pesar de la sangre azul, en la de Leonor no faltan glóbulos rojos, como debería, sino blancos. Cada análisis de sangre saltan las alarmas, hasta que convence al facultativo de turno que esos niveles los ha tenido siempre así de bajos. La novedad es que el otro día, en una reunión de trabajo, un exótico extranjero le pidió la mano para leérsela. Y zas: le dijo que tenía poca sangre (sic) y que padecería del corazón. Estaba, por los antecedentes científicos, un tanto impresionada. Le animó mi empatía, al ver que me ponía repentinamente blanco y serio. Se alegró de verme tan preocupado, confortada. (Ya no dije que era por eso de que le cogiese la mano un propio que pasaba por allí.)


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Presentación




Me comprometí hace un siglo a presentar el nuevo poemario de Blanca Flores en El Puerto, y el libro no me llegaba. Pensé que tendría que hacerlo sin leer el original, una presentación de la autora, no de la obra. Pero tres días antes, 1ª sorpresa, llegó. 




El tono de Blanca Flores había cambiado un tanto, 2º sorpresa. Le descubrí un encantador aire a Amalia Bautista: 


Aunque también un guiño a Carlos Edmundo de Ory y su ludismo lírico. Me emocionó este poema, a la vez juguetón y dramático: 





Dije estas cosas y, cuando me vine a dar cuenta, había acabado la presentación. No, mi presentación. Subió al escenario un amigo de Blanca, Paco Luque, y cantó dos canciones muy relacionados con la poesía de su amiga. Salí encantado. 





lunes, 15 de diciembre de 2014

D'Ors no me pasa una y tres o cuatro cosas más


Prudentemente ya había escrito mi artículo y hasta lo había mandado durante el postre, pero en el tren de vuelta de Madrid leí a Amorós que la fecha exacta de Platero era el 14 de diciembre y me entró el fervor. Escribí a la carrera esto y tuve que liarla parda para mandarlo por e-mail a la redacción. Se me coló ese "punto y final", Dios me perdone, y vosotros. 

Al día siguiente Miguel d'Ors me llamó la atención tempranísimo, y yo tuve que bajar la cabeza avergonzado porque el error era mío. Y estuve muy humillado y avergonzado (conmigo, eh, con d'Ors agradecido de que esté tan atento aún a mis cosas) hasta que se me ocurrió este jueguín de palabras: "D'Ors no me pasa una". Y ya me reía yo solo y se me pasó el disgusto. Así de consolador es el lenguaje. 

Estuve en Madrid para unas cosas y otras. Fue tan rápido todo que me salía por las curvas y dejé, a la altura de Neptuno, de tomar notas. Menos mal que Ángel sí hizo la tarea, Los adjetivos de nuestra reunión están —por si, como no estuvisteis allí, no os dais cuenta— magistralmente colocados. Y nos cuenta además una visita al museo que yo no pude hacer, pero que firmo con los ojos abiertos. 

Mi última nota es sobre la "hipálage del pájaro" o hipálage en espejo, se me ocurrió. Salió de entre mis pies por el Paseo del Prado un gorrión aterrador, aterrado y aterido, y los dos estábamos igual, con el frío (yo había ido a Madrid a la portuense, sin abrigo, ea) atontados y yo lo asusté a él y él a mí y los dos mutamente. Donde pongas el adjetivo "asustado" es una hipálage, una hipálage en abismo. 

Antes había visto un camión enorme de basura lleno de hojas secas. Tan delicadas esas hojas del otoño, tan leves, que parecía que iban a hacer el milagro de levantar por los aires al camión. 

Un poco antes, me crucé con uno que no llevaba ni jersey, muy jirocho, y me entró un poco de calorcito, por comparación. Duró veinte metros, cinco minutos, pero fue muy curioso.

Antes, en el tren le cambié mi asiento a una señora que quería ir con su hija y, gracias a eso, caí al lado de una peña de jóvenes ejecutivos cordobeses. Uno de sus compañeros, que era nuevo, había perdido el tren y los demás venían riéndose, imaginando su agobio. El otro lloraba excusas por whatsups que éstos leían en voz alta, mondados. Le escribían echándole hierro al asunto. El otro dejó de hablar un rato y una chica preguntó, con cierto temblor en la voz: "¿Se habrá suicidado?". 

Aún antes, en el suplemento de un periódico vi un dibujo de Goya de hermosísimo título: "Viejo columpiándose". Qué lástima haber visto el dibujo, inquietante y sucio. Habría preferido quedarme con el título nada más, columpiándome. 


viernes, 12 de diciembre de 2014

Qué casualidad



Ha querido el azar que el mismo día que voy a ver a Eloy Sánchez Rosillo salga la reseña que escribí hace un siglo a su antología catedrática.



Está en Turia.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Humillación


Leonor tuvo ayer una comida de trabajo que no acabó hasta tardísimo. Cuando llegó me contó que uno de los de la parte contratante de la segunda parte le había contado que era un  lector fan mío. Mi humillación no fue, como quizá empecéis a sospechar, porque yo sospechase que eso me lo contaba ella para tratar de compensarme por mi tarde a solas. Leonor no hace esas cosas. La humillación vino a renglón seguido. Le contó que coincidimos en una boda hace siete u ocho años, y que me lo dijo. La humillación es que yo me acordaba perfectamente  y que Leonor estaba segura de que yo me iba a acordar perfectamente. No somos nada. 


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Caritas y carotas


Lo de los trabajos de los niños está siendo divertidísimo. Esta vez le tocaba a Enrique uno sobre el tema del cuerpo humano. Vimos que también estaban dando la expresión facial y, como el lenguaje es lo nuestro, aunque sea no verbal, hicimos este juego de adivinanzas. ¿Cara de qué...? [Las interrogaciones las pintó Carmen, siempre tan colaboradora]





martes, 9 de diciembre de 2014

Gordiano


Hay algo indiscutiblemente juvenil, adolescente, en tener 45 años y desvelarme pensando en mi destino, en mi vocación, en mis planes de futuro y en el curso de mi existencia, así, en general. Centrémonos, por ejemplo, en estos diarios. ¿No hay un ejercicio de vasta banalidad en recoger el día a día, más o menos? La maestra de los diarios y la escritura autobiográfica, Santa Teresa, no nos da sólo una lección de estilo (desahogado) ni de tono (coloquial), sino también de motivo. Si ella escribió su Vida, fue estrictamente porque se lo pidió su confesor. La obediencia desata los más intrincados nudos gordianos.

Mi confesor, sin embargo, entre tantas cosas como me pide, jamás que escriba en Rayos y truenos. 


jueves, 4 de diciembre de 2014

Rerresonancias


Debo de estar pasando una temporada de frivolidad. Qué hondas reflexiones me produjo mi primera resonancia, y qué pocas y locas las de ayer. 

Me entró la risa con una chiste y no me podía mover y ahí estaba, solo, riéndome inmóvil, aguántadome las carcajadas. Era un chiste tonto: ¿No se va a llamar "Resonancia" con el ruido infernal que hace?

Como era a la hora de la siesta, hice el esfuerzo de dormirme, ya tumbado. Paradójicamente, la inmovilidad no me dejaba. Pensé, aunque despierto, por lo menos será una siesta postural, como magnética. Creo que salí descansado. 

La media hora empezaba, con siesta magnética y todo, a hacérseme eterna. Pensé, de pronto, si todo esto no se trataría de un castigo a mi  hipocondría, para que me deje de ir a los traumatólogos del mundo. Me lo temí seriamente. 

En modo sospechas, empecé a detectar que la máquina sonaba como un motor bajo de batería intentando arrancar. ¿Entraría la enfermera ahora a decirme que, aunque lo había intentado tanto, no había podido encender el motor?

Entró, sí, pero para decirme que ya, y que me había portado muy bien. Adiós, adiós. 

Fueron sólo 40 minutos, pero se me hicieron larguísimos. Me dio tiempo para pensar muchas cosas, además de las aquí relatadas. Salí soñando en vivir así, con esa intensidad. 






miércoles, 3 de diciembre de 2014

Exotérico


De mi artículo de Misión del último número estoy muy orgullo, amén de por participar en una revista que se crece número tras número, por la invención [creía que "invención" de "crear" pero descubro ahora que es "invención" de descubrimiento] de una palabra que me describe: exotérico. O sea, raro y exclusivo, pero volcado hacia el exterior, a los demás, con poco éxito, pero eso es lo de menos. 



Quizá se lea mejor aquí, aunque la ilustración, como suele, es lo más bonito. 


martes, 2 de diciembre de 2014

Ups


A la hora de nuestro almuerzo —tan tarde que parece merienda, o té inglés—, me cuenta Leonor que volvía del trabajo pensando en qué monos los niños y qué bonita nuestra casa y qué suerte más grande, etc. Pero, de golpe, vio la fragilidad de todo. Qué estremecimiento. Pensó que si yo moría…, ella no podría mantener la casa, tendría que venderla. 

Sic, como suena. 

Me encandiló un antirromanticismo tan radical. Primero, por principios. Y finalmente, por las postrimerías. Vengo defendiendo que la muerte no interrumpe nada y que el matrimonio debiera ser indisoluble ad eternum. Justo, pues, que la muerte apenas suponga —para eso ha quedado— algún inconveniente a la hora de liquidar el IBI o así. 


domingo, 30 de noviembre de 2014

Shakespeare de nuevo


La gran alegría de la semana ha sido el Primer Folio de Shakespeare. Otra noticia shakesperiana. Pero a mí, que no tengo demasiada obsesión por las primeras ediciones, y habiendo ya 230 de ese libro, me alegra, sobre todo, por la conexión católica, que sí es una obsesión mía de verdad. La noticia la deja entrever: 



Y el sentido común deduce el resto. Si a mí acaban expulsándome de España, como profetiza este caballero en los comentarios a un artículo: 


, seguro que no metía en mi maleta ningún libro de Juan Goytisolo. Eso es así. Metería lo de Ibáñez Langlois, como mínimo. Pues imagínense en realidad, en Inglaterra, perseguidos con saña, amenazados de muerte y yendo, a pesar de todo, a Francia a formarse con los jesuítas. Si metían a Shakespeare en la bolsa de viaje, que vemos pequeña y disimulada, sería por algo. 


sábado, 29 de noviembre de 2014

Mujer música


Yo pretendí prenderla en sólo un gesto 
que fuese inmaterial, también tangible.  
Lo intenté con un libro —el sueño abierto 
y tenso, atento al sol de lo invisible. 

Busqué cosas menores, más modesto:
 
una mañana urbana y luz posible.  
Todo fue inútil: mi deseo abierto 
y oscuro y siendo, en cambio, ella tangible, 

el cuerpo albo, desnudo, aquí, en la tarde...
 
Ahora me concentro en no fijarla 
en pauta o pensamiento para darle 

el ritmo necesario del que calla. 
 
La música la envuelve sin alarde 
mientras ella camina por la sala.


Joâo Filho. En A Dimensâo Necessária, Ed. Mondrongo, Ilhéus-Bahia, 2014. Versión mía.

viernes, 28 de noviembre de 2014

De palos


No dejó de llover en todo el día, pero el mío se complicó. Nada más lejos que una mullida manta de agua. Pero caí en otra o metáfora o hipálage: manta de palos. También tupida, también me calentaba. 

La retórica, como un desodorante de anuncio, por más dura que se ponga la jornada, no me abandona. 


jueves, 27 de noviembre de 2014

Manta de agua


No sé si la expresión es metáfora o hipálage. Como la lluvia cae tan tupida y espesa, podría ser metáfora, pero como nos invita a quedarnos en casa, encender la chimenea y mirar por la ventana entreteniendo dudas retóricas, podría ser hipálage. 

Mar de dudas, que podría ser metáfora, que podría ser hipérbole...

***

Y la carita contenta que alguno de mis hijos me ha pintado en la ventanilla:





miércoles, 26 de noviembre de 2014

Insisto


Insisto: ¡lingüistas del mundo, tened hijos! 

Me grita Carmen desde abajo en la escalera: "Papá, ya estoy lista". Yo, que no tengo aún listo mi artículo, le digo: "¡Qué bien! Me gustan las niñas listas". No me escapo, sin embargo. Replica: "Digo es que estoy lista para ir al cole, aunque también soy lista". 

Bajo. Le veo el pelo muy largo en una coleta de caballo. "Qué barbaridad", comento. "¿Por qué?" "Porque tienes —mientras acaricio la coleta— un pelo muy bonito y muy fuerte". "Y también muy largo", dice la puñetera, leyéndome el pensamiento o las entonaciones. "Va creciendo como yo, a la vez..."

Pero también se equivoca alguna vez, por suerte. Aparece Quique, y le pido: "Carmen, ¿cómo describirías a tu hermano?" "Yo sé escribir su nombre". Ajá, la pillé en falta. Le explico lo que es "describir". Ah, y empieza: "Guapo..., listo..., duro..."



martes, 25 de noviembre de 2014

Pescador es


El sábado, día de la manifestación "Cada vida importa", publicó Nicolás, el padre de Beatriz, una carta al director con entidad de artículo. Véase. Está muy bien. Nico ha sido siempre, entre muchas otras cosas muy grandes, el hermano no escritor, casi sitiado por Jaime y por mí. Ha preferido la vela, por ejemplo, y últimamente la pesca. Pero una vez escribió un poema. Tenía ganas de publicar por lo menos uno. Recuerdo una imagen: la felicidad de un niño cuando va cuesta abajo en bici. Todavía me pedalea el corazón en el pecho al recordarla. Y ahora ha escrito ese artículo estupendo, o sea, que ya ha cumplido con el verso y con la prosa. Porque, en un refrán que a mí me gusta mucho, que me parece feliz como un niño en una bicicleta, lanzado cuesta abajo, y que a él ha de gustarle incluso más: "Pescador que pesca un pez, / pescador es". 


lunes, 24 de noviembre de 2014

Jaculatorias de mi sobrina Beatriz (7 años)


Lo más poético, siendo objetivos, es la flor cerrada que, nada más tocada por la Virgen, florece. 

A mí me enternece el "pibón", que parece un tanto fuera de lugar, pero que es una expresión muy del padre de la niña, y seguro que mi hermano se la dice a su hija. Hay todo un río subterráneo de ternura que ha ida a desembocar al mar de la ternura. 


sábado, 22 de noviembre de 2014

El árbol y el bosque

Me hizo mucha gracia este vídeo y lo pasé al Whatsup de los padres del cole. 




Uno de los padres preguntó: "Y este señor, ¿cómo sabe tanto de mujeres?". Me pareció una pregunta pertinente. Naturalmente, la he oído muchas veces, pero sólo ahora vi la respuesta correcta, quizá porque quedaba claro que el cura saber, sabía; y porque se hacía en el contexto perfecto: en un foro de padres. 

Es el viejo tema del árbol y del bosque. Nosotros no sabemos tanto porque nuestro árbol no nos deja ver el bosque. El celibato es un monte desde el que se ve el panorama completo, sin interferencias. Aunque para redondear la metáfora, no es un árbol lo nuestro, sino un rosal, espinoso y florido. Nuestro papel es ver lo único que es. Normal que el bosque lo vean mejor otros. 



viernes, 21 de noviembre de 2014

Sentimientos encontrados


Lo que empezó como un peque-pique entre compis del insti, ha acabado con un premio y una entrevista. Aquí está. Hasta ahí, perfecto. La cosa es que leyéndolo, me encuentro con una serie de sentimientos enfrentados, que van de la felicidad al tormento, pasando por la zozobra. ¿Sois capaces de adivinarme, viendo la página, los tres?


***

1- Felicidad. Éste era fácil. Han tenido el buen gusto de escoger, entre las que envié, esta foto, que se salva por la mirada de Quique. 




Ahora me da rabia la silla, pero sin ella no quedaría tan claro que el niño se coló en la sesión fotográfica que me estaban infligiendo. Parece que me mira con amor, aunque quizá sea piedad. 

2- Tormento. Localizar este sentimiento es más difícil, aunque el contraste salta a la vista. Y no es envidia, no, sino la sensación de culpa de que, mientras que yo me entretengo en darle vueltas a mi cucharilla del café, otros están en lo que hay que estar.  




3- Zozobra. Seguro que algunos os habéis dado cuenta, eso es fácil, lo difícil es dar con la solución:




Me refiero al Espíritu, eso está claro, pero dudé mucho (dentro de las prisas con las que me pidieron las respuestas). Si escribía "Espíritu", parecía un predicador, por una parte, y un soberbio, por otra, con hilo directo con la Trinidad. Pensé que la mención aristotélica a la Edad Media ya aclaraba las cosas, y que la minúscula resaltaba mis dudas y la propia entidad de mi inspiración. ¿Os parece que acerté o no? La verdad es que no lo sé, y me interesa porque pienso usar esa respuesta cada vez que me pregunten por la inspiración. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

Mi color favorito (y 2)


Mi color favorito (véase ayer) es el del cielo al caer la tarde (cuando nos examinamos de amor), con una pizca de sal, quiero decir de luz de dentro, por contraste, y con unas gotas añadidas de humo de la chimenea; por darle hondura moral y por aquello del fuego al fondo, que tan bien nos explicaban Ángel y Homero

martes, 18 de noviembre de 2014

Gracia


Por la tarde, Carmen me dijo al oído: "Eres el más gracioso del mundo". Me pareció un piropo insuperable, claro. Y, sin embargo, llegué a la cena con ellos con ciertas tensiones y frustraciones, cansado, serio, pensativo y viejo. Nada quería salir bien de mis manos. ¿Cómo era lo de Bloy: mi cabeza es un saco vacío del que tengo que sacar mis textos? Pero ella no lo sabía y me pidió: "Papá, haz el tonto un poco..." Tuvo que verme tal cara de impotencia y desolación que añadió corriendo: "El tonto en broma, digo en broma, papá".






lunes, 17 de noviembre de 2014

El tiempo se derrite


No temáis. No es un anuncio del "Ártico se derrite" pidiendo donaciones. Es el trabajo de este mes de Carmen para el cole, donde está dando los innuits, que son los esquimales de toda la vida, pero que han cambiado de nombre, no sé por qué. 

Su madre y yo nos lo pasamos estupendamente con sus trabajos. Sólo tememos al tempus fugit ("El tiempo se derrite") y que, dentro de nada, las tareas sean, ay, ecuaciones de segundo grado y análisis sintácticos. 




sábado, 15 de noviembre de 2014

Lírica y biografía


Tiene Jesús Cotta la costumbre de hacer cada fin de semana una obra de misericordia: nos manda un poema. El de hace un rato me ha conmovido especialmente. Es éste: 


Nada me gusta más 
que estar con los amigos 
donde no falte el vino ni la charla, 
y mejor si ya es tarde y si la noche 
nos va pasando a todos 
sus brazos por los hombros 
confidente y serena. 

 Pero entre todas esas 
horas de la penumbra, 
ninguna como aquella en que, de pronto, 
un relámpago ciego atravesaba 
la larguísima mesa, 
la barricada de las voces, 
el laberinto de los hombros 
y, en un vuelo sin sitio, me llegaba 
el minúsculo abrazo de tus párpados.   
                        [Inmaculada Moreno, publicado en la revista Estación de Poesía]
El poema es estupendo, ya se ve; pero me ha conmovido por dos razones más. Justo anoche estuve con Inma y otros amigos, pocos, donde no faltó vino ni charla y era tarde y la noche nos pasó, en efecto, sus brazos por los hombros, confidente y serena. La coincidencia me ha estremecido.

Pero además una enseñanza de fondo. No había percibido ese transido "minúsculo abrazo de los párpados", quizá ocupado en levantar yo, más que nadie, la barricada de voces. Y ese de más del todo inesperado es lo que siempre nos ofrece la poesía, cuando es verdadera, aunque uno haya vivido la anécdota (o una exactamente idéntica) desde la primera fila.



viernes, 14 de noviembre de 2014

Equivalencias


Se pelean mis hijos por la toalla que usarán para salir del baño. Les digo: da igual qué toalla, no vale vuestras lágrimas. Y veo, de golpe, que buena parte de la educación moral es comprender que tantísimas cosas dan igual. Y que eso no tiene nada que ver con la indiferencia sino con la poesía. Octavio Paz tiene páginas muy encumbradas sobre la metáfora como la clave de todo. Lo es porque atisba la equivalencia universal. No, no os asustéis: no les hablo a mis hijos de una equivalencia pseudo pbudista, sino lírico-estoico-humorística. 

Ya metido de lleno en las equivalencias recuerdo la gracia que me hace un defecto lingüístico de Corina.  Cuando viste a Quique, para convencerle, le quiere decir "Ponte esta camisa, como papá", pero le sale: "Ponte la camicha, com papá". Convierte una comparación en una compañía y, a su manera, está diciendo lo mismo que Octavio Paz. O más. 


jueves, 13 de noviembre de 2014

Círculo vicioso


Me he despertado tan dormido que me he hecho el café con una cápsula de descafeinado. 

[PS.- La maldición de la rima, que salta en la prosa y se esconde en el soneto. Ahora he de elegir entre "Me desperté" y "café" o "despertado" y "descafeinado". Elijo esta última, para que el eco atestigüe que estoy dormido.]

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Yeats y Ferrán

CXXXVIII 
Eso que estás esperando 
día y noche, y nunca viene; 
eso que siempre te falta 
mientras vives, es la muerte. 
Comparad este poema de Ferrán, que tanto  gustaba a J. R. J., con el poema de Yeats, que tanto me gusta a mí. 

LA RUEDA

A través del invierno invocamos la primavera, 
toda la primavera llamamos al verano, 
y cuando ya resuenan los setos rebosantes 
declaramos que lo mejor es el invierno. 
Y después nada hay bueno 
porque la primavera no ha venido. 
No sabemos que aquello que perturba nuestra sangre 
es sólo su nostalgia de la tumba. 
                                                   [Versión de Enrique Caracciolo Trejo]

Yo he dado en admirar muchisimo a Ferrán, pero creo que la comparación nos da la prueba de las limitaciones de la copla frente al poema largo, culto. Lo que no quiere decir que dentro de sus limitaciones la copla pueda resultar insuperable. Ferrán las hizo así. Un ejemplo: 

Yo no quiero que madrugues, 
sino que al rayar el alba 
abras tus ojos azules.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Sobredosis de Stevenson



Sing a song of seasons!
     Something bright in all!
Flowers in the summer,
     Fires in the fall!

*** 


El comentario de Ángel, ampliado aquí, me ha hecho recordar un poema mía, que es algo que siempre se agradece mucho: 




Bien, muy bien, mejor


Tengo una amiga tan generosa que me ayuda hasta cuando me pide ayuda. Quiere traducir esta canción infantil que da título a un libro que se trae entre manos: 
Good, better, best, 
Never let me rest 
Until my good is better 
And my better best. 
Hace apenas dos meses leí que Bécquer dejó inacabada una novela con el título exactamente contrario: Mal, muy mal, peor... Ojalá la dejara porque cambió su suerte. A mí la cancioncilla me la ha traído y me la pido de ahora en adelante como lema. 

Pero la traducción me sale así: 
Recuerda aquella canción: 
no descanses hasta hacer 
que tu "bien" sea "muy bien" 
y tu "muy bien", tu "mejor".  
Como la traducción es manifiestamente mejorable, y encima teniendo en cuenta el tema, no me queda otra que pedir ayuda. 




jueves, 6 de noviembre de 2014

Últimas palabras

Una cosa extraordinaria de las últimas palabras es que uno no las repite. Como no es el caso, corto y pego de un viejo artículo: 
Las últimas palabras gozan de gran predicamento. Ana Bolena, cuando iban a decapitarla, le dijo al verdugo: “No os daré ningún trabajo. Tengo el cuello muy fino”. En idéntica circunstancia, al aristócrata francés Henri de Xavière le ofrecieron un vaso de vino. Respondió: “No, gracias. Cuando bebo suelo perder la cabeza”. Yo quisiera lucirme en el trance mío, cuando me toque. Pero no creo, porque mis últimas palabras favoritas no son brillantes, sino tiernas. Son las de Pancho Villa a un periodista americano: “Diga usted que dije algo”

Lo recuerdo porque acabo de enterarme de las últimas palabras del Padre Guerrero S. J., cuya causa de beatificación está en curso. Me han emocionado. Se dirigía en moto a Utrera a atender alguna labor espiritual y, con los calores del 3 de septiembre, se quedó adormilado. No frenó y se dio por detrás con un camión que cargaba hierros. Se los clavó. El médico que le atendía comparó sus heridas (era el año 1973) con una cornada de un toro. Había perdido el conocimiento y estaba gravísimo, pero se recuperó para decir con un hilillo de voz sus últimas palabras: "No hagan nada al camionero, porque la culpa es mía". 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Tal es la gloria, Guillén


Cristian Campos y en Jotdown y esto:


Lo de Jules Renard es —no sabría explicarme bien por qué, habiendo pasado por el mundo Pla— lo máximo. ¡Y yo que creía que nadie se había dado cuenta de que pelirrojeo! No se puede pedir más. 

Pero CC da más: "feliz y español", culmina. Entran ganas de ponerse esos títulos en la tarjeta de visita. Lo que inmediatamente me recuerda mi método. Y ahora vaya responsabilidad (otro método mío) tratar de no dejar muy mal a Cristian, cuando remite a sus lectores —tan jóvenes, tan cultos, tan alternativos, tan jotdown— aquí. 

Usaré el método del espejo y me esconderé tras este fogonazo genial suyo: "Leo al escritor al mismo tiempo que su libro. El estilo literario es el lenguaje corporal del escritor". 
(Lo cual, dicho sea de paso y sea como sea mi estilo literario, me favorece, seguro). 


martes, 4 de noviembre de 2014

Conocido


Amigos, conocidos y saludados, según la taxonomía de Josep Pla. Yo era muy bueno con los saludados (antes de la miopía) y hago aún muy buen papel como conocido. Los amigos, sin embargo, siempre me dan más de lo que doy. Es un tema sobre el que pospongo un serio examen de conciencia. 

Pero vine a otra cosa. Una conocida me cuenta los problemas de salud (graves) de su marido y yo (véase supra) la escucho atenta, empática, cariñosamente. Detecto, además, un timbre de emoción y más, de amor, que me hace recordar lo mucho que me intrigó hace dos o tres años (la última vez que hablé con ella con calma) la frialdad y hasta la esquivez con que lo mentaba (o lo callaba) en la conversación. Por puro miedo, soy muy reacio a admitir el papel humanizante y purificador del sufrimiento, pero hay veces que no me queda más remedio.

"Cuánto me alegro de haberte visto", me despido, y no exagero, como pensará ella, pues, al fin y al cabo, sólo soy un conocido. No exagero nada: me quedo corto. 


lunes, 3 de noviembre de 2014

Santoral literario


La propuesta de Ángel de rezar a Sancta Julia me parece tan justa como oportuna. Me apunto fervoroso, aunque yo le tenía más devoción a Sancta Cordelia. Y por qué no hacemos un santoral literario, se me ocurre, con un ataque repentino de ilusión. Me imagino un libro precioso, al estilo de la Casa de los santos de Carlos Pujol, que reúna devoción cristiana, cierto humor (por supuesto), mucha crítica literaria y toda la calidad de la propia prosa que buenamente se pueda. Se trataría de ir rastreando personajes cristianamente ejemplares de novelas y cuentos y buscarles un día en el calendario y escribir una reseña de su "vida y milagros", explicando la virtud o virtudes que nos animan a practicar, el patronazgo que se les encomienda y la perentoria necesidad de su intercesión. Juzgar sobre la santidad o no de nadie siempre es pretencioso, pero apoyándonos en el diferente plano ontológico creo que es un riesgo que aquí nos podemos permitir. Eugenio d'Ors soñó (creo que en El valle de Josafat) con un santoral laico, de grandes sabios y artistas y hombres de ciencia, que se propusieran como ejemplo. Me consta que empezó con ello y marcó algunas fechas en rojo. Hasta dónde sé, no lo acabó. Aunque la idea era buena y, por tanto, acabada. La nuestra no se queda atrás, pero a ver si somos capaces de rematarla. Ya tenemos dos santas, para empezar. Son hermanas, sí, como lo fueron Marta y María, Justa y Rufina, Nunilo y Alodia... Son del mismo autor, como hay santos de la misma orden. Son del mismo libro, como los hay del mismo convento... No nos lo pongamos más difícil de lo que es, eh. Yo, para empezar el trabajo, apunto a las dos Flyte (aunque hay que buscarles día), añado una etiqueta y os pido (cómo no) toda la asistencia posible.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Humor total


He visto claro el humor total. No basta —siendo tanto— tener gracia cuando se pretende tenerla, que es, como mucho, la mitad del camino. La otra mitad, como poco, es tener gracia cuando no se pretende, por la forma de hablar, de ser, de estar, por una chispa que provoca uno aunque trate las cuestiones más serias. La vanidad de dominar el humor de la primera se compensa con la humildad de derramarlo de la segunda, a poco listo que uno sea. Ay, quién pudiera conseguir ese humor redondo, completo, perenne.


viernes, 31 de octubre de 2014

¡Dios mío, qué solos estamos los güelfos!



Ayer di mi primera clase de nuestra segunda edición. Tocó El viajero bajo la luz de la luna, de Antal Szerb. Mis alumnos son brillantes (por ejemplo, ¿qué me dicen de comparar el fatalismo vital y el abandono y el encanto del protagonista con el toreo de José Tomás?), pero en general tenían grandes reparos a considerar que la novela acaba bien, que es salvífica. 

Erzsy vuelve con su marido después de haber comprobado que la liberación y la aventura la convertían en un objeto de compraventa y Mihály, por su parte, se sacude las obsesiones con Eros y Thánatos, digo con Eva y Tamás, gracias a un bautizo y a una fiesta. Si ambos vuelven a Budapest no es porque acepten un triste convencionalismo, sino porque la vida, según Szerb, sólo florece en las raíces. Recuérdese su resistencia a abandonar su ciudad incluso frente al  peligro mortal de los nazis. A la propuesta de ir a enseñar literatura a una prestigiosa universidad de Estados Unidos replicó: “¿Y qué les voy a enseñar yo a unos que no han leído a Vörösmarty?”. 


Casi todos mis lectores echaban de menos un final más romántico, siendo el romanticismo, en última instancia, lo que tanto Erzsy como Mihály se sacuden felizmente de encima. 

jueves, 30 de octubre de 2014

Termómetro


Pongo la mano en el teclado del ordenador para escribir aquí y es como si me la pusiese en la frente para tomarme la temperatura. 

Salen últimamente unas décimas de fiebre: estas ganas de quejarme, que no me noto luego en el discurrir del día. Por supuesto, no os voy a dar la lata, encima que venís a visitarme, sólo faltaba. 


martes, 28 de octubre de 2014

Elogio de las mosas





Con el buen tiempo numantino, ni se va el verano ni se van, tampoco, mosquitos ni moscas. Nos cogen (calores, mosquitos y moscas) ya cansados, sin la ilusión primaveral de antes. Pero no dejaremos, por eso, de estar agradecidos. Como una mosca lleva a la otra, les puse a mis hijos la canción de Serrat del poema de Machado. Y están enganchadísimos, en buena medida gracias a las moscas del pipí, como era de esperar. Pero a mí me emociona ver cómo se aprenden las rimas consonantes, y preguntan por "los párpados yertos / de los muertos" y qué significa "el hastío". Mientras respondo, voy recuperando retazos de mi adolescencia y agradeciendo esta tercera inocencia que da el sí creer en todo, en todo. 




lunes, 27 de octubre de 2014

Patriotismo


Vienen las imágenes en mi ayuda. Cada vez más. La de un padre y un hijo disertando desde la misma tribuna de la misma Aula Magna de la misma Universidad con una diferencia de casi veinte años es una imagen (dos) poderosa de lo que es la Tradición. 

Y otra, con banda sonora. Asisto a un almuerzo en Jerez, de amigos, que tiene como eje un homenaje a Francia, para celebrar la vuelta de la anfitriona de un viaje vinícola por aquellas feraces tierras. A los postres, Aquilino Duque, cuyo ardor hispánico está fuera de dudas y es público y notorio, se arranca a cantar la Marsellesa con un entusiasmo auténtico, a pleno pulmón. 

Enseguida le secundan otros comensales con buen oído y buen francés. Si yo callaba, era simplemente por no bajar el nivel musical, que estaba bastante bien. El salón de la casa tremolaba como una bandera y alguien sacó de no sé dónde una bandera de Francia y la ondeó un poco. 

¿Cuántas veces habré dicho (mil palabras) que el patriotismo te permite amar a los otros países apenas un poquito menos que al propio, mientras que el nacionalismo, justo lo contrario; y he citado a Millôr Fernandes: "Patriotismo es cuando usted ama a su país más que a ningún otro. Nacionalismo es cuando usted odia a todos los países, sobre todo al suyo"? Pues nunca lo vi —lo oí— tan claro como en el almuerzo jerezano del sábado. 

sábado, 25 de octubre de 2014

viernes, 24 de octubre de 2014

Amistad & Chesterton


Mi amigo Nacho Jáuregui me advierte con periodicidad del poder encantatorio de la prosa de Chesterton, capaz de seducirte con cualquier idea, pero que a veces no supera un frío análisis al modo Arcadi España. Lo he recordado al leer la chestertoniana definición de amistad, precisamente: 
Un acuerdo bajo todos las discusiones; una relación que es tan espléndida como el amor, y que, a diferencia del amor, es libre, aunque la recorre una extraña tristeza, porque, a diferencia del amor, no tiene fruto. 
Es hermosa, en gran medida por esa pasión  adolescente que mantuvo siempre Chesterton por la amistad y que aquí trasluce. "Fuerte como el amor es la amistad" podría haber dicho. No termino  de estar de acuerdo del todo, sin embargo, con eso de la libertad de la amistad, sujeta a unas leyes inexorables también. Y no veo la extraña tristeza ni su falta de frutos. Esto lo escribió Gilbert en 1906, cuando todavía esperaba tener hijos con Frances, pues llevaban cinco años casados. Hay que ponerse en situación. Por eso, no vio que la amistad produce grandes frutos también: proyectos en común, planes, ayuda mutua, horas de una rara intensidad que trasciende el tiempo... Con todo, bajo todas estas puntillosas puntualizaciones late, por supuesto, un acuerdo: el acuerdo cósmico y sentimental e inexorable con el maestro, siempre fructífero. 

miércoles, 22 de octubre de 2014

Ruinas

Esta tarde hemos tenido que consolar un poco a Quique. Su castillo ha recibido el asalto de los otros niños y ha perdido la bandera y el puente levadizo, además de algunas arrugas en las figuras. Es la fuerza del sino, le he explicado, el precio de la fidelidad. Los castillos están para resistir los ataques de las hordas. Las ruinas son un timbre de gloria. Lo más propio de un castillo. 




Nuestra casa es un castillo


En la clase de Quique están dando las distintas viviendas del hombre. Había que hacer un trabajo sobre cualquier tipo de casa. Nosotros elegimos un castillo, naturalmente. Y, tal y como están los tiempos, bien fortificado. 

1- Fachada norte. Puerta de los Blázquez. 



2- Fachada este. Plaza de Oriente.



3- Fachada sur. Caballerizas. Puerta (y puente levadizo) de los Máiquez.



4- Fachada oeste. Puesta de sol. Escena lírica. 


Ni qué decir tiene que disfrutamos como niños con el trabajo. 

Y, sin embargo, me perdí lo mejor. Acostándolos, Leonor oyó lo siguiente. Carmen no para de hablar y anoche preguntaba: 

—Mamá, ¿las niñas por qué son más dulces que los niños?, ¿por qué son más listas (sic)?, ¿por qué tienen el pelo largo?...

Quique, en voz baja y con pocas palabras, como suele, preguntó, yendo al quid:
—¿Por qué los niños tienen cola?

Pero su hermana mayor le corrigió rápidamente:
—Cola no, el pelo corto, son las niñas las que tienen melenita o cola o trenzas, ¿por qué?, ¿por qué?...

Quique a eso no respondió ni se explicó más, ¿para qué?




martes, 21 de octubre de 2014

La humildad en cuarto creciente


Me siento más retratado últimamente en la luna nueva que en la luna llena, pensé anoche, cuando la vi —tan fina— en lo alto. Deduje que era que estaba ganando algo en humildad. Y luego me reí de mí mismo. Dios mío, qué iluso hablar de humildad mientras voy por la vida viéndome reflejado en los astros celestes. 

lunes, 20 de octubre de 2014

Más cantigas y más





El contraste entre el afinamiento y la música afinada resulta mucho más extremo que entre el silencio y la armonía, tan acompasados. Por eso, agradecíamos mucho que los maestros de Urueña, antes de cada cantiga, afinasen tanto sus instrumentos medievales. Sazonaban el tiempo de espera con algunas anécdotas. Por ejemplo, una señora les dijo al final de un concierto: "Muchos instrumentos medievales, pero he observado que gastan ustedes un afinador electrónico". "Y lo que es peor, señora, hemos venido en coche, no en caballo". Está claro, pensé yo, que hay instrumentos antiguos indispensables y otros innecesarios. La sabiduría está en distinguirlos. También notaron la humedad brutal en Jerez de la Frontera, comparada con la del páramo castellano. Y eso que no estábamos en el Puerto...

La primera cantiga era sobre un milagro de la Virgen de mi húmedo pueblo, precisamente, aunque a favor de una chica de Jerez, que la Señora no cae en tontas rivalidades localistas. Tenía la muchacha los pies al revés y el padre había rezado sin desfallecer años y años. Tuvo, al fin, el buen tino de rezar a Santa María del Puerto. Una noche la niña se pone a dar terribles alaridos. Ha soñado que una señora le retorcía los pies y sentía terribles dolores. Al levantar las sábanas, se encontraron con que los pies estaban estupendos, "que no los podía tener mejor". Yo para mí me anoté que Santa María no usaba anestesia, pero me sentó fatal que los músicos de Urueña gastasen la bromita de la ortopedia. ¿Doble vara de medir, la de mi humor, o qué?

Luego cantaron un romance de cárcel medieval que han conservado los sefardíes, benditos sean. Un conde condenado se pregunta: "¿Qué dirán mis fillos / al verme en prisiones?" Yo empatizaba con el conde una barbaridad. 

Luego, tocó el turno de la música musulmana. Y una pandilla de al lado mía lo celebró como una gracia; como si ahora les tocase el turno a los suyos, y se pusieron a hacer la danza del vientre con el cuello. 

Gracias a las tres culturas, volvimos enseguida, por riguroso turno, a las Cantigas de Santa María. Esta vez el milagro consistía (consistió) en traer la lluvia, y torrencial, a los campos resecos de Jerez, tras que un monje mejor les suplicase a los lugareños que suplicasen y llorasen por sus pecados. Se puso a llover a mares. Los maestros de Urueña dijeron que eso hoy se llamaría "ciclogénesis explosiva" y la gente explotó en una carcajada. Era llegar a las Cantigas y no podían resistirse a las bromitas, que no gastaban con los mudéjares. (A propósito, uno de los muchos méritos de la conferencia del día siguiente de la profesora Elvira Fidalgo sobre las Cantigas es que no sucumbió a las tentaciones de la chufleta). Yo, sin embargo, me quedé con otra cosa. Decía el texto que viendo cómo llovía, "los que estaban llorando, se echaron a reír". Y ésa era una risa extraordinaria. 

Cantaron, para terminar, unas canciones de bodas sefardíes y los vecinos pro-musalmanes empezaron a bailar sin prejuicios ideológicos y fue estupendo.