lunes, 24 de julio de 2017

Superioridad de la inocencia


Comento Wonder Woman con una amiga y celebramos que los niños no entiendan las dos o tres bromas más o menos bastas que hay en la película. Tengo claro que los guionistas juegan milimétricamente con esa ingenuidad infantil, creyéndose muy inteligentes, y guiñándonos a los padres a la espalda de los chiquillos. En realidad, nos dan un ejemplo muy acabado de por qué se dice "caer en una broma". La inocencia es una superioridad, y resplandece, intocable. A nosotros nos recuerdan que ya no somos tan puros. Quieren hacer una gracieta y nos aleccionan sobre la necesidad de la gracia.


domingo, 23 de julio de 2017

Wonder Woman girardiana


Hay un aspecto nada accesorio de Wonder Woman que ni he rozado en mi artículo. Se trata de que Diana, a todos sus encantos, suma el de una conversión girardiana. Hija de Zeus, nada menos, es lógico que profese una religiosidad mítica y sacrificial. Está convencida de que Ares es la personificación de la guerra y que, acabando con él, traerá la paz al mundo. Desde luego que acaba con él, pero ella ya se ha pasado a una concepción cristiana: sabe que la guerra es consecuencia de la falta de virtud de cada uno de los hombres y que el verdadero combate es moral en el corazón de cada ser humano. 

Se complica la cosa, sin duda, pero es que es así.


jueves, 20 de julio de 2017

Efecto brócoli


Prometo que voy a dejar de hablar de mis niños una temporada. Esto se me está yendo de las manos (hasta el periódico), pero una cosa más. Anoche, había brócoli en la cena, y Quique no es fanático. La regla, bastante socialdemócrata en casa, es que hay que probar una mínima porción de todo. Hace dos noches tuvimos una tragedia griega por una judía verde con gritos, castigo en su cuarto, petición de perdón por su parte y vuelta a empezar con la judía verde a las once y media de la noche. Ahora que lo pienso, no fue tragedia porque un deus ex machina lo salvó todo en el último segundo. Ayer, parecía que íbamos a tener reposición, pero, tras unos titubeos naturales, Quique se lanzó y cumplió con su brócoli. Hasta ahí nada especial, pero entonces le dio una alegría tremenda, casi un pavo, y se reía por todo, y hasta cantaba en la mesa (que tampoco es) y hablaba sin parar. Podría haber pensado que el brócoli tenía efectos euforizantes. Pero me acordé de la pistola de Chesterton y de cómo, si te apunta a la cabeza un momento, te cura de todo pesimismo. Quique había tenido el brócoli apuntándole y lo había tomado y no había pasado nada y se había vencido y todos estábamos muy orgullosos de él. Lo vi tan radiante que hasta sospeché que le había encantado. Le ofrecí más.  Dijo no, riéndose de mi ocurrencia, qué disparate, tú.

miércoles, 19 de julio de 2017

Sin planes


Me encanta ver a mis hijos aburriéndose. Esta tarde no hay planes y no saldremos de casa. Carmen ha encontrado unas orugas en el jardín y está estudiándolas con entusiasmo de entomóloga. Quique se ha montado en mi coche y juega a conducir, asomando una coronilla por la ventana. Es como jugar con sus coches, pero con uno de verdad. No es que se aburran, me he explicado mal, es que no los estamos divirtiendo nosotros o ninguna actividad prefabricada. Y se bandean muy bien. Ahora llega Carmen con cara de guasa y me pregunta: "¿Por qué no se puede hacer pis en ella si hasta en la misma palabra lo lleva: pis-cina?" Supongo que se le habrá ocurrido pensando que le gustaría ir a la piscina, pero estoy seguro de que ni allí ni en una fiesta con payasos se le habría ocurrido la payasada. 


martes, 18 de julio de 2017

Cuidado


Cuando, para educar a tus hijos en el cuidado de las cosas, en el agradecimiento, en la felicidad o en la cultura del esfuerzo, les explicas lo caro que ha sido algo, ten cuidado. No caigas en la trampa si te preguntan, fingiendo o no interés, cuánto ha costado. Si les contestas, habrás caído en la contabilidad, tan grotesca. Y tú no habías venido a hablar de precios, sino de valores. "Yo no he venido a contar, sino a contarte", puede ser una contestación correcta, aunque todavía no la he contrastado.


lunes, 17 de julio de 2017

La forja de un conservador


Aunque lo tituló En el bosque, este primer diario (1970-79) de Valentí Puig es la forja de un conservador. También la de un escritor, claro. El barbero del rey del Suecia ha recortado estas citas:

Escribir es una de las mejores astucias de la felicidad. 
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En momentos de desorden interno, una larga convalecencia sin dolor en un sanatorio cómodo aparece como la gran solución. 
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“Señores”, dijo el miembro de una universidad americanda donde se había propuesto que Nabokov entrase de profesor de literatura, “incluso si damitimos que es un escritor importante, ¿es que habríamos de invitar a un elefante a ejercer de profesor de zoología?” 
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Evelyn Waugh a Graham Green: “¿Sabes, Graham? Tú ganas más dinero con Dios que Wodehouse con los mayordomos…” 
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La cultura tiene un soporte fundamental en el carácter... 
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Hace años decidí afeitarme para evitar las miradas de complicidad de los barbudos. 
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La buena literatura no es nunca un hecho revolucionario, sino la constatación perpetua del principio conservador que dice que la realidad es tal como es. Como Maquiavelo. 
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He llegado a pensar que me interesa más Henri Beyle que Stendhal. 
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Trostky: “Si la vida humana es considerada sagrada, hemos de renunciar a la revolución”. 
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Una combinación gloriosa: la agilidad de la novela inglesa y el aplomo de los moralistas franceses. 
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Estoy por decir que es más descansado ir contracorriente. 
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La ambición es la falta de sentido del ridículo al servicio de una obsesión posesiva. 
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Es imposible sostener una literatura sin carácter. 
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Chateaubriand: El dinero es la fuente de la libertad. 
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Larkin en “Church going”: una iglesia “es una casa seria en una tierra seria / en cuyo aire armonioso convluyen todas nuestras obligaciones, / son reconocidas, y admitidas como destinos. / Y eso nunca puede ser obsoleto”. 
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Talleyrand: “Todo lo que es exagerado es insignificante”. 
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La indiferencia como salvavidas cotidiano. 
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La infautación del seductor con éxito puede ser menospreciable, pero es una de las condiciones del buen resultado. 
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Todo nos lo socava la carcoma de esta era de la ansiedad. 
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Es muy de agradecer que el cristianismo de entrada nos conceda un alma. Si hubiésemos de adquirirla por nuestro propio esfuerzo... 
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Ser un liberal pesimista es, en cierto modo, ser un conservador. 
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La corriente interior ha de conseguir la convivencia de la pasión con la indiferencia. 
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Una vida sin designios nos disolverá como un terrón de azúcar. 
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C.S. Lewis explica la teoría convincente de que el demonio sabe aprovechar por su cuenta la desidia de los que pierden el tiempo haciendo lo que no querían hacer, la de los que pierden el tiempo del que disponen libremente. 
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La buena literatura no enseña nada, pero siempre aprendemos de ella. 
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La identidad personal ya no es una guerra interior, sino un convenio lector. 
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Ahora la anglofilia sólo es posible por nostalgia. 
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¿Qué pueden hacer los alumnos sino secundar el deterioro y la inestabilidad?
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La genialidad de la opereta en prosa: un género indefinible que va más allá de la comedia y que comprende desde Molière a Wodehouse. 
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Van Gogh es un tapiz mostrado del revés. 
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Por la ventana… la lejanía de la catedral siempre reencontrada. 
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Cuando la lucidez tiene un momento fugaz de felicidad, hemos alcanzado una veta de perfección. 


domingo, 16 de julio de 2017

Sospecha razonable


Estoy sospechando que Quique no tiene problemas con el lenguaje, sino mucha guasa. Tras el incidente del campamento, ayer dio en decir que, puesto que Carmen se hizo una herida en el pie, había que "putárselo". ¡Es "amputárselo", Quique! "Ah", dijo muy humildemente. Pero luego le escucho decir a voz en grito: "Le he hecho una gran amputada".


sábado, 15 de julio de 2017

Un bofedón sin manos


Le había dicho varias veces  que tenía que sembrar los claros del jardín. Hacía meses que yo había quedado en eso con su jefe, pero Manolo el jardinero me había propuesto venir a hacerlo una tarde, por su cuenta, cobrándolo aparte. Le dije que tenía que hacerlo en sus horas de trabajo, porque, si no, yo pagaba dos veces. Dijo: "Sí". Pero fue "no". Le hice varios recordatorios. Infructuosos. El otro día llamé al jefe para decirle que el trato fue que en verano el jardín estaría en estado de revista y que aún no se había ni sembrado. Al rato, Manolo estaba dándole a la azada y voleando el grano. Bien. Pero ha empezado a llamarme "Don Enrique" con mucha formalidad. Su respeto quiere decir desprecio. El "don" es una manera paradójica de mostrarme su enfado: casi un bofedón sin manos. Quizá Manolo no sabe que me gusta tanto el lenguaje y los juegos implícitos, que hasta me consuelo de su desdén, de su desdón. 


jueves, 13 de julio de 2017

Love is in the air


Cometo el error de preguntarles quién quiere venir a los toros conmigo. Sabía que Quique sí y que Carmen no, así que no sé para qué pregunto. Lo que me sorprende es el discurso antitaurino que hace Carmen, con una bravura (dialéctica) que no teme al castigo. Me sirve como unas banderillas de castigo, para que no me olvide de cómo las nuevas ideologías están en el aire y se contagian de forma misteriosa. Nadie le ha predicado a la niña antitaurinismo y ahí está, escarbando en la tierra y embistiendo a todo lo que se menea. Es un tema menor, una novillada sin picadores, pero yo me preparo ya para las grandes plazas y los toros de tronío que me esperan.


Valdría como microcuento; es una macrohistoria

Y también es una lección de pedagogía por parte de San Wolfgan.

miércoles, 12 de julio de 2017

Lenguaje



A la salida del campamento, Quique me dice a voz en grito en medio de la melé de madres que recogen a sus retoños en la puerta: "¡Me han salido varias pollas!"

No sé cómo han reaccionado las madres porque no he levantado la vista. "¿Qué ha pasado, Quique, hijo mío?", pregunto con angustia. "He perdido los calcetines en la piscina y me he pasado toda la mañana con los zapatos ortopédicos sin calcetines y me han salido un montón de pollas". "De AMpollas". "Me duelen mucho". "Bien, vamos a casa corriendo", le digo, también con el deseo de desaparecer de la melé. Pero ahora, en cambio, Quique hace una demostración de dominio perfecto del español desde el dolor: "Corriendo no, papá, no: mejor pitando". "Claro".


martes, 11 de julio de 2017

Nombres propios


En sus recién publicadas por primera vez en español Impresiones irlandesas (1919, pero aquí en Ediciones More, 2o17) dice Chesterton que ha ido viendo como sus bromas absurdas se iban convirtiendo en profecías. Salvando las distancias, algo parecido me ha pasado a mí, gracias a él.

Suelo contarles a los alumnos que pasan por mi despacho lo que significa su nombre, si lo sé, y quién fue su santo patrón o su patrona, incluso. Generalmente los adolescentes no tenían ni idea. Algunos sienten una ligera curiosidad y me lo agradecen; a otros les entra una ligera risita,, y me la merezco, por metementodo. 

Lo hacía como una pequeña broma y para romper el hielo y como truco mnemotécnico para tratarlos por su nombre la próxima vez; pero el mismo Chesterton en el mismo libro me ha explicado el sentido de mi broma. Cuenta que el campesino irlandés podría muy bien no saber ni leer ni escribir su nombre, Miguel, por ejemplo, pero sí sabía que era el del capitán de los Arcángeles y que derrotó a los demonios con el grito "¿Quién como Dios?" y que se le quedó ese nombre, como avisando. Un oficinista de Londres que se llame Miguel puede muy bien leer su nombre y hasta escribirlo, pero si no sabe qué significa ni por qué, ¿quién es más sabio, eh?

O sea, que yo soy chestertoniano hasta preventivamente, y profe hasta inconscientemente. Ahí les daba la clase sobre su nombre a todo el que se me pusiera a tiro. Ahora entiendo mejor a los agradecidos (antes entendía igual a los de la risita) e incluso comprendo esos cartelitos que venden por ahí con un significado diz que etimológico de los nombres, que algo es algo y algunos tienen gracia y son verdad, aunque no toda.

Así que me he venido arriba y me voy a permitir dar un consejo. Hay que poner a los hijos nombres que tengan cuanta más historia y significado por detrás mejor. En la etimología y en la mitología y en el santoral y también en la tradición familiar. Porque cuando crezcan se les podrá ofrecer una buena porción de historias y, sobre todo, de sentido, que son cosas de las que los adolescentes adolecen, como su propio nombre indica. El nombre propio puede remediarlo un poco y muy bien.

[Pido a los generosos lectores de RyT que no compartan esta entrada en las redes sociales. Mientras escribía esta nota de lectura de Impresiones irlandesas, me di cuenta de que podría servir de artículo para el periódico y ya me lo iba a llevar a la otra carpeta cuando me dije: "¡Ya está bien de robarle a RyT!". Pero como lo aprovecharé para cumplir con el Diario un día de éstos, dejémoslo aquí, entre nosotros, sin darle aire, que aire es lo que me puede hacer falta a mí cualquier día de éstos.]

domingo, 9 de julio de 2017

Corolario


Toda mi desdén por el perfeccionismo, amor a la confesión,  orgullo de la humildad, la errata es bella, el método de ensayo y error, y admiración por este aforismo de Neuman:"La corrección es el segundo turno del talento", todo, ha terminado en un corolario en la coronilla. Vamos en coche y me lamento:

-- Me he confundido.

Carmen, desde el asiento de atrás, con voz de resignación, concluye:

-- Normal.

Y como estallo en una carcajada, añade:

--Y encima estás muy loco.


sábado, 8 de julio de 2017

Elogio


Ayer una señora me contó que compra el periódico todos los días para leer mi artículo, ver los chistes, hacer los pasatiempos y ya está. Me pareció precioso.


viernes, 7 de julio de 2017

Compensación


En la avenida adelanto a un mercedes deportivo, muy fino, estilizado, elegante. Cuando paso por al lado, miro con curiosidad al afortunado conductor. Es un señor bastante gordo. Siento que hay una compensación y que el mundo está bien hecho o, al menos, equilibrado.


jueves, 6 de julio de 2017

Continuación


Después de lo de ayer, cuando pregunto, tras el postre, por el chocolate y me dice: "Ay, se me ha olvidado comprarlo", me asaltan las sospechas.


Correcto no es bien


No sé si hoy disfrutaré del corrector de estilo que suele visitar mis artículos en busca de anglicismos, galicismos, neologismos, gaditanismos, coloquialismos y etceterismos. He perpetrado "un culo de saco" por "callejón sin salida", pero quién se resiste a la tentación de tan expresivas connotaciones, casi bíblicas. 

Escribir bien no es hacerlo correcto, sino mejor. Poner el lenguaje a su máxima potencia, aunque eso implique algún derrape en las curvas. Ya con el artículo mandado, me encontré este sagaz "asaz" de Borges, maravilloso arcaísmo. Habla de la obscenidad y dice: "Constituyen una especie menor, pero asaz molesta, del terrorismo". Sopesen: advierte que la pornografía es terrorismo, como el intrépido Pier Paolo, pero sabedor de que puede mancharse de sangre e injusticia, incluye la "especie menor" (con una resonancia animal, por cierto), pero vuelve sobre esa rebaja, remitiéndose al undécimo mandamiento ("No molestar"), tan importante para un caballero, y le da una nota anacrónica, como pidiendo excusas por ser tan señor. Ya nadie puede molestarse, precisamente, por la comparación con el terrorismo, pero ahí queda, donde tiene que estar. Es un maestro.




miércoles, 5 de julio de 2017

Ésa es la cuestión


En la compra, Leonor ha traído un bote de mi desodorante. Se me había acabado, en efecto. Y ahí está el flamante bote en mi lado del cuarto de baño. Mi duda es si Leonor se había dado cuenta o se había dado cuenta. Ésa es la cuestión. En el primer caso, sería un ama de casa atentísima. En el segundo, una esposa delicada hasta extremos japoneses. Voy a apuntarme a la delicadeza oriental y no le voy a pedir explicaciones.

--Me has comprado el desodorante. ¡Muchas gracias!

--De nada.


jueves, 29 de junio de 2017

Vía purgativa


Me preocupaba ver a Carmen menos rezadora que Quique. Pero en la misa conmemorativa de San Josemaría Escrivá de Balaguer tuve el consuelo de comprender que son espiritualidades distintas. Quique se hace preguntas teológicas muy profundas y le inquieta el más allá. Sueña con el día de su Primera Comunión. Carmen, no. Pero al verme en la cola de confesar me preguntó qué hacía. "Esperar para contarle al sacerdote las cosas que he hecho mal y que me ponga una penitencia y que Dios me perdone". No dijo, como habría hecho una modernita, que yo no hago nada mal. Se le iluminó la mirada. "Quiero confesarme". Y cogió una perra tremenda con su deseo de confesar. Yo estaba enternecido y orgulloso porque veía mi herencia psicológica y admiraba la vía purgativa, que es, por lo visto, la de Carmen. Me costó Dios y ayuda (literalmente) convencerla de que había que esperar aún un poco. Pero ahora está deseando que llegue el día de su primera confesión. Quique, más en la vía iluminativa, como su madre, me preguntó: "Y si yo no he hecho nada mal, ¿de qué me confieso?" Es un alma pura.


lunes, 26 de junio de 2017

Felicitas Casillo (poemas al padre)


La joven poeta Felicitas Casillo (Bahía Blanca, 1986) ha publicado El gran enero. Un gran libro. Enseguida di con un poema para mi carpeta retroactiva de Poemas al padre. 


ZAPATOS 

 Para trabajar en el jardín 
me calzo unos gruesos zapatos de montaña 
que fueron de papá. 
Después volveré a las pantallas que nos absorben. 
Pero mis pasos sonarán con su andar regio, 
sobre la tierra y las hojas, 
bajo un sol que nace de lo alto.

Y estaba como un niño con zapatos nuevos. Antes ya había leído un poema que podría ser a un padre, pero lo imagino mucho más a una madre, no sé bien por qué:


ACENTO 

 Tenía en la memoria de la voz 
otro relieve. 

 Dentro de la boca, los Alpes 
le impedían modular la pampa. 

 El nombre de sus hijos 
fue una cartografía entre dos lenguas. 



Llegando ya al final, otro poema que me gustó aún más, si cabe:


CANTO TODAVÍA SOBRE EL BOTE 

Tengo nueve años y otra vez es verano. 
Con el mentón sobre el costado del bote, 
acaricio el agua. 
Mi mano no le quitaría el sueño a un pájaro. 
Abajo, vértigo de terciopelo. 
Un rayo de sol despierta limones 
entre los troncos del lecho. 

 ¿Qué barco hundimos en este pozo? 
¿Qué cofre olvidamos bajo la lápida de este lago? 
Pero esto lo pensaré recién cuando pasen los años 
y me esfuerce por escribir un tesoro. 

 Ahora canto todavía sobre el bote 
una canción que aprendí en el colegio. 
La caña de papá se arquea 
como una ceja, una risa, una ola, 
y una aleta corta la superficie azul.


 De algo no cabía duda: he mordido el anzuelo de esta poeta. 



domingo, 25 de junio de 2017

Hierro


Carmen y Quique juegan a ser mamá y papá. Se han puesto nuestros zapatos y van arrastrando los pies por la casa imitándonos. Me encuentro a Quique tumbado en el chester con un libro entre las manos y con mi cadena con el escapulario y la cruz sobre el polo. "Soy tú", me explica. 

"Ser yo es muy duro: no compensa", me sincero. "Tienes que escribir un artículo, que preparar una presentación que está levantando muchas expectativas, que pagar los impuestos y, a la vez, el IBI, que educaros a todas horas --baja los pies del sofá, tú, por cierto--. Está la angustia del trabajo: los horarios del año que viene que ahora hay que preparar. El descenso de la natalidad, que caerá sobre vuestros hombros en el futuro. Mis dudas, con la ola de calor, de si no habré sido muy frívolo con el calentamiento global. La cuestión catalanista, que a ti te da todavía igual, pero que yo sufro. La mala conciencia del algarrobo que corté. La medrosa esperanza de que vuelva a crecer. Las meteduras de pata. Los compromisos. El dolor de cabeza..."

Y cuando creo que va a ponerse a llorar, se echa a reír. 

Su risa le quita mucho hierro a la cosa. 

Le doy las gracias y no le pido la cadena de vuelta. La lleva muy bien.




sábado, 24 de junio de 2017

No cansa


Si hay algo que no es verdad en el último libro de aforismos de José Luis García Martín es el título: Todo lo que se prodiga cansa. Es verdad que él a veces se prodiga y establece una especie de tertulia distendida: baja la tensión literaria, para no ser permanentemente ingenioso; otras, juega al microcuento; otras, a epatar; pero cansar, nunca cansa. El barbero de Sevilla os ha escogido estos aforismos:


En las páginas en blanco nunca hay erratas.
*
La vida no es un cuento de hadas dicen los que saben poco de los cuentos de hadas y menos aún de la vida.
*
POESíA: Antídoto contra palabras muertas, dúo de poeta y lector, prosa que canta, pensamiento que danza, cosa de niños, fugaz eternidad, puente sobre aguas turbulentas, soledades juntas, lo que el lenguaje calla, el tiempo entre las manos, el silencio que sigue a la palabra, lo que el poeta encuentra en el lector, lo que queda después de haber vivido.
*
Hasta que no los retoca la memoria los poemas están a medio hacer.
 
La diferencia entre un buen poeta y un mal poeta no está al alcance de todos los críticos, pero sí de la mayoría de los lectores.
 
No decepciones a quien te detesta.
 
Una mala persona puede ser cualquier cosa, salvo buena persona.
 
La dificultad para escribir es una de las más claras señales del verdadero escritor. [Se repite en la pág. 61  y en la 152, pero es que escribir es difícil y un hallazgo cuesta tanto...)
 
Aprender a escribir es casi tan difícil como aprender a leer.
 
Tres amores equivalen a un incendio.
 
En una cabeza vacía no cabe ni la más pequeña idea.
 
Lo que no se tiene también puede perderse.
*
Me gusta cumplir las promesas que no he hecho.
*
Si nadie te detesta, no eres nadie.
*
El premio Nobel no es más que un premio Planeta planetario.
*
A los espejos les gusta Narciso.
 
La poesía ilumina, pero quemando.
*
No me gustan las historias que acaban bien porque acaban. 



viernes, 23 de junio de 2017

No es nada y otras maravillas


Antes contaba viajes a Madrid, ahora a Sevilla. Acabaré como Xavier de Maistre, con suerte.

¡Y la que tuve! Había ido al médico y oí las palabras más hermosas del mundo (para un hipocondríaco): "No es nada". Observen la plenitud a la que aboca la doble negación.

Más suerte aún: como la mayoría de la tarde-noche la pasé con Ángel Ruiz y con Ignacio Trujillo, ellos la contarán más y mejor.

Antes del médico, fui a misa a la Magdalena. Antonio Machado dijo que el golpe que hace un ataúd sobre la tierra es algo perfectamente serio. Estoy de acuerdo. En cambio, el ruido en la Magdalena era el clac-clac que hacía la tapa de mármol blasonado de una tumba mal encajada. El primero que la pisó, dio un respingo. El segundo, otro. No me extraña. Supongo que al difunto, ya hecho a todo desde el siglo XVII, le dará igual, pero yo sugeriría recogerla con un poquito de cemento.

Más tarde, ya con Ignacio y Ángel, vislumbré una teoría del conservadurismo. ¿No tendría que habernos influido más a los españoles nuestra vieja costumbre de conservar el patio de las abluciones de la mezquita (¡maravilloso el del Salvador!) o el minarete almohade, que luego se remata con la Giralda, nada menos, o el palacio de Carlos V en la Alhambra o la mezquita de Córdoba?

Del majestuoso paso de plata de El Salvador donde habían situado una maravillosa custodia, yo fotografié la pequeña figura de un caballero coronado, entre tantas. No tengo remedio:



La lectura de Alfredo Félix-Díaz, a la que fuimos sin prisa y sin más que algunas pausas puntuales, estuvo extraordinaria. Y aunque volví a llegar tarde, está vez ni tuve que salir pronto ni tropecé con el columpio


La cena fue estupenda, como la noche, y esperemos que mis amigos nos la cuenten. Por si acaso se les olvida un detalle, lo recojo. Fuimos a tomarnos una copa a una terraza con una vista de la Giralda que mareaba. Tendrían que haber llamado a la terraza "Síndrome de Stendhal". Vino a atendernos, precisamente, una camarera con las piernas muy largas, la falda muy corta y el trajecito calado por la espalda. Impresionaba. Pero de Sabina tenía sólo la fachada, como se verá. Le dije que me quedaba una hora y media de coche y que no me venía bien seguir tomando alcohol. Repasó las (escasas) posibilidades que ofrecía la carta y, de pronto, me ofreció un café frío en una copa de cóctel, con una naranja cortada. "Yo lo tomo siempre por las noches para aguantar", nos confesó. Me estaba, pues, ofreciendo su secreto. Cuando me lo trajo, dijo "Esto en mi casa se llama un "engañabobos"". Porque parecía una bebida sofisticada y bien alcohólica, pero no, y supongo que a ella le divertirá poner cara de mujer fatal, con la bebida a juego con sus ojos y con su traje negro, pero sin ceder ni un ápice a los peligros de beber en su trabajo. La mención a su casa fue enternecedora. Volvió luego a preguntarme qué me parecía, y le alegró que me encantase. Y ya no volvió más [lo digo por si Leonor lee esto], pero la vi cuando nos íbamos con una chaqueta vaquera sobre los hombros, y se reafirmó mi idea de que era una estupenda chica de su casa.

El cóctel engañabobos engañó a la perfección al sueño y al cansancio. La autopista parecía cuesta abajo. No veía a la luna, pero sabía que me acompañaba, tan alta como siempre, tan en vela: 

La luna nueva, 
un cóctel de café 
engañabobos.







miércoles, 21 de junio de 2017

Rompimiento


Me he hecho el firme propósito de no echarle la culpa de nada [de la que no lo tenga] a la jefatura de estudios, que se me había convertido en la coartada universal. Tampoco la culparé a partir de ahora de la falta de continuidad de este blogg. 

Que enfrenta sus propios problemas interiores, como yo. En su caso, el de la repetición. Ayer vi al Rey, desde mi posición esquinada de caballo o peón, pero eso es de columna de opinión, y también vi a dos pájaros carpinteros, y eso sería de Rayos y truenos, porque tuvo mucho de rompimiento de gloria. Y porque se puede poner una foto:



El problema es que, foto aparte, la historia se parece a la que ya he contando mil veces. 

Me quedé un rato más en el IES para mandar mi artículo (supra) y salí tarde. A medio camino, me entró la duda de si había apagado o no el aire acondicionado del despacho. Como iba a la fresca del aire acondicionado del coche, no me costó casi nada volverme. Fue entonces, en el IES, cuando descubrí [que sí había apagado el aire acondicionado y] a dos pollos crecidos de pájaros carpinteros. El de la foto, que no es mía, podría ser su padre. Me hizo gran ilusión, porque los había oído muchas veces, pero visto ninguna. Como el calor que hacía era aplastante, estaban muy quietos y posados y yo los veía desde el coche muy cerca y muy tranquilo, aunque sin bajar la ventanilla. Tenían tanto calor que parecía que su cresta roja era que les había salido ardiendo el cerebro. Ahora pienso que si llego a abrir la ventanilla lo mismo se me meten al abrigo (ejem) del aire acondicionado del coche. 

Lo que he contado mil veces ya es lo maravillosa que es la vida. Uno se da la vuelta como un idiota en un día duro y se encuentra el regalo de unos pájaros bellísimos sólo para él. Pero ¿cómo resolver el problema diarístico de la repetición? Los pájaros carpinteros no se calentarían la cabeza: martillearían siempre con lo mismo.


sábado, 17 de junio de 2017

Celebración


Se nos amontonan las celebraciones. El toro de Osborne hoy y ayer los 150 años del Diario de Cádiz. Un curiosidad gaditana: Osborne es la segunda empresa más antigua de España y el Diario de Cádiz el segundo periódico más antiguo de España. A mí lo de ser el primero me parece un poco ostentoso, así que más elegancia no cabe.

Aunque yo venía a hablar de mí. La anécdota me quedó un poco apretada, porque me pedían un breve artículo conmemorativo, y por eso no resisto la tentación de subrayarla aquí. Igual que al nacer en Murcia, mi primer viaje fue de vuelta, un viaje reaccionario, como quien dice; yo publiqué en el Diario antes de escribir nada. Mi vocación de columnista, que sentí en la boca del estómago durante todo aquel episodio y especialmente al leerme publicado, nació por reacción. Fue en ese instante. Lo sentí claro y no lo he olvidado.

Y otra cosa que no cupo en el artículo. El concejal de juventud contra el que estaba escrito aquel escrito, comentó en la prensa: "Qué joven más viejuno". Y, al menos estilísticamente, tenía más razón que un santo. De modo que en mi experiencia inaugural con el periodismo de opinión aprendí que la crítica a menudo tiene muchísima razón y da con la verdad. Tampoco lo he olvidado.




viernes, 16 de junio de 2017

La fuerza de la sangre


Carmen sigue usando "dignifica" por "significa", y eso, para un padre que siempre ha tratado de escribir palabras claras y combativas, resulta una alegría y una exigencia.

*

Le pregunto a Quique que a qué ha jugado en el recreo y con quién. "Con nadie, me he sentado solo, tranquilito". Y cómo podría parecerme mal a mí, precisamente.

*

Les pregunto si no se dan cuenta de lo duro que es educarles, con tan escaso rendimiento. Me lo conceden: "Es duro. Es demasiada crítica".




jueves, 15 de junio de 2017

Rafael Benítez Toledano


Hoy presento a Rafael Benítez Toledano y están todos ustedes invitados:




Y para los que estén lejos, corto y pego tres poemas. El primero, por su maravilloso encabalgamiento del verso 3, que habría satisfecho a Josep Pla y a Gabriel Miró juntos; y por el verso final, inesperado y grandioso: 




El segundo retrata muy bien la estrechez de la vida provinciana, rematada en un vino que termina en tiza.


Y la última soleá es tan graciosa como desgarradora, y viceversa: 





miércoles, 14 de junio de 2017

El horror


Presumo que soy yo el que anima la conversación de las cenas familiares, y Leonor me lo reconoce. Pero está fuera, y en la cena de ayer estaba completamente desinflado, mohíno. Los niños preguntaban: "¿Cuándo llega mamá?".

*

Me puse a recoger pétalos del jardín con Carmen para la celebración del Corpus Christi en el colegio. Por más que recogíamos no lográbamos llenar la cesta. "Enseguida se quedan pochos". Pocos y pochos.



Normalmente es su madre quien se sienta con ellos a ver la tele por la noche un rato, mientras yo escribo el artículo. Esta vez, tras el horror de la cena y las flores, les puse Anne con E y me recliné en el sofá. La serie no les gustaba y a mí me estaba encantando, de modo que había una disonancia más. Echados sobre mí me hacían unas desagradables cosquillas y yo les decía, malhumorado a mi pesar: "Estaos quietos. Molestar es lo último".



Esta mañana no había escrito el artículo de anoche y estaba enfrascado. Cuando han venido a darme el beso de buenos días, les he dicho: "Vale, vale", con cierto nerviosismo.

*

Se han ido a ver dibujitos animados en la tele. De pronto he oído: "Tú vestirás de rosa y lucharás contra el patriarcado". Mi cargo de conciencia por tenerlos viendo la tele ha sido insoportable.

*

Parece que seré jefe de estudios otro curso más.


lunes, 12 de junio de 2017

Agente doble


Vale, por fin admito que se escribe por una vida frustrante, como me habéis dicho tantas veces; pero, ojo, vista desde la espalda. Quiero decir, que no escribo desde la frustración, eso nunca, pero sí, agente doble, para que, cuando esté frustrado o agobiado por enormes minucias, como lo estoy con frecuencia, haya alguien salvándome al leerme, dándole otro sentido al tiempo que mato y me mata.

Hoy mismo: en una reunión muy larga y poco resolutiva, mirando de reojo mi móvil, me he encontrado con que Juan Marqués había dado con un yo mejor. Qué descanso. Pude volver a la reunión con una meticulosa atención alienante y con un ímprobo esfuerzo que me vaciaba. Perdí el miedo a la aniquilación. Alguien velaba por mí.




domingo, 11 de junio de 2017

Reloj sincronizado (Daniel Cotta)


No podía ir a la presentación del poemario Como si nada de Daniel Cotta, porque me tocaba quedarme con mis niños, pero sincronicé nuestros relojes y a la hora exacta de la presentación abrí su libro y me puse a leer al borde de una piscina infantil.



Es gozoso, hímnico. Descubrí que hay una poesía que me dispensa a cada verso de tener que escribir. Otras, me gustan igual, pero no me producen ese efecto tan benéfico y efervescente. Otras, incluso, al contrario: me empujan a (tratar de) escribir. Como lo acabo de descubrir no lo he pensado todavía mucho en esta sistematización, pero sé que Como si nada de Daniel Cotta es de la primera categoría, sin duda.
 ARRIBA

El santo sonriente de granito, 
allá en la aguja gótica, 
desborda su sonrisa. ¿Para quién? 
¿Qué anónimo cincel te hizo ese gozo? 
¿Quién te hizo esa paz 
que nadie miraría 
salvo las aves, 
y quizá una nube? 
¡Qué tenuemente eres, 
jilguero gris que eternamente canta 
allá en la aguja gótica 
por la que el son enhebra su aurora cotidiana! 

Ahora copiaré algunos fragmentos:

[Tras cruzarse con una música en la calle y dejarla atrás] "algo en mi corazón sigue sonando".

[En un río…]
Él me da su fluir; yo, mi quedarme. 
Yo le doy mis pupilas; él, su risa. 
Ahora el río aprenderá a no irse; 
y yo, a cambio, 
ahora seré otro y seré otro y seré otro. 

[doblando una sábana con su mujer, “qué nieve hecha rectángulos”] "El último doblez lo haré en tus labios". Qué bien.

Y dos poemas enteros, uno sin título y el otro con título prestigioso:

¡Qué chica es la mañana que penetra 
por la rendija rota! 
Y con todo, 
es tan mañana o más 
que la que ahora 
despunta en los satélites de Júpiter.

 ARS LONGA, VITA BREVIS

 En aquel pueblo que se ve a lo lejos 
 está el austero santuario gótico 
que no visitaré. 
Tras esas sierras, 
nace una fuente de la roca viva   
que nunca beberé. 
No sé en qué libro 
duerme el poema memorable y único 
en el que nunca llegaré a quemarme. 
Y dentro del silencio, 
me espera una sonata irrepetible 
que nunca me hablará. 
Y mientras, el otoño 
me va amarilleando, 

 hoja en el bosque inmenso de este mundo.

Pero esta mañana tan de verano yo he burlado al otoño. Se me escapaba una lectura de poemas estupenda, y la hice. No estaba, pero estuve. Quería haber ido, y vino.



sábado, 10 de junio de 2017

José Jiménez Lozano. Entrevisto


Con lo que me gustan mis viajes a mi Madrid y contarlos, éste ha sido tan rápido, que no ha parecido viaje. Estaba en el IES, en Puerto Real y, de pronto, en la UFV de Madrid, haciéndole una entrevista a don José, y, de golpe, otra vez en el IES. 

En la entrevista, sin embargo, el tiempo se remansó. Yo, entre pregunta y pregunta, cogía apuntes, que Jiménez Lozano pensaba que eran todavía más preguntas que se me iban ocurriendo sobre la marcha y me miraba por el rabillo del ojo con terror. Por eso, no tomé tantas notas. Y ahora me arrepiento.

Dijo que el escritor no sólo ha de respetar el derecho al honor de las personas reales que te puedan poner una demanda. También el honor humano. 

Simone Weil le dijo a Trotsky -y casi lo mata de un soponcio- que no hay clases sociales. Tenía razón.

Robert Frost explicaba así la diferencia entre los poemas corrientes y los verdaderos: la misma que hay entre un árbol municipal, plantado en un alcorque por un excelentísimo ayuntamiento, y el ejemplar que uno se encuentra paseando por el campo, esponjado, luminoso, poderoso y paradójicamente libre. [Los adjetivos son míos, eh, la idea es de Frost.]

También contó don José que Horacio decía (¡y yo no lo sabía o, mucho peor aún, lo había olvidado!) que había que desconfiar del buen gusto de aquel al que le presentan un vino en una copa de oro y en otra de plata, y escoge la de oro, cuando la de plata hace su papel estupendamente. [Tengo el presentimiento de que Shakespeare bebió directamente del vaso de plata de Horacio para su escena de Portia y los tres cofres.]

Comentamos la sorpresa de San Bernardo, que iba huyendo de la belleza y se dio con otra belleza aún más limpia y trasparente. Don José dijo: "La columna desnuda". Y nos estremecimos todos de pura belleza cuando la trazó con la mano en el aire.

Nos regaló la receta de su literatura. Así, como quien no quiere la cosa. Y advirtió que era muy eficaz. Guarda todo lo que escribe en un cajón, como también aconsejaba Horacio y, al cabo de los años, lo saca. Lee. Si le parece suyo, lo tira, porque, si es suyo, lo puede hacer de nuevo. Sólo si le asombra y se le antoja fuera de su alcance, lo publica.

Citó varias veces la idea de Carlos Marx de que el progresista es "el idiota del calendario", por las esperanzas puestas en el simple pasar de las hojas del taco. Para que no pareciese que no tenía piedad, en un momento dado, don José nos reconoció que él mismo había sido un tiempo progresista, esto es, del calendario.

D. Ramón Carande era un maestro de la economía y recomendaba no leer tratados económicos, sino tener dos cajones. En uno, el metálico. En otro, los papeles para pedir un préstamo. Éste hay que cerrarlo con llave y dársela a una vecina para que la pierda. [Quizá yo no habría traído aquí este apunte, pero es que hace diez minutos me acaban de llamar de un banco para ofrecerme un préstamo en unas condiciones muy ventajosas y tal.]

Ahora voy y no entiendo mi letra. ¡Lo que me habré perdido, ay, por culpa de no cuidar la caligrafía!



Para ayudarme a entender mi letra, Victoria Hernández, que estuvo me apunta que entre Marx y el pensador honesto (que hay un abismo) ella anotó que hablamos de que (el robo de la muerte quita dignidad a la vida); y de que la esperanza es como una niña pequeña a la que hay que reñir cuando se ensucia, pero que crece y crece en belleza (y no anoté el dueño de la cita). . No encaja con mis garabatos, pero qué bien está y aquí lo copio. 

La postura del pensador honesto, nos advirtió: "Neutralidad, no; objetividad, sí, que es lealtad a los hechos".

Contó que tiene mucho interés en no poner nada en sus libros que él haya experimentado. Hasta esos extremos lleva sus prevenciones contra la intromisión del yo. Yo llevaba un mes preparando la entrevista y leyendo cosas suyas. Con esto me sorprendió de veras. Quedé pasmado.

Tan pasmado que olvidé apuntar quién decía que "Cualquiera que decide que va a escribir un poema, no escribe "un poema"".

Hasta qué punto la poesía es patrimonio de todo hablante sensible por muy iletrado que sea. JJL recordaba de su infancia cómo una chica que trabajaba en su casa llamó a otra, con la que se llevaba muy mal y que era renegrida, "blanca flor de chimenea". Un gongorismo  malicioso y exquisito.

Qué bien glosó, con cuánto gozo y admiración por los dos cabos, las diferencias entre católicos y protestantes. Nosotros tan carnales y disfrutones; ellos tan severos y dignos. Puso el ejemplo de los dos baños de Betsabé, el de Rubens (una diosa) y el de Rembrandt (una mujer, con su marca de la liga y todo). Entre las preguntas que llevaba preparadas y no pude hacer, había una sobre su fascinación de católico por la cultura protestante o por un rigorismo extremo. Ya no hizo falta. No quiere dejar de admirar nada verdadero y bueno.







Asunto que le llevó a recordar, entre otras cosas del vivir, del comer y del beber, a Werner Heisenberg. Tenía el físico un principio de certidumbre: el hombre que ha olvidado las tortillitas de su madre ya no tiene remedio. Mientras queda esa fidelidad a las raíces y al placer, todo puede salvarse.